Las lagunas europeas del I+D+i

El rendimiento de la inversión en investigación de los países comunitarios es cinco veces inferior al de China; Bruselas está lejos de cumplir los objetivos marcados en este ámbito


Bruselas / La Voz

Hoy es presidente del Parlamento Europeo, pero cuando Antonio Tajani ocupaba la cartera de Industria en la Comisión Europea manifestó su deseo de ser recordado como «el comisario que lideró la cuarta revolución industrial» en la UE. Nada menos. Han pasado casi cuatro años desde que el italiano confesó a puerta cerrada su ambición. El sueño no se ha cumplido. Es más, los europeos nos quedamos cada vez más rezagados en la carrera por la robótica, el big data y la inteligencia artificial. 

«A escala mundial la UE sigue siendo menos innovadora que Corea del Sur, Estados Unidos y Japón», concluye el último informe europeo sobre innovación. Y no solo eso. La UE tampoco es capaz de sacar provecho a sus hallazgos: «China va acortando distancias con una tasa de rendimiento cinco veces superior a la de la UE», alerta.

A pesar de haber sido pioneros en desarrollar en el pasado sistemas de navegación, televisión de alta definición o el mp3, la crisis ha cercenado el dinamismo de la industria en Europa. La trayectoria se torció en el 2012, y alcanzó niveles alarmantes en el 2014-15, cuando 17 países de la UE registraron cifras negativas en el crecimiento del rendimiento en innovación. El proceso de convergencia entre las economías más avanzadas y las más rezagadas «parece que se ha detenido», advierte la Comisión Europea, desde donde se están redoblando los esfuerzos para estrechar la colaboración entre los centros de desarrollo tecnológico y las empresas. En resumen, trasladar los proyectos a la economía real aportando el mayor valor añadido posible. El equipo de Jean Claude Juncker está inquieto. Se ha marcado como objetivo invertir hasta un 3 % del PIB en I+D+i a más tardar en el 2020. A tres años de que venza la fecha, la UE no es capaz de rebasar el 2 % ni con el programa Horizonte 2020 ni con el Plan Juncker ni con los fondos estructurales.

¿Quiénes tiran del convoy tecnológico? Suecia sigue a los mandos de la locomotora europea. El país escandinavo invierte el 3,2 % de su PIB en I+D, seguido de Dinamarca (3 %), Finlandia (2,9 %), Alemania (2,8 %) y Países Bajos (2 %). En el vagón intermedio viajan Francia, Austria y Reino Unido. ¿España? En la cola, junto a Grecia, Italia y Portugal y solo por delante de Bulgaria y Rumanía. «La I+D+i debería estar en la agenda política de nuestros países. Se habla mucho de ella, pero en la práctica no se traduce en resultados», denunció en Bruselas el director del Centro español para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI), Francisco Marín. Bajo su tutela temporal se desarrolla el programa Eureka, creado en el año 1985 como respuesta a la «Guerra de las Galaxias» desplegada por el presidente estadounidense Ronald Reagan. Europa estuvo a punto de perder entonces la cordada, pero la iniciativa le permitió mantener el pulso hoy debilitado por las restricciones presupuestarias.

¿Perderá España la estela de la cuarta revolución industrial? ¿Por qué es incapaz de alcanzar el pelotón de cabeza? Hay tres problemas: fondos escasos, poca rentabilidad y un tejido industrial estrecho. De acuerdo con los datos de la OCDE, el país solo invierte un 1,2 % del PIB en I+D+i. «El problema no es de escasez, es de rentabilidad», señala Marín. Los españoles tienen enormes problemas para sacar provecho de sus productos de media y alta tecnología. En el ránking de exportación, Alemania obtiene 120 puntos frente a los 85 de España. En beneficios por derechos de patente, Países Bajos obtiene 413 puntos. España 19.

El tercer palo en la rueda es la industria. El peso de la innovación en España lo llevan las pymes (60 %), mientras en países como Alemania son las grandes empresas (70 %) las que hacen ese esfuerzo. «Nuestro tejido industrial es el que es. Las compañías del Ibex tienen poco peso industrial, que es donde se desarrolla la tecnología más avanzada», lamenta Marín, quien resume el problema español en cuatro palabras: «Somos buenos, pero pocos». Y es que los informes europeos indican que en España no falta talento, sino un tejido empresarial de mayor volumen y densidad.

Proteccionismo y ludismo

Existen otros dos peligros latentes que se ciernen en el horizonte: el retorno del proteccionismo y el rechazo violento a la robotización de los puestos de trabajo, el ludismo del siglo XXI. Ambos desafíos están siendo abordados por las instituciones europeas, pero son los gobiernos nacionales lo que deberán fijar las líneas para evitar que la llegada de la cuarta revolución industrial se traduzca en la disolución de proyectos transnacionales, la pérdida masiva de empleo y el aumento de la exclusión social. «Estamos al principio de una revolución increíble. El riesgo es cerrar las fronteras», advierte Marín, quien conserva el optimismo: «La tecnología ha pasado por encima de los países y las dinámicas proteccionistas». 

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