Vento, una historia de amor que funde números y leyes

La fusión de las coruñesas Asfico e Iglesias Abogados ha dado a luz una de las mayores empresas gallegas de servicios fiscales y jurídicos; la nueva firma suma una plantilla de 36 personas, el 90 % de ellos titulados universitarios


Redacción / La Voz

El mundo de la empresa ha legado al imaginario colectivo una tradición de cierta crueldad, de operaciones implacables ejecutadas por tiburones con corbata. En ocasiones, sin embargo, afloran historias que desnudan estos lugares comunes. Es el caso, por ejemplo, de la que acaban de protagonizar Asfico e Iglesias Abogados. Una historia de amor cocinada a fuego lento que acaba de materializarse con la fusión de ambas para dar vida a Vento Abogados y Asesores, una empresa de servicios jurídicos y fiscales con sede en A Coruña.

La integración ha sido de alguna forma el desenlace lógico a años de fluida colaboración, dada la complementariedad entre ambas actividades. Las dos sociedades acumulaban años de experiencia y prestigio en sus respectivos ámbitos de actuación: Asfico en asesoría fiscal e Iglesias Abogados en los servicios jurídicos. Habida cuenta de esa estrecha relación y la sintonía entre los socios de una y otra firma, hace unos meses empezaron a madurar la idea de fusionarse con el objetivo de dar un salto exponencial. «Este -explica Juan Carrera, uno de los seis socios de Vento y seguramente junto a Antonio Iglesias la figura clave de esta operación- es un proyecto que pretende transformar nuestras antiguas estructuras como despachos profesionales en una empresa de servicios jurídicos y fiscales».

En realidad, Vento es el producto de una tendencia a la que se han sumado los grandes despachos que trabajan, por ejemplo, para las compañías del Ibex 35. Esa transversalidad, la posibilidad de ofrecer en un mismo espacio físico servicios financieros y jurídicos, es una demanda creciente entre las empresas de tamaño medio y grande, un nicho de mercado al que ya se dirigían los dos protagonistas de esta fusión. «Los problemas a los que nos enfrentamos exigen una visión poliédrica; siempre es necesario que nos sentemos en una misma mesa profesionales de distintas áreas para darle al empresario una solución global», argumenta Carrera.

Lo explica con un ejemplo gráfico Antonio Iglesias: «En unas horas tenemos una reunión con un cliente del sector audiovisual que necesita asesoría fiscal, en materia civil, laboral, mercantil, de propiedad intelectual... Aquí tenemos reunidos a expertos en todas estas materias, de modo que le podremos dar una solución de gran nivel e inmediata. Eso se consigue ahora, solo por el hecho de estar en el mismo espacio físico».

Un proyecto ilusionante

Pese a llevar muchos años en el negocio, los seis socios de Vento lucen como niños con zapatos nuevos. Exudan ilusión. Un espíritu que, aseguran, se ha contagiado a toda la organización. «Yo creo que todos lo hemos percibido como una oportunidad», explica Iglesias.

Lo cierto es que Vento presenta ya a día de hoy unas cifras considerables para el sector. Una plantilla de 30 personas, además de los seis socios, con un 90 % del total con formación universitaria, y un volumen de negocio de 1,2 millones de euros, una facturación que esperan elevar alrededor del 10 % al cierre de este año. Se trata además de un proyecto con vocación pionera, por cuanto no llegan a los dedos de una mano las firmas de este nivel que operan en la comunidad y están avaladas por capital cien por cien gallego.

Los planes de la compañía pasan por focalizar sus esfuerzos a corto plazo en el mercado gallego, pero ya piensan en su implantación en otros puntos del país, toda vez «que tenemos clientes fuera de Galicia; en un plazo próximo -asegura Juan Carrera-, iremos a otras zonas geográficas de España».

Una integración que surge a partir de valores éticos y profesionales compartidos

Como en los mejores matrimonios, en la fusión de Iglesias Abogados y Asfico pesó lo suyo el hecho de compartir determinados valores. «En el ejercicio de la profesión siempre subyacen unas formas, todos compartimos unos principios de ejercicio de la profesión: transparencia, ética, rigor... Tenemos las mismas inquietudes respecto de la formación, no solo de la nuestra, sino de toda la gente que trabaja con nosotros. Los seis socios compartíamos estos principios y por eso esto funciona con armonía. Al compartir lo básico, todo sale adelante», relata Juan Carrera.

Seguramente la explicación de dos de los socios más jóvenes de Vento (amigos además desde la infancia y que propiciaron años atrás el primer contacto entre las dos empresas) arroje algo de luz para intuir el por qué del feliz desenlace. «Aquí -explica el abogado Tomás Dapena- se comparten muchas más cosas que los servicios. Eso es lo que ve el cliente, pero se comparten liderazgos comunes, sintonías personales... Todo lo difícil para que el servicio funcione. En este proceso ha habido un componente de generosidad entre todos».

En la misma línea, el economista Santi Carrera asegura que cualquiera de los dos protagonistas podía haber optado por seguir este camino en solitario -«haber contratado abogados Asfico o economistas Iglesias Abogados»-, pero la idea común era otra, era la de construir un proyecto ambicioso y que potenciase las sinergias en el servicio. «Lo que hemos conseguido -argumenta- es que dos empresas que hacían las cosas muy bien en su ámbito de actuación se unan para hacerlo con un nivel de calidad mucho más alto para el cliente».

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