Galicia es tierra de ángeles

La Rede Galega de Business Angels apoya empresas emergentes con una trayectoria de menos de tres años; dos redes inversoras y una decena de particulares dan vida al proyecto


Redacción / La Voz

Es una de las figuras económicas del momento y en realidad para hallar su origen hay que retroceder un siglo. Las redes de business angels, inversores privados que aportan capital y conocimiento a proyectos emprendedores, corren como la pólvora entre las principales economías del planeta al calor de esa emergente actividad tecnológica responsable de la cuarta revolución industrial. Poco queda ya de aquellos empresarios que, a comienzos del siglo XX, apoyaban las producciones de Broadway. Angels los llamaban. Hoy, estos inversores de proximidad se han consolidado como un vehículo fundamental para poner en órbita a incontables start ups, la mayoría vinculadas al sector tecnológico.

En España, la actividad de los business angels se concentra en Madrid y Cataluña, inmersas hoy en primera línea de la carrera por la innovación en Europa, al extremo de que los principales fondos de inversión del Viejo Continente han puesto sus ojos en muchos de los proyectos que están germinando en ambas comunidades.

¿Y en Galicia? Como suele ser habitual, el desembarco en las tierras de Breogán de estos nuevos agentes de la iconografía financiera camina con cierta lentitud, aunque en los últimos tiempos han aflorado síntomas positivos. La falta de un ecosistema emprendedor sólido y consolidado como el que existe en Madrid o Barcelona es un hándicap. Tanto, como el perfil conservador del inversor gallego, tradicionalmente refractario a aventuras rodeadas de incertidumbres, denominador común por otro lado de muchas de las empresas que buscan el apoyo de estos business angels.

Pese a ello, la Rede Galega de Business Angels, impulsada por la Consellería de Economía en colaboración con inversores y entidades privadas y regulada formalmente en la Lei do Emprendemento e de Competitividade Económica de Galicia, se ha consolidado como un vehículo de inversión para proyectos emprendedores que tengan una trayectoria no superior a los tres años. En la actualidad, la organización autonómica está integrada, por un lado, por dos redes de inversores: Red Invest, promovida por el Círculo de Empresarios de Galicia, y el Club de Investidores do Clúster TIC de Galicia. Por otro, hay doce personas adscritas a título particular como business angels.

La entidad está trabajando en estos momentos en la incorporación de otras dos redes de inversores y tramita la adhesión de seis personas físicas interesadas en sumarse a la causa. Para las empresas que pretenden captar apoyos, la red autonómica representa una plataforma con valor añadido, pues además del fuelle que insuflan los business angels, tienen a su disposición varios instrumentos del Igape, como un fondo de capital riesgo de Xesgalicia o los créditos de Enisa.

El coruñés Fernando Orejón es uno de los doce particulares integrados en la red gallega. Se lanzó a la aventura hace tres años como una suerte de actividad complementaria a su profesión en el sector financiero. Hoy tiene en cartera participaciones en cinco empresas y deja muy clara la diferencia entre un business angel y un inversor convencional. «Nosotros no aportamos solo dinero. No se trata de poner un dinero y esperar un rendimiento, sino que el business angel se define por su aportación de conocimiento a la empresa a la que decides apoyar: contactos, márketing, ventas, asesoramiento financiero... Cada uno ayuda con lo que sabe, y esto muchas veces es mucho más útil para el proyecto que apoyas que el dinero en sí».

Orejón, que acaba de ser padre y cuenta con el aliento de su mujer en esta empresa -«sin su apoyo a lo mejor no me hubiese atrevido; ella es emprendedora», matiza entre risas-, advierte que no hay que tener un gran capital para convertirse en ángel: «Cuando empecé lo veía imposible porque creía que había que aportar cantidades demasiado elevadas, pero no es así». Lo que sí es indispensable es paciencia y olfato. «Es preciso tener un autocontrol de las emociones para no precipitarse y por supuesto acertar en las inversiones. Lo importante aquí es poner dinero que no te haga falta y asumir que el riesgo es grande y que a lo mejor no lo recuperas».

El joven coruñés, satisfecho por el momento con sus apuestas, no cree demasiado en pelotazos como el que dio el Saint Francis High School, un instituto de Silicon Valley que en el 2012 invirtió 15.000 dólares en Snapchat y hace solo unos días recibía un retorno de 24 millones tras la salida a Bolsa de la compañía. «De esas hay una; aquí es preciso tener paciencia». Sobre los proyectos que apoya, Orejón sostiene que el factor humano es clave a la hora de decantarse. «Yo casi siempre me guío por la persona, por su idea de negocio también obviamente, pero la persona es clave».

«Nosotros no aportamos solo dinero, sino también conocimiento»

ILUSTRACIÓN: MABEL RODRÍGUEZ

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