Un cambio radical para sostener el futuro

Vivir sin coche y tener menos hijos son algunas de las medidas que un reciente estudio ha planteado como solución para luchar contra las emisiones de CO2

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Trump y sus homólogos de todo el mundo no consiguen ponerse de acuerdo para poner freno al preocupante cambio climático. Después de la abrupta -y polémica- ruptura del Acuerdo de París, Estados Unidos abandonaba uno de los más inquietantes desafíos a los que se enfrenta la humanidad. Pero la lucha contra el cambio climático no es solo responsabilidad de los mandatarios.

Un reciente estudio de las universidades de Lund (Suecia) y de Columbia Británica (Canadá) ha puesto sobre la mesa algunas de las medidas más efectivas que cada uno podemos emprender desde casa para conseguir reducir las emisiones de CO2 individuales. Pero no es tan sencillo como parece. Porque los resultados ponen de manifiesto que para salvar el planeta necesitamos dar una vuelta radical a nuestra forma cotidiana de vivir.

Los resultados de estos investigadores, publicados en la revista Environmental Research Letters, han generado un gran revuelo en la comunidad científica. El blanco de las críticas se centra en el hecho de que la mayor parte de las propuestas presentadas son radicales, polémicas, peligrosas y, en algunos casos, imposibles de llevar a cabo.

«Hay cuatro acciones que podrían rebajar de forma sustancial la huella de carbono por parte de cada individuo: comer una dieta basada en los vegetales, evitar los vuelos en avión, vivir sin coche y tener familias más pequeñas», son las cuatro claves con las que Seth Wynes, investigador de la Universidad de Columbia Británica y coautor del estudio, resume todas las pesquisas conseguidas por su equipo.

El modelo familiar planteado es una de las medidas que más ampollas ha levantado. Según los datos del estudio, la recomendación de dejar de tener hijos reduce las emisiones de CO2 casi en 60 toneladas al año. Y para entenderlo, ponen un ejemplo: una familia americana que elige tener menos hijos contribuye al mismo nivel que 684 jóvenes que deciden reciclar de manera sistemática su basura el resto de su vida.

La alimentación y el transporte son los otros dos puntales sobre los que se sostiene el trabajo. Dejar de comer carne y optar por una dieta totalmente vegetariana evitaría la emisión de 0,8 toneladas de gases de efecto invernadero por persona y año; mientras que vivir sin coche particular evitaría como promedio la emisión anual de 2,4 toneladas. Hay que prescindir del coche, pero también del avión. Cada viaje que no realizamos en una de estas aeronaves reduce en 1,6 toneladas las emisiones por persona. Como el transporte es algo necesario en el mundo en el que nos movemos, los investigadores ofrecen alguna solución. Pasarse al coche eléctrico podría supondría un ahorro anual de 1,15 toneladas.

Tras estas medidas consideradas de gran impacto llegan algunas otras que ayudan pero de forma bastante más discreta. Lavar la ropa con agua fría, reciclar la basura y lavar a mano reducen el impacto entre 0,2 y 0,8 toneladas de CO2, muy lejos de las 58,6 que se consiguen teniendo menos hijos. «Las acciones que se destacan en este estudio tienen mucho más potencial para mejorar la situación que las estrategias comúnmente promovidas, como el reciclaje integral o el cambio de bombillas domésticas a las de bajo consumo», explican. De hecho, este último es uno de los procedimientos más conocidos y repetidos en los hogares de todo el mundo y sin embargo, uno de los que menos ventajas aporta en la lucha contra el cambio climático. Para hacerse una idea, acciones como esta y la del reciclaje son cuatro veces menos eficaces que la de adoptar una dieta vegetariana.

tener el mayor impacto

Los portavoces del estudio ponen el foco en la educación y en la información de la que disponen los ciudadanos. De hecho, gran parte de sus críticas se centran en que los manuales escolares de países como Canadá y los recursos gubernamentales de la Unión Europea, EE. UU. o de Australia apuestan por medidas de pequeño impacto como las de las bombillas en vez de caminar hacia una sociedad diferente y más sensata con el planeta. «Hay muchos factores que afectan el impacto climático de las elecciones personales, pero nuestro estudio identifica las acciones que marcan la diferencia. Para dar un paso adelante en el clima, es necesario saber cómo nuestras acciones pueden tener el mayor impacto posible. Esta investigación ayuda a la gente a estar bien informada para intentar tomar las mejores decisiones».

La realidad es que el cambio climático se ha convertido estos últimos años en nuestro mayor desafío y es posible que combatirlo suponga renunciar a muchas de las cosas que hasta ahora teníamos muy asumidas. Nadie dijo que fuera fácil.

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