Las consecuencias económicas de Mr. Trump

xosé carlos arias CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDADE DE VIGO

MERCADOS

13 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

No hay duda de que la famosa rebelión contra las élites está alcanzando una fase, digamos, resolutiva. El voto que expresa un hondo malestar radical, y que tiene mucho que ver con la percepción de desigualdad y con la economía del miedo, avanza con fuerza por todo el mundo, canalizándose de las formas más desconcertantes (¿un multimillonario cuya fortuna es de origen dudoso como adalid de los antisistema?). En cualquier caso, ahora que estamos ante un hecho consumado debemos preguntarnos, parafraseando a J. M. Keynes, por cuáles serán las consecuencias económicas de Mr Trump.

El mayor motivo de inquietud que provoca la llegada del nuevo presidente es sin duda su carácter en gran medida impredecible. ¿Aplicará su programa? Pero exactamente, qué programa, porque si por algo se ha caracterizado su propuesta electoral ha sido por la falta de cuantificación de objetivos. La condición un tanto bravía del personaje y, sobre todo, la ausencia de mecanismos de compensación en el tablero político -dada la mayoría clara de su partido en las dos cámaras- no anuncian nada bueno. En todo caso, si nos fijamos en su proyecto de cara al frente interno de la propia economía norteamericana, destaca sobremanera su plan de reducir, nada menos que en 20 puntos, el impuesto de sociedades; teniendo en cuenta que al mismo tiempo propone el aumento del gasto, sobre todo en infraestructuras (en lo cual acierta), no cabe esperar sino un notable deterioro en los desequilibrios fiscales. Algunos cálculos fiables apuntan a que la deuda pública del país, actualmente algo por encima del 100 % del PIB, se dispararía hasta el 143 % en un decenio en el caso de llevarse a cabo sus propuestas.

Pero el aspecto más importante es el que afecta directamente a las tendencias de la economía internacional. La posibilidad de que estemos ante una fecha que quede recogida -difícilmente para bien- en los libros de historia tiene que ver con el hecho de que, por primera vez en muchas décadas, llega a la Casa Blanca un genuino aislacionista. Salvo gran sorpresa, los nuevos tratados comerciales del Pacífico y el Atlántico pueden darse por muertos y enterrados, lo cual, pese a algunos aspectos poco aceptables por los que ha estado avanzando su negociación (sobre todo en el caso del TTIP), podría dar lugar fácilmente a una escalada de disensiones, y acaso también represalias, entre los grandes países y bloques: algo que se ha venido tratando de evitar, y con bastante éxito, desde el comienzo de la crisis en el 2008.

En cualquier caso, a poco que el nuevo presidente cumpla sus promesas electorales, un apreciable aumento de las barreras comerciales frente a la competencia de China, América Latina o Europa es algo seguro. De modo que es fácil predecir que los flujos de mercancías y, mucho más aún, los movimientos transnacionales de personas, evolucionarán a la baja en el próximo futuro. Con todo, no debe olvidarse que el aspecto más importante -y desde luego, más problemático- de la globalización radica en los mercados de capital, y de eso Trump apenas ha hablado, más allá de una cierta retórica, no muy creíble, contra Wall Street.

Pero esto último no quiere decir que a las finanzas, norteamericanas o mundiales, el fenómeno Trump les sea indiferente. Muy al contrario, el ya mencionado carácter impredecible, que parece consustancial al nuevo presidente, probablemente dé mucho que hablar, y que temer, a los operadores financieros en los próximos años. Pues si algo espanta a estos actores tan destacados del actual juego económico son las sorpresas, los virajes bruscos de criterio y la discrecionalidad política sin límite. Y de eso probablemente tengamos mucho en ese tiempo interesante (demasiado interesante) que viene.

El impacto de las políticas de Trump en la economía es ahora mismo impredecible. | greg baker