Contra el desperdicio, ahorro

Cada consumidor tira una media de 179 kilos de comida al año. Negocios como la tienda GoodAfter buscan dar una segunda vida a productos apartados del comercio tradicional

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Redacción / La Voz

Cargadas con un centenar de croquetas -elaboradas con las sobras del día anterior-  y más de 200.000 firmas en change.org, la cocinera de un restaurante barcelonés y una madre preocupada por el futuro de su hijo se plantaron a las puertas del Congreso para reclamar un cambio en la legislación alimentaria. El objetivo es claro, poner punto y final a la lacra del desperdicio de alimentos.

Porque las cifras del despilfarro siguen provocando sonrojos. A pesar de que desde altas instancias como la CE, la ONU o la OMS se ha alertado de las terribles consecuencias que puede tener el dispendio de recursos, seguimos sin poner solución a lo que muchos ya ven como una terrible hipoteca que sentenciará el futuro de las generaciones venideras.

A pesar de que la cantinela nos suena, el problema no consigue encontrar pronto remedio. Y mientras miramos hacia otro lado, cada habitante de la Unión Europea tira una media de 179 kilos de alimentos al año de los 499 que consume. Un desperdicio que no solo tiene consecuencias a largo plazo. Porque a día de hoy ya estamos pagando nuestra irresponsabilidad. Los casi 89 millones de toneladas de alimentos que se tiran en el Viejo Continente producen 170 millones de toneladas de CO2 al año. Y si no empezamos a revertir esta situación, en el año 2020 los residuos alimentarios se habrán incrementado un 40 %.

En la despensa, las que tienen más probabilidades de acabar en la basura son las frutas. Según el Ministerio de Agricultura, un 66 % de los hogares que admite tirar comida a la basura desecha frutas. El pan fresco y las hortalizas también son los más castigados, con un porcentaje del 48,6 y del 35 % respectivamente. Entre los alimentos preparados, los que más acaban directamente en el cubo son las lentejas, las ensaladas y la tortilla de patatas.

Ante tales números, ya hay quien ha puesto sobre la mesa soluciones. Italia y Francia han empezado a castigar por ley el desperdicio de comida y mientras en España no llegan soluciones determinantes, algunos concienciados han empezado a poner su granito de arena. Es el caso de Chantal Camps de Gispert y su proyecto GoodAfter, un supermercado online que ofrece descuentos en productos de alimentación, belleza y limpieza todo el año. Pero la tienda de Camps de Gispert no solo es buena para el bolsillo del consumidor. Porque la esencia de GoodAfter va un paso más allá: luchar contra el gran desperdicio de productos en el que vivimos inmersos. Por eso, Chantal y los suyos venden productos que están a punto de alcanzar su fecha de consumo preferente o que por otras diversas razones -como cambios en el envase o aquellos que han pasado su estacionalidad o moda- no tienen cabida en los lineales de las tiendas tradicionales.

«No vendemos productos frescos y diferenciamos mucho entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente. Vendemos el producto no perecedero, el que en los supermercados normales se encuentra a temperatura ambiente», explica la fundadora de este proyecto, quien además pone el acento en las diferencias que existen entre fecha de caducidad y de consumo preferente: «Una pone en peligro la seguridad del consumidor y la otra no».

El desconocimiento y en muchas ocasiones la poca conciencia medioambiental provoca que se cometan verdaderas inconsciencias. Trabajos como el de esta compañía portuguesa -que también distribuye en España- sirven para dar una segunda vida a productos que aún tienen mucho recorrido. «Hay que realizar una labor de desmitificación de las fechas de consumo preferente, porque se cometen verdaderas locuras tirando productos que están en perfecto estado», asegura la portavoz de esta compañía, que ofrece descuentos que van desde el 30 hasta el 70 % en miles de cosas de uso habitual en un hogar: «El ahorro que colocamos a cada uno de nuestros artículos depende de la causa por la que han llegado a nuestras manos. Puede ser porque ha pasado su fecha de consumo o por su estacionalidad. Por ejemplo, un Papá Noel de chocolate no se vende igual en diciembre que a finales de enero». Las modas también provocan que muchas mercancías lleguen al final de su vida útil antes de tiempo. GoodAfter también les da una segunda vida: «Tenemos muchos objetos que están asociados a tendencias pasajeras. Por ejemplo, cuando pasa la moda de una película de Disney, los niños dejan de pedir los geles de baño del muñeco protagonista, pero ese gel lava igual que antes, así que nosotros le buscamos otra salida».

Este no es un invento revolucionario. En Reino Unido, ofrecer descuentos en productos que están a punto de llegar al final de su trayecto es algo que lleva funcionando en las cadenas tradicionales desde hace muchos años. Etiquetados con una pegatina de color más fuerte, los consumidores pueden encontrar grandes gangas en alimentos muy diversos. Chantal Camps cree que todo llegará y que en España algún día calarán este tipo de iniciativas verdes: «A todo el mundo le gusta ahorrar y sentir que ha hecho un buen negocio. Así que todas estas iniciativas que consiguen ayudar al ambiente ayudando al bolsillo son una de las mejores estrategias para que todo esto funcione». El resto, depende del trabajo de todos.

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