Mamá, quiero ser «youtuber»

Convertirse en una estrella del canal de vídeos implica, además de carisma, un considerable desembolso económico ¿Merece la pena la inversión? ¿Cuánto cuesta ser «influencer»?

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Redacción / La Voz

La mitad de los niños de 11 años tienen móvil. A los 12 ya son tres de cada cuatro y es raro encontrar a un chaval de 13 sin apéndice tecnológico: ocho de cada diez ya son dueños del codiciado smartphone. Con este panorama, no cuesta nada creer que en los sueños de los alumnos de secundaria, incluso en los de los de primaria, los blogueros, influencers y youtubers han desbancado a los médicos, ingenieros e incluso a los futbolistas. Lo corroboran las recientes listas de deseos navideños: bajo el árbol, los chicos esperan ahora portátiles, teléfonos todavía más inteligentes, webcams, GoPros, trípodes, auriculares con micrófono incluido, capturadoras de vídeo y hasta focos. No hay más objetivo en sus demandas que convertirse en el nuevo Rubius, el «líder (augura la revista Time) de la próxima generación». Este madrileño de 26 años lleva diez dedicándose al youtubing. Sus bromas y sus trucos al joystick llegan a más de 22 millones de personas. Su canal es el séptimo con más seguidores del mundo, de él es el mérito de haber publicado el tuit más retuiteado de la historia y aunque Forbes no lo incluyó en su top ten de youtubers ricos -la fortuna del primero, PewDiePie, asciende a 15 millones de dólares-, los ingresos que recibe por sus chistes le dan para algo más que para sobrevivir.

Se puede vivir de Internet (los ingresos dependen de las visitas y son variables, por cada 1.000 visionados suele ingresarse un euro), pero para ello, como sucede con toda disciplina que acaba profesionalizándose, hace falta algo más que chispa. Hace falta esfuerzo. La youtuber gallega Carolina Iglesias (23 años), del blog Percebesygrelos, advierte a los que creen que esta es una labor sencilla: «Alguien que se dedica al cien por cien a esto destina muchísimas más que ocho horas a tener ideas, grabar, editar, tener reuniones con marcas y trabajar las redes; cuando el alquiler depende de subir vídeos, la cosa cambia». Hace falta tecnología y hacen falta conocimientos, requisitos que en mayor o menor medida implican un desembolso económico. Desde la agencia creativa y productora audiovisual 2btube, especializada en gestionar este tipo de talentos, explican que, a nivel material, se necesita como mínimo un dispositivo que grabe vídeo -cámaras réflex, las más baratas rondan los 200 euros, o compactas, sobre 100 euros las más asequibles- y un ordenador con software de edición. «Si el canal es de gaming y se quieren mostrar imágenes de un videojuego se necesita una capturadora, además de la videoconsola y los juegos -añaden-. Y hay otros instrumentos que, aunque no son imprescindibles, sí son recomendables, como material de iluminación o micrófonos profesionales».

Iglesias, que empezó hace tres años haciendo sketches con una amiga y que hoy acumula más de 28.000 seguidores en su propio canal, además de copresentar un programa de Los 40 y otro sobre youtubers de Comedy Central, recurre a una GoPro (las más baratas de esta marca no bajan de 300 euros, pero las hay del mismo tipo por 80), un foco para cuidar la luz y una grabadora. Edita con Adobe Premiere, un paquete de software que actualmente tiene un precio de 24 euros, que aprendió, cuenta, «viendo trabajar a otros y trasteando mucho» por su cuenta. «Está bien tener errores -reflexiona-. Aprendes, los cometes una vez y nunca más te vuelve a pasar».

Con respecto a los conocimientos, Bastian Manintveld, presidente ejecutivo de 2btube, aclara que «a nivel educativo es importante tener nociones audiovisuales, de grabación y de edición de vídeo principalmente, además de saber desenvolverse con soltura delante de una cámara». «También aprender diseño gráfico, gestión de redes sociales y nociones de posicionamiento digital; y en función de la temática del canal, el consejo de un experto en la materia, documentarse adecuadamente y estar siempre al día en lo que a esa temática se refiere». ¿Y dónde se cultiva uno en tales materias? Su firma se encarga de formar a sus propios youtubers, ya consolidados, dueños de una considerable audiencia. Pero, además, asesoran y respaldan a los principiantes a través de una academia y, desde este verano, «educan» a los más jóvenes, de entre 11 y 18 años, «que no saben por dónde empezar», en una escuela de verano. En su primera edición, celebrada el pasado julio, participaron diez niños. La matrícula más baja ascendía a 650 euros por 15 días.

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