Las familias rompen la hucha

La menor preocupación sobre la economía y los bajos sueldos reducen la tasa de ahorro de los hogares a niveles precrisis; el mayor gasto privado permite sostener el ritmo de crecimiento


Redacción / La Voz

Según las cuentas que dibuja el Instituto Nacional de Estadística, los hogares españoles gastaron, en el primer trimestre del año, 5.573 millones más de lo que ingresaron. El desfase, que multiplica casi por siete el registrado entre enero y marzo del 2016, demuestra que el ahorro ya no es una prioridad en la contabilidad doméstica. Con los nubarrones desapareciendo del horizonte económico, las familias se han vuelto a lanzar a gastar.

En el último año, los españoles solo han guardado el 7 % de su renta para cubrirse ante futuros imprevistos. La tasa de ahorro cae así a niveles precrisis (en el 2007 estaba incluso tres décimas por encima). Nada que ver con lo que ocurrió en los años más duros de la crisis, en los que la proporción de los ingresos que se metían en la hucha llegó a rozar el 14 %, casi el doble que en la actualidad.

Claro que si entonces los altos tipos de interés que ofrecían los bancos por los depósitos estimulaban a los ahorradores, ya de por sí concernidos por el riesgo de perder el empleo, en el actual escenario financiero no existen esos incentivos. Al contrario, no son pocas las familias que se deciden a invertir (es decir, a consumir sus reservas) para buscar algo de rentabilidad al dinero que tenían guardado, por ejemplo comprando una vivienda para alquilar.

«Los hogares, que disponen de más ingresos, se han animado a invertir en vivienda aprovechando el abaratamiento del crédito», apunta Funcas en uno de sus últimos estudios, en el que constata que la mayor alegría de las familias en el gasto ha sido providencial para mantener el ritmo de crecimiento de la economía española, frente a todas las previsiones que, hasta hace unos meses, apuntaban a un repunte del PIB sensiblemente menor durante este año. «La desaceleración de la demanda nacional en el 2017 será menos acusada de lo inicialmente previsto, y su aportación al crecimiento del PIB será de 2,5 puntos porcentuales. Esta revisión se debe al impacto de la mayor creación de empleo sobre la renta disponible de los hogares y la reducción de la tasa de ahorro», explica el informe.

Los riesgos

Claro que no todo son ventajas. Como contrapartida, ese mayor apetito inversor hace que los hogares ya no tengan como prioridad la reducción de su deuda, como ocurría en los años de la crisis, en los que el ahorro se solía dedicar a amortizar la hipoteca. Ahora, con un euríbor en mínimos que ha rebajado la cuota del préstamo por la menor carga de intereses, ya no existen incentivos para seguir con el proceso de desapalancamiento, por lo que Funcas estima que la tasa de endeudamiento familiar no se reducirá sustancialmente en los próximos años. En el 2018, los pasivos de los hogares representarían todavía el 96,6 % de su renta bruta disponible.

Además, el impulso del ahorro en la demanda no durará para siempre. De hecho, desde el servicio de estudios de BBVA ya advierten en su último informe de perspectivas de una desaceleración durante los próximos meses: «Factores como el agotamiento de la demanda embalsada durante la crisis, el menor impacto de algunos vientos de cola (precio del petróleo, tipos de interés, impulso fiscal) o una tasa de ahorro de las familias en niveles bajos apuntan a que el avance de la demanda interna podría ser algo menos dinámico durante los siguientes meses».

Por eso, no faltan las voces que insisten en la necesidad de que los sueldos empiecen a subir con más brío, para sostener el consumo sin necesidad de tirar de unas reservas que, si la renta de las familias no mejora, se irán consumiendo inexorablemente.

57.295 millones en Galicia

En Galicia, según los últimos datos del Banco de España, hogares y empresas acumulaban a finales de marzo cerca de 57.295 millones de euros en depósitos. Una cifra que sigue cerca del récord histórico marcado en septiembre del año pasado, cuando el ahorro privado en la comunidad rozó los 58.000 millones. Y sigue muy por encima del volumen de crédito facilitado por las entidades financieras, que se situó por debajo de los 40.000 millones por primera vez desde el año 2005.

El principal cambio de tendencia se nota en los vehículos elegidos para canalizar ese ahorro, ya que la falta de rentabilidad ha movido el dinero desde los depósitos a plazo (donde tradicionalmente se invertía el grueso de esas reservas) hacia productos de ahorro o incluso cuentas corrientes, que a veces ofrecen incluso más rentabilidad que los depósitos por las ofertas lanzadas para captar y fidelizar clientes.

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