Artesanía, una forja para crear empleo

El sector genera en Galicia cerca de 8.000 puestos de trabajo; es un refugio para ingenieros o abogados que dejaron su carrera por su pasión y para desempleados que se han reconvertido

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Redacción / La Voz

Durante la última feria del diseño de París, un hombre que venía del Norte de Europa se paró delante de una silla expuesta en uno de los estands del foro. Era sueco, del país donde nació Ikea. La obra la habían hecho a mano en Galicia tomando como referencia un diseño de Domojomo. «Dixo que unha cousa feita a man como esa era tan difícil de ver no seu país, que por iso parou a examinala», recuerda Xulio Turnes, padre de la pieza y uno de los creadores de la empresa compostelana. La admiración despertada en aquel ciudadano sueco por un trabajo que escapa a las reglas de producción ideadas por Henry Ford es la clave de por qué la artesanía, apoyada muchas veces en el arte y en la pasión que despierta hacer algo con lo que se disfruta, se ha convertido en un sector al alza.

Además, también es refugio para varios perfiles de emprendedores en Galicia. Ingenieros, abogados, arquitectos o profesores que dejaron sus trabajos por cuenta ajena para convertirse en autónomos. Estos, como apunta la responsable de FundesArte, la entidad dedicada a la artesanía de la Escuela de Organización Industrial (EOI), Laura Miguel Baumann, «están ahora desarrollando el amor por oficios que en su día dejaron atrás arrastrados por la corriente que empujó a toda una generación a emprender estudios superiores». Además, añade, la artesanía «se está convirtiendo en una salida profesional para personas mayores que se han quedado en el paro e incluso para jóvenes que tratan de buscarse la vida en un mundo laboral complicado».

«Paso a paso»

Todos han labrado su camino en ramas que van desde la ilustración a la joyería, la cerámica, la cestería, la moda o incluso el papel. Y viven de ello. «Creo que uno puede vivir de la artesanía y crecer. Solo hay que ir paso a paso», explica Carmen Picallo, una de las que han dado el salto a ese mundo hace poco más de un año. Las claves: trabajar duro, diversificar y entender el trabajo del autónomo-artesano como el de un empresario que, como tal, ha de buscar la rentabilidad.

Los datos que maneja Artesanía de Galicia, la marca dependiente de la Consellería de Industria que representa a los profesionales que conforman el sector artesano gallego, muestran que actualmente en la comunidad hay unos 5.100 trabajadores vinculados a este sector. Pero en ese vasto campo de lo hecho a mano hay mucha gente que no está dada de alta dentro de la marca. A ellos también hay que tenerlos en cuenta. El último informe realizado por la Escuela de Organización Industrial habla de que el número de puestos de trabajo generados alcanza los 7.853, un 7,5 % del empleo total de la comunidad. Además, basándose en datos del tercer trimestre del 2014, añade que representa un 4,9 % del total de empleo generado por la industria en Galicia.

En consecuencia, la demanda de formación avanza al alza. La gerente de Artesanía de Galicia, Elena Fabeiro, apunta que «en los últimos años se ha incrementado notablemente la introducción de un perfil más joven en este mundo». Y cada vez son más los alumnos que empiezan estudios en las escuelas de arte. Lo observa el jefe de estudios de la Escola de Artes Mestre Mateo, en Santiago, Alberto Urrutia: «A demanda medrou moito, sobre todo dende hai cinco ou seis anos. Foi en tódalas ramas. Tanto en xoiería coma en escultura ou fotografía», indica.

¿Cuál es el perfil aquí? Aunque los que más plazas demandan son los jóvenes, no hay edad para convertirse en artesano o artista-artesano. «Vén sobre todo xente nova, pero tamén hai de máis de corenta ou cincuenta anos. Estes últimos chegan aquí porque se queren reconverter laboralmente ou porque era unha paixón que quererían ter desenvolvido antes. Pasa moito en escultura», añade Urrutia.

Ese gran abanico de edades lo advierte también el director de la Escuela Técnica de Joyería del Atlántico, Juan Carlos Pereira, quien, en lugar de artesanía, prefiere hablar de una mezcla de labor de artesano con la de artista. «Aquí hay desde alumnos que entran con quince o dieciséis años a otros que llegan desde Bellas Artes o algunos que han acabado Económicas, por ejemplo», apunta.

Desde las escuelas gallegas dicen que, aunque varía en función de la rama porque, como dice el jefe de estudios de la Escola Mestre Mateo, «non é o mesmo a xoiería que a escultura, hai opcións de saír adiante, fundamentalmente desde o autoemprego».

Mercado Global

Pone como ejemplo algunas de las alumnas que terminaron sus estudios no hace mucho en esa especialidad: «No caso da xoiería hai que montar un pequeno taller e buscar puntos de venda. O que fan moitas e facer unha colección e darlle saída na rede. Montan a web, contactan cunha empresa de distribución e teñen como mercado todo o mundo».

La irrupción de Internet ha cambiado totalmente el modo de acceder a los mercados exteriores, donde, como reconocen muchos artesanos, sus productos están mucho más valorados que en el mercado interior. «Hay una cosa de la que mucha gente no se da cuenta cuando dice que algo hecho a mano es caro. Pensemos cuánto gana por hora un trabajador contratado por 40 horas semanales con un salario de 1.500 euros al mes. La hora sale a 9 euros. Tomando eso como referencia, una pieza en la que invierten diez horas, solo en mano de obra habría que cobrar noventa euros, más luego el material, más los gastos de mantener el taller, más lo que cobraría el intermediario...», describe la responsable de FundesArte. Pero hay que ir paso a paso. Cambiar la mentalidad. Desde Artesanía de Galicia tratan de hacerlo. Solo hay que tener paciencia. Y trabajar.

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«Deixei a enxeñería por paixón»

Detrás de la marca Ojea Studio hay un único nombre, el de Paula Ojea. Desde hace año y medio, se dedica únicamente a la cerámica. No solo eso. Porque está ingeniera de Caminos de Vigo hace las piezas, atiende la tienda online y realiza labores de márketing. «Disto pódese vivir. De feito, aínda que a cerámica é algo que fago dende nena, eu traballei facendo estruturas de edificios altos e de turbinas para parques eólicos. Todo iso o reflexo na obra», cuenta. También se nota que ha vivido en París o Nueva York. Dejar su trabajo de ingeniera también la trajo de regreso a Vigo desde Barcelona. Su obra está en tiendas de Galicia, San Sebastián, Madrid y Noruega.

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«Queríamos conciliar y soñar»

Cuando eran niñas, Carmen y Carolina Picallo tenían el sueño de hacer algo juntas cuando fueran adultas. Sus vidas cogieron caminos diferentes, pero volvieron a converger hace un año en Mimico Kids, una marca de ropa cercana hecha en Galicia que se suma a la emergente tendencia a apostar por el slow fashion. «Cuando tuvimos niños realizamos un parón en nuestras respectivas carreras. Pensamos que era el momento de hacer aquello que queríamos de niñas. Queríamos conciliar y cumplir un sueño», explica Carmen. ¿Futuro? «Creemos que lo hay. Todo está echando a rodar, hay que invertir mucho, pero muchos han empezado poco a poco», añade.

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«Vendo más fuera que en España»

Como muchos otros artesanos, Rosa Méndez llegó a la joyería realizada con piezas de vidrio por casualidad. «Descubrí la Escuela de Vidrio de Santiago en el 2000 y en el 2004 abrí el taller», recuerda. Comenzó trabajando la escultura, pero se dio cuenta de que eso tenía escasa salida y empezó a hacer piezas más pequeñas para joyería: «Puedes vivir de esto, aunque he tenido que moverme mucho. Apenas vendo en Galicia y en España. Tengo mucho más mercado fuera», dice. ¿Y dónde? En el mundo entero. «En las tiendas del MOMA de San Francisco; el Getty de Los Ángeles; el Guggenheim de Venecia o el Thyssen de Madrid tengo trabajos ahora, por ejemplo».

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«Surto a marcas como Loewe»

Desde Outeiro de Rei, en Lugo, ha dado un giro a la cestería tradicional para adaptarla a la demanda del mercado. Y, como dice, «he apostado por una estrategia empresarial basada en la diversificación». Eso le ha valido a Idoia Cuesta para trabajar ahora, como explica, «para Loewe, Carolina Herrera o estudios de arquitectura como Domohomo». Sus diseños también han estado en Cibeles. Pero además, como autónoma, ofrece cursos de formación que le aportan ingresos estables durante todo el año. Porque reconoce que la cestería no es tampoco un subsector con la salida de otras modalidades como, por ejemplo, la joyería. 

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«Fainos falla máis visibilidade»

Esta ilustradora de Vilagarcía lleva ya diez años trabajando en Santiago. Nunca se le había pasado por la cabeza trabajar por cuenta propia, pero un día lo hizo. Por casualidad. «Agora traballo para o mundo editorial, debuxando contos e libros de texto, e tamén para o ámbito publicitario. Traballo cunha mixtura de técnicas tradicionais (lápiz, tinta...) e técnicas dixitais.

Teño tamén una marca de productos que vendo online. Son obxetos de uso cotián (papelería e accesorios) nos que plasmo os meus deseños», cuenta. Le va bien. ¿Qué echa en falta en Galicia? «Aquí hai moito talento e moito traballo, pero fainos falla unha maior visibilidade», opina. 

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«Queremos comezar a ir fóra»

Quiso dar un cambio radical a su vida y lo hizo. André Simón trabajaba en márketing de una gran empresa de aluminios, pero quería estar más tranquilo y hace dos años se embarcó en un proyecto al que llamó Crú e Nú. «Fúmonos vivir a Tomiño e puxen en marcha esta marca de pequenas pezas de mobiliario feitas en madeira ás que podes customizar», explica. En la actualidad hacen menaje de hogar, muchos elementos para niños, pero también algo de decoración. «Queremos comezar a internacionalizar a marca, pero polo de agora o principal mercado que temos é Galicia. Temos puntos de distribución en Vigo e tamén en Asturias», explica.

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«Ayudan los encargos de restaurantes»

«Llegué al mundo de la cerámica por azar porque estudié Filología Inglesa y soy intérprete de lengua de signos. Pero hice un ciclo de cerámica artística en la escuela Pablo Picasso de A Coruña y ahí empecé», explica Verónica Moar. Dice que ser autónomo es complicado en un sector en el cual «a la gente le cuesta pagar por un plato hecho de forma artesana cuando puede comprarlos en otra tienda más baratos». Pero no hay que desesperar. Verónica se mueve mucho en las redes. «Me han empezado a encargar vajillas para restaurantes, algo que ayuda a mantenerte», cuenta. Los restaurantes del grupo Abastos 2.0, o incluso el Kalypso, de París, tienen sus vajillas.  

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«La red te permite llegar lejos»

Es una veterana. «Empecé a trabajar en la cerámica hace veinte años. Hace quince, dio el salto también al diseño de joyas», cuenta esta viguesa que no para de viajar de aquí para allá. «Hay que moverse, trabajar mucho para que esto vaya adelante», dice. Su trabajo tiene dos partes: la producción de piezas para el mercado en general y una parte más artística. «He hecho dos residencias de artistas. Una en Australia y la otra en Taiwán». Un cambio que ha notado a la hora de llegar a nuevos mercados es la influencia de las nuevas tecnologías. «La red te ofrece el poder llegar lejos, a mucha más gente». Pero su trayectoria prueba que de la cerámica puedes comer.

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