Otro país es posible


En España tenemos claro que la corrupción es un mal del país. Y tan evidente nos parece que creemos que sin ella este sería un lugar bastante bien armado. Algunos llegan incluso a pensar que sin corruptos nadie nos pararía. Y no está mal que pensemos así, nada mal, si no fuera porque este castigo nos hace olvidar que tenemos otros males. Y el primero, olvidamos que España no es cuerpo económico competitivo, o no lo es, al menos, al nivel de nuestros pares. Es más, España, como Estado, es, en muchos sentidos, todavía una estructura de poder de corte franquista con ropas modernas. Somos una economía estatalista inmersa en una partitocracia burguesa de carácter liberal. Punto. ¿Podíamos ser algo peor? Cierto. Pero tampoco estamos para regodearnos viéndonos el ombligo.

De los doce pilares de la competitividad que considera el Foro de Davos, en diez estamos por debajo de las economías avanzadas. ¿Sabe en qué dos superamos a nuestros iguales? Asfalto y población. Somos mejores en infraestructuras y tenemos, en teoría, un mercado doméstico de casi cincuenta millones de personas, que para sí otros lo quisieran. Bueno, lo querrían enterito y no partido en diecisiete reinos de taifas. Ahí menos mal que ya caímos del guindo y nos hemos empezado a tomar en serio el concepto de unidad de mercado. Tema que, por cierto, no es una broma y se toma, en otro sentido, muy en serio el Círculo Financiero de Galicia, la gran alianza de los clubes financieros de Galicia, y que tiene la palabra Galicia Mercado Único tatuada en la frente. Nace con la vocación absoluta de que cada club sea puerta de entrada en su ciudad del resto del empresariado gallego. La Galicia que necesita a la otra Galicia. En positivo. El país haciendo país.

Otra estructura económica es posible. Otra educación. Otra política de investigación y desarrollo. Otro mercado de trabajo. Otro país. Todo ello es posible, pero no con esta administración pública, paternalista y asfixiante. Otros lo tienen. Pero aquí no nos lo creemos, sentimos vértigo ante todo aquello que suene a privado y el mercado es observado como un foro romano, destino de aquellos que no alcanzaron todavía el grado de patricios.

Los grandes pilares de la competitividad que debemos mejorar son, a juicio del Foro de Davos: a) las instituciones, b) el marco macroeconómico, c) la salud y la educación, esencialmente la superior, en la no universitaria estamos en una posición aceptable, d) la eficiencia del mercado de trabajo, e) el desarrollo de los mercados financieros, f) la brecha tecnológica, g) la sofisticación de nuestros sectores productivos y, por último, h) nuestra capacidad para innovar. Demasiados retos para nuestra clase política. No podrían con una agenda reformista de este calado. Por ello, quizás lo oportuno sea centrarse en aquellos que la clase empresarial considera más relevante y estos son, por este orden: a) el acceso a la financiación, b) la presión fiscal, c) la burocracia y d) las rigideces del mercado laboral. En tres hay debate abierto, pero hay uno que destroza al empresariado y todavía no ha entrado en la discusión pública, la burocracia. Es más, no es extraño el político que niega su existencia como factor de freno económico.

Una reforma administrativa que eliminase burocracia y redujese sustancialmente el paternalismo de la clase funcionaria, solo podría generar mejoras. Sería de las pocas que se harían a coste cero. ¿Por qué no hacerla? Es evidente, nuestra Ley Electoral ha provocado que la mayoría de los que ejercen la política sean trabajadores públicos, ajenos al devenir económico. Y difícil, sino imposible, que alguien alcance un punto que nunca ha soñado alcanzar. ¿Cree usted que alguna vez el suyo fue que nuestro tejido económico fuera competitivo? Pues eso.

Por Venancio Salcines Presidente de la Escuela de Finanzas

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos

Otro país es posible