Los motores de la economía gallega


La economía gallega lleva encadenados catorce trimestres consecutivos de crecimiento del PIB. El auge tiene su origen en unos efectos positivos de las exportaciones y de los niveles de consumo. Nos estamos aprovechando de las ventajas de disponer de unos bajos tipos de interés; de una contención de los precios de las materias primas, especialmente el petróleo; y de unos aceptables ratios de las tasas de cambio euro/dólar. Sin embargo, hay que empezar a preguntarse si se puede seguir creciendo a tasas elevadas sobre la base de la contención de los costes (incluidos los salariales) y sobre los sectores y empresas tradicionales.

Varios analistas y para otros territorios han empezado a escudriñar cuáles serían las reformas necesarias para activar y sostener los motores del crecimiento económico en el largo plazo. A mi juicio, y centrándonos en Galicia, deberíamos definir tres ejes prioritarios. El primero, radicaría en aumentar la capacidad de las empresas para que puedan adaptarse a las nuevas tecnologías de la producción e insertarse en las cadenas globales de suministros debiendo, por tanto, generar una innovación propia y singular que les permita ser más competitivas internacionalmente. En segundo lugar, disponer de una política de incentivos que garantice aumentar el tamaño de las empresas y de su período de vida útil. Se trata de facilitar su internacionalización y su desarrollo tecnológico, evitando dos efectos: que la tasa de mortalidad empresarial sea tan alta y que canalicemos los objetivos hacia el empresario autónomo incapaz de lograr una dimensión empresarial óptima y con escaso recorrido. Finalmente, en tercer lugar, desarrollar mecanismos de estrategia industrial que apoyen, de manera selectiva, las iniciativas basadas en la economía sostenible y generadoras de empleo duradero. Es decir, una nueva apuesta, sustituyendo aquellas otras que utilizando fondos de capital-riesgo institucional no hacen más que aumentar los grados de colapsos que generan algunos programas adscritos a la Agenda 4.0, impulsada desde la Xunta de Galicia.

Tanto empresarios como trabajadores; sociedad civil como políticos, debemos enfrentarnos a las reformas de cara a dotarnos de nuevas estrategias de adaptación. Las acciones a llevar a cabo tienen que ser disruptivas y abrazar sin tapujos los cambios tecnológicos. Los riesgos de no hacerlo son muy elevados. Dos ejemplos. La productividad de la economía gallega sigue estando muy por debajo de la media española (92 %); y, mucho más, en el caso de la industria manufacturera (73 %). Y el índice sintético de competitividad regional, elaborado por la Comisión Europea, sitúa a Galicia en un nivel muy alejado de la media comunitaria, (puesto 181, de las 263 regiones europeas). De ahí, el reclamo de definir con urgencia los motores económicos de Galicia.

Por Fernando González Laxe Ex presidente de la Xunta de Galicia

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