¿Quieres trabajadores más productivos? Hazlos felices

El cuidado del capital humano cobra cada vez más importancia en las compañías gallegas Entornos agradables o flexibilidad horaria ya no son solo «privilegios» de grandes empresas

¿Es posible ser feliz en el trabajo? Google y sus oficinas con hamacas, espacios verdes o comida gratis es siempre la referencia. Pero esta filosofía de trabajo que cuida de su plantilla tiene mucho más fondo que los espacios coloristas. Los trabajadores felices son más productivos.

Piscinas, hamacas, gimnasio, mesas de ping-pong, lavandería o comida gratis. Estos son solo algunos de los servicios que pone a disposición de sus trabajadores el buscador de los buscadores. Sí, es Google. Durante más de una década, el gigante de Internet, con sede central en Mountain View, es la mejor empresa del mundo en la que uno puede trabajar. Pero Google no tiene solo servicios a disposición de sus trabajadores, también una envidiable flexibilidad, total libertad horaria, medidas de conciliación y altos salarios. Una interminable lista de iniciativas con un solo objetivo: una plantilla comprometida y motivada que les ha hecho alcanzar un estratosférico nivel de productividad.

En España, el rendimiento es precisamente una de las asignaturas pendientes. Más bien, la falta de ella. Es habitual que los organismos internacionales lancen sus advertencias. El último, el FMI: el crecimiento de la productividad española sigue siendo débil. «Se trata de un factor que tiene que ver, entre otras cosas, con el tipo de contratación y los salarios.», asegura Obdulia Taboadela, doctora en Sociología de la UDC, que añade, «no es posible la felicidad en el trabajo sin seguridad».

Google parece haber dado con la fórmula mágica: cuida de su capital humano, su plantilla está motivada y se nota en la cuenta de resultados. ¿Pero todo esto es medible? «Un trabajador que se siente a gusto es más productivo, vende más y lo comparte con el mundo», mantiene Belén Varela, profesora de Relaciones Laborales y experta en gestión del optimismo.

«Las empresas con trabajadores felices tienen ventas un 37 % más altas», así lo dice Harvard Business Review. Para iOpener Institute-Oxford, con esta filosofía empresarial, las compañías consiguen que la vinculación de una plantilla se multiplique por dos. ¿Pero existe este tipo de gestión en Galicia?

NO SOLO LAS MULTINACIONALES

El último informe de Responsabilidad Social Empresarial de la Xunta sometió a estudio a 540 firmas. La mayoría, pequeñas y medianas empresas. Más de la mitad aseguran conocer la RSE y el 25 % dicen haber incorporado alguna medida a su dinámica, aunque no todas pueden documentarlo. El 53 % han aplicado medidas de conciliación y la iniciativa más común es la flexibilización de horarios. Pero si algo resume este estudio es un golpe de realidad: las empresas tienen una «escasa percepción» de que todo esto sea rentable. «Muchas pequeñas compañías de nuestro país llevan haciendo esto mucho tiempo. Es posible que sin tanta publicidad. Si tienes presente que los recursos humanos son la parte central de tu empresa, resulta muy sencillo mejorar el entorno de trabajo», asegura Taboadela. «Los empresarios son cada vez más conscientes de la importancia del talento. Los espacios coloristas, por ejemplo, son la parte estética de una filosofía de gestión mucho más profunda y más barata: dar a las personas la máxima importancia», mantiene Belén Varela.

En Galicia hay un conocido y laureado ejemplo de esta filosofía empresarial: es el grupo de O Porriño Visual MS. Por tercer año consecutivo, figura en la lista «Best Workplaces» de la institución estadounidense Great Place to Work. De esta tecnológica subrayan las posibilidades de desarrollo personal que dan a su plantilla, el horario flexible y el teletrabajo, entre otras medidas.

En realidad todo esto no es nuevo: «A principios del siglo XX, los experimentos que realizaron en la Western Electric demostraron que la productividad aumentaba si los trabajadores desarrollaban sentimientos de pertenencia al grupo y eran tenidos en cuenta en la toma de decisiones. Nada nuevo bajo el sol, lo cual no implicar dar la bienvenida a iniciativas como las que se están poniendo en marcha en algunas empresas», insiste Obdulia Taboadela.

Según los datos de la administración gallega, en nuestra comunidad son las industrias creativas, las TIC y el turismo las que llevan la bandera del conocimiento de todas estas medidas. En el caso de las tecnológicas se trata de una circunstancia sencilla de entender. Es un sector en el que apenas hay paro y además las plantillas de algunas empresas son constantemente «tentadas» por la competencia para que cambien de filas. Es en este sentido donde florece otro de los objetivos de «hacer feliz» a un trabajador: la fidelidad y el compromiso. En esto, Google vuelve a ser ejemplo: además de todas las «facilidades» que pone a disposición de su capital humano, consigue crear en su grupo de trabajadores un enorme sentimiento de compromiso, de pertenencia. Lo hace de una forma muy sencilla: les escucha y les hace partícipes de sus decisiones, además de hacer gala en sus comunicaciones y actos públicos de que «son la mejor plantilla del mundo». Según Google, bajo su firma «trabajan las personas más inteligentes». ¿Y qué se consigue con todo esto? Que el personal se sienta parte del proyecto. Que cambiar constantemente de trabajo deje de ser apetecible. «Lo que nos hace felices es buscar la plenitud, encontrar sentido a nuestro trabajo. Es el alimento de la motivación», según Belén Varela.

En medio de esta tendencia imparable de la felicidad, hay un hombre que nada a contracorriente. El multimillonario Michael Bloomberg ha decidido luchar contra lo que ha acuñado como «síndrome de Google». No quiere una plantilla «adicta al trabajo». Bloomberg acaba de invertir 1.000 millones de dólares en un nuevo edificio. Un inmueble «anti Google»: allí no hay ni cafetería ni toda esa serie de comodidades y servicios gratuitos que ofrece el buscador. Es decir, en el mismo momento económico y empresarial, Google le pone facilidades a sus trabajadores para que se echen la siesta; Bloomberg quiere «que salgan de la oficina».

Esta filosofía de trabajo, tiene que luchar en España con una realidad cruel. La que tienen que ver con los contratos: «Hablarle de felicidad laboral a un trabajador con un contrato de días o semanas es una auténtica tomadura de pelo», señala Taboadela. España es el segundo país de la UE con la tasa de temporalidad más elevada y contra eso no hay medidas de felicidad.

«Nos suelen preguntar si trabajamos o jugamos»

Elogia es comunicación por los cuatro costados. Esta agencia de márketing digital tiene sedes en Barcelona, Madrid, Ciudad de México, pero también en Vigo. Entrar en su oficina supone encontrarse con frases en las paredes como «creamos talento» o «nos tomamos muy en serio pasarlo bien». Llama la atención la edad de su plantilla. «Es una empresa de millennials», dice Begoña Vilar, su talent manager, «y las expectativas de cada generación van evolucionando».

El cargo de Begoña significa lo que parece ya de entrada: «trabajo en conseguir el mejor talento, en el clima, en el aprendizaje y en encontrar el puesto más adaptado a cada persona».

Aquí los horarios también son flexibles y se trabaja en que el ambiente sea distendido. «Los que me rodean me preguntan si venimos a trabajar o a jugar», comenta Lorena. Y es que no es tan habitual que una oficina tenga una completa sala de ocio. «Usamos mucho el futbolín. Si te bloqueas, vienes aquí unos minutos y ayuda». La principal misión de este grupo es la creatividad: «Sabemos lo que tenemos que hacer. La empresa nos da confianza y nosotros se la devolvemos con responsabilidad».

El hecho de que prime este distendido ambiente no significa relajación. «Vigilamos y somos exigentes con los resultados. Todo esto hace que tengamos un equipo autónomo. En los resultados globales se nota», asegura la talent manager.

Tomé y Lorena apuntan además otro detalle. «Nos sentimos escuchados». Y eso tiene que ver con que, más allá de su tarea, «se les ofrecen retos y desafíos. Se implican en el trabajo de todos y eso lo notan los clientes», sentencia Begoña.

«En Oleiros Valley sabemos que la motivación funciona» 

Con Vippter llegó la revolución. Con menos de un año de vida, es la primera red social de influencers del mundo. Su plantilla la forman 50 trabajadores repartidos entre sus oficinas de Oleiros y Madrid. Su objetivo principal es la captación de VIPs, pero ellos consideran que sus personas más importantes son las que tienen en sus oficinas.

«Sin ellos, el proyecto no sería posible», apuntan Daniel y Adrián, dos de los tres responsables del proyecto. Ellos saben bien cuál es el significado de la palabra equipo. Vienen del deporte profesional. «Sabemos lo que es la motivación, trabajar juntos por objetivos. Solo contratamos a gente para la que nos gustaría trabajar».

La de Vippter es una plantilla de alta cualificación en sus diferentes perfiles, un equipo al que necesitan comprometido y con ganas de seguir en el proyecto. Ellos aseguran «rendir más». Sienten que hay confianza en su autogestión. «No estamos saturados», dicen en el departamento técnico. Y eso se consigue gracias a los horarios flexibles, a las reuniones en un ambiente de café y a que cada uno puede elegir cuando disfruta sus vacaciones. «En Oleiros Valley tenemos nuestro propio método», mantienen Daniel y Adrián, «esta filosofía de trabajo también existe aquí».

Los viernes tienen el título de «mejor día de la semana». El trabajo se para a las tres para disfrutar de los platos de Tere Ramos, la «mamá» de Vippter. Mamá y blogguer. La recetas de «Cocinando con Tere son referencia en Facebook». Su relación con el equipo es ya afectiva. Es solo una de las acciones de la filosofía del «buen rollo» que siguen. ¿Se nota en la facturación? «Indudablemente», exclaman los CEO.

«A conciliación son os fillos, pero tamén a vida persoal» 

«Cando empezamos, moi poucas persoas confiaban no éxito do noso modelo». Es la frase que más escucharon Fátima y María cuando en el 2012 arrancó la andadura de Promove. Pero si algo tenían claro es que no querían repetir experiencias que vivieron como trabajadoras por cuenta ajena. «Temos presentes as opin¡óns de todas. Acordamos todas as decisións que tomamos». Fátima dice «todas» porque el equipo de Promove está formado por cuatro mujeres. Un grupo en el que no hay jefas. Fátima y María cobran lo mismo que sus compañeras. Los beneficios se reparten.

Promove tiene oficina en Santiago, pero sus reuniones al aire libre son habituales. «Resultan máis produtivas que os encontros nunha sala de reunións». Reuniones en las que hay niños. Entre todas suman cuatro, pequeños que nacieron después de arrancar Promove. Ni Fátima ni su socia tienen hijos. «Para nós a conciliación é ante todo persoal. Cada unha reparte o seu tempo entre a vida familiar, social e o lecer». Y es que en Promove no hay horarios. Su forma de trabajar se basa en la confianza. «Ninguén sabe mellor que nós en que momento e como traballamos máis a gusto. E si, nótase na produtividade».

El ejemplo de una de sus compañeras, Raquel, no puede ser más representativo: «Mudouse por un motivo familiar a Asturias, pero segue en Promove».

Hace unos días, la Xunta les reconocía su labor de conciliación. Una vez más recogieron el premio con sus niños. Y eso que tienen una mala experiencia. Cuando les dieron el sello Empresa Familiarmente Responsable no les dejaron llevar a Nuno. La Fundación Más Familia «non foi coherente».

«Creamos un ambiente colaborativo, menos rígido» 

«Todo esto parte de la convicción de la dirección general». Así define Marta Pereiro el ambiente de trabajo que reina en Emetel y Ágata. Ambas empresas forman parte del mismo grupo. Ofrecen desde Oleiros soluciones tecnológicas: transformación digital, ciberseguridad o desarrollo de plataformas smart.

70 personas forman un equipo de perfil técnico. Uno de esos sectores donde apenas existe el paro. «Aquí no hay jefes, hay compañeros. Creamos un entorno colaborativo». Como responsable de la gestión del talento, Marta es la pieza que une a los diferentes departamentos. «Cada uno de ellos tiene un talento específico, hay que identificarlo y fidelizarlo». Para conseguir este objetivo se analizan las virtudes de cada uno y dónde encaja mejor cada compañero. También su situación personal en cada momento. «Tener empleados felices significa tener clientes identificados con nuestra marca». Y la gestión del talento no solo se pone en marcha en los momentos felices. «Aparece del mismo modo en las crisis».

En esta oficina con grandes espacios abiertos se hacen desayunos saludables los viernes, se debate sobre un tema de actualidad y se realizan actividades lejos del espacio de trabajo. «La terraza es la última novedad. «Invertir en las personas significa también crear espacios agradables». En la terraza puedes evadirte unos minutos, pero también hacer reuniones entre equipos e incluso con clientes. «Ahora mismo está muy demandada. Se crea un escenario menos rígido, más colaborativo». Y es que en este entorno está «prohibido» el concepto recursos humanos. «Fidelizar al compañero crea más ilusión, más productividad».

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