La hostelería genera ya más empleo que el ladrillo en Galicia

Más de 70.000 personas trabajan hoy en hoteles, bares y restaurantes, un 50 % más que en 1999; La apuesta por la calidad y la profesionalización, los retos de futuro


Redacción / La Voz

Hace mucho tiempo que Galicia dejó de ser un secreto bien guardado. Cada año desde hace una década, del orden de entre cuatro y cinco millones de visitantes nacionales y extranjeros acuden a las tierras de Breogán para disfrutar de su tiempo libre. Al calor de esta invasión tranquila, el sector hostelero vive hoy días de vino y rosas, al extremo de que ha tomado el relevo de la construcción como uno de los grandes motores de empleo en la comunidad. Las estadísticas son elocuentes. Mientras en la última década la cifra de puestos de trabajo vinculados al ladrillo descendía a menos de la mitad (de 141.000 a 66.200 efectivos), los servicios de alojamiento y restauración mantenían una senda de crecimiento sostenida hasta la frontera de los 70.000 empleos, un 50 % más que en 1999 o un 12 % sobre el 2007, por citar un par de ejemplos.

La hostelería no ha parado de crecer (ver gráfico adjunto) en cualquiera de las variables que se toman como referencia: hoteles y pensiones, plazas de alojamiento, número de visitantes, pernoctaciones, gasto diario... Pero el sector, aún admitiendo que vive tiempos para el optimismo, está lejos de conformarse. Galicia aún tiene mucho trabajo por delante. Es más, tanto los profesionales como la Administración y los expertos coinciden en que, para explotar el codiciado margen de recorrido que tienen ante sí, existen dos retos casi innegociables y que caminan estrechamente ligados: la profesionalización y la apuesta por la calidad.

En la evolución que está experimentando esta actividad a nivel mundial existe un concepto al que la hostelería gallega puede sacar un enorme provecho si hace los deberes: es el turismo experiencial. El visitante ya no busca solo comer bien o un alojamiento singular. Quiere algo más. Lo explica con concisión Leonardo López, director del hotel Carlos I Silgar en Sanxenxo: «La gente demanda un turismo experiencial. Venir a Sanxenxo y empaparse de las Rías Baixas, de la gastronomía, de los paisajes... Es necesario que toda la gente que pertenece al sector se conciencie de esta realidad porque cuando recomiendas algo, es necesario que esté a la altura de las circunstancias», proclama.

Algo más que comida

Y parece obvio que Galicia lo tiene todo: paisajes, buena comida, vino, termalismo, faros, las rutas del Camino de Santiago... La lista es incontable. El reto, pues, habita en envolver con gusto todo este continente. «Tenemos que aprovechar este buen momento y ofrecer calidad para tener un gran futuro». El diagnóstico es de Marta Fernández, la directora del Centro Superior de Hostelería de Galicia, quien se muestra tan ambiciosa como tajante en sus planteamientos: «Galicia durante mucho tiempo se escudó un poco en la calidad del producto, pero con esto ahora no es suficiente. El turista, el cliente, quiere más», argumenta.

Ese plus al que remite Fernández genera consenso entre los agentes del sector. Y guarda una relación directa con el trato que se dispensa al visitante. «Es necesario apostar por la formación y la calidad», subraya Nava Castro, la directora de la Axencia Turismo de Galicia. Un salto en el que es preciso implicar a la hostelería de nivel medio y bajo, habida cuenta de que la alta restauración y los servicios de alojamiento de calidad ya presentan elevados estándares de profesionalización. «En el producto hostelero de algunos sitios pequeños se sigue manteniendo un modelo familiar y quizás con poca especialización; ahí sí que hay una demanda y debemos seguir trabajando», refuerza Rafael Benito, director del hotel Finisterre de A Coruña y presidente de Hospeco.

Tanto López, como Fernández, Castro y Benito reconocen al unísono que si Galicia logra elevar el nivel del servicio de toda la hostelería, aplicar una suerte de cambio transversal, el salto cualitativo será apasionante. Para ello, todos aluden a la formación. Un proceso en el que se ha avanzado notablemente gracias al trabajo de la escuela superior, los grados universitarios y los centros de FP -que han alimentado el mercado con un contingente de valiosos profesionales-, pero al que aún le queda mucho por hacer, especialmente en aquellos negocios (la mayoría de los existentes en Galicia, dicho sea de paso) que nacieron con un cierto déficit sobre las bases del oficio.

La directora de Turismo de Galicia alude al papel que está jugando en este sentido la escuela itinerante de formación, que atiende las necesidades del sector en aquellas zonas (A Mariña lucense, Costa da Morte...) con mayores dificultades para acceder a estos contenidos educativos. Marta Fernández coincide con Nava Castro al destacar los esfuerzos que se están realizando para superar estas carencias y pone la pelota en el tejado de los profesionales: «Hay un bloque muy importante del sector que tiene un déficit de formación y que al servicio no le da el valor que merece. Es algo en lo que tenemos que mejorar porque en muchas ocasiones el sector no parece tener clara esa necesidad de formación».

En lo que sí hay un consenso absoluto es en el margen de crecimiento que aún le queda al sector. El plan estratégico firmado por la Xunta y el Clúster del Turismo de Galicia, que ampara al 95 % de los profesionales y empresas, prevé llegar a los seis millones de visitantes antes del 2020, lo que supondría duplicar de facto las cifras del 2002, por ejemplo. «Si nos metemos solo en internacionalización -concluye Rafael Benito- se puede visualizar un nicho de mercado muy importante. Es evidente que falta mucho por hacer, pero sí, se puede crecer muchísimo más». Ahora solo falta seguir sumando.

«El turista busca calidad y calidez»

Rafael Benito está convencido de que Galicia debe explotar sus fortalezas con vocación de calidad. El director del hotel Finisterre, en A Coruña, y presidente de Hospeco admite que el momento dulce por el que transita el sector en la comunidad debe ser un acicate para «consolidarnos como un destino competitivo en el mapa español. Pero o nos diferenciamos por calidad o será complicado porque estamos en una esquinita del mapa a la que es complicado llegar».

Como madrileño que es, Benito sabe bien que sus conciudadanos viajan al Norte «buscando calidad y calidez. Calidez en el sentido de que voy a dejarme mimar, a recibir calidad en el alojamiento, en el producto gastronómico. Pero también calidad en el producto paisajístico, de patrimonio, museístico....» A su juicio, estas y otras fortalezas como el enoturismo o el termalismo son las que deben distinguir a Galicia como destino. «Y todo ello sin dejar de ver el Camino de Santiago, que por otro lado debe aportar algo más, que no se limite todo a recibir a un visitante que viene a Compostela a recibir la compostela y se marcha», matiza.

Benito asegura que la fisonomía del turismo ha cambiado porque cada vez son más las personas que apuestan por escapadas de tres o cuatro días, un formato de viaje en el que visualiza grandes oportunidades para la comunidad. «Ahí tenemos que aprovechar. Crear líneas y ofrecer una fantástica experiencia en varios días», concluye.

«Cuando llegue el AVE en el 2018, habrá un antes y un después»

Hace casi un siglo, el genial Julio Camba dejó escrito que lo que Galicia necesitaba no era «regionalismo. Lo que necesita son hoteles y ferrocarriles». La receta, para el turismo, sigue en vigor. Y no tanto por la infraestructura hotelera, que crece a buen ritmo, como por el lamento permanente alrededor del tren. La directora de la Axencia Turismo de Galicia tiene depositadas muchas esperanzas en la llegada del AVE, que confía se materialice el año que viene. «Cuando llegue en el 2018, habrá un antes y un después». Nava Castro sostiene que los precios de los vuelos a Galicia desde Madrid en fin de semana siguen siendo muy poco competitivos, y esta realidad supone un hándicap. «Londres-Madrid puede salir por 60 euros, pero el vuelo a Galicia te sale por 300. La conectividad interna que traerá el AVE lo cambiará todo», vaticina.

Sobre el futuro del sector hostelero, Castro destaca la línea de colaboración alcanzada entre profesionales y Administración, plasmada en la redacción del plan estratégico, así como la decidida apuesta de todos los departamentos de la Xunta por su desarrollo. «Galicia tiene potencial para captar un turista de perfil medio-alto y eso debemos aprovecharlo buscando también la rentabilidad de nuestras empresas».

«Necesitamos que la gente nos llegue motivada»

Xurxo Rivas es el propietario de la Taberna O Secreto, en A Coruña, un local de éxito desde hace ya unos cuantos años en el que la calidad del trato está a la altura de los manjares que sirven a sus clientes. Xurxo es además un gran experto en vinos que diseña desde hace años los ciclos de sumillería de varias escuelas de hostelería gallegas. A su juicio, una de las necesidades del sector es contar con personal no solo formado, sino también mentalizado. «Necesitamos que la gente nos llegue motivada de las escuelas. Que conozca la realidad de la profesión en cuanto a horarios, que vamos a trabajar cuando los demás se divierten, que entiendan que formamos parte de los elementos que hacen que esa diversión sea una realidad».

El hostelero insiste en que esta vocación por hacer las cosas bien es clave para sentar las bases de ese turismo experiencial al que debe aspirar Galicia para consolidar el sector como motor de crecimiento económico. Y ensalza que no debería ser lo más difícil de cambiar: «El producto lo tenemos, y el caso del servicio es relativamente fácil de adaptar porque nosotros podemos tratar a un cliente igual de bien aquí que a 1.000 kilómetros, con la diferencia de que ellos no tienen nuestro producto en la lonja, en la carnicería...»

En relación con la cultura del vino, de la que es un reconocido experto, Rivas reconoce que hay una demanda de información cada vez mayor y destaca el interés creciente entre los visitantes por esta oferta.

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