Árboles de viento, la energía futura

La investigación se pone del lado de una tendencia que busca convertir los recursos naturales en económicas fuentes de energía a nivel doméstico; el autoabastecimiento se hace fuerte


Redacción / La Voz

Se le ocurrió un buen día, en una plaza en plena ciudad, mientras contemplaba hipnotizado cómo temblaban las hojas de los árboles sin que soplase ni una ráfaga de viento. Pensó primero qué era lo que provocaba el movimiento. Después, si ese discreto balanceo podría ser traducido en vatios. La idea fue poco a poco dibujándose en la cabeza del francés Jerôme Michaud-Larivière, que invirtió tres años en investigar a conciencia la transformación de las energías cinéticas en energías verdes y, junto al diseñador Claudio Clucci, la manera de integrar tal ingenio en el paisaje urbano. A continuación, le dio forma: un árbol artificial de once metros de altura y ocho de diámetro, tres toneladas de peso y 72 hojas microgeneradoras . Hoy está instalado en la Ciudad de las Telecomunicaciones de Pleumeur-Bodou, una localidad del norte de la Bretaña francesa. Repartidas a lo largo de sus ramas, pequeñas y silenciosas turbinas verdes de plástico son capaces de echar a rodar con leves corrientes de aire. Mientras que los aerogeneradores convencionales precisan como mínimo cuatro metros segundo, a ellas les basta con solo dos. No tiene cables. No hay generadores a la vista. Todo su mecanismo se mantiene oculto en el tronco de esta máquina con pinta de arbusto concebida para alimentar semáforos, decenas de farolas e incluso viviendas habitadas por hasta cuatro personas.

Camuflado entre los jardines urbanos, el arbusto artificial NewWind es el ejemplo más atractivo de una tendencia tecnológica que, de consolidarse, cambiaría radicalmente el abastecimiento energético. Anticipa un modelo sostenible que va más allá de la implantación de las energías limpias para dejar de lastimar al planeta: un sistema de suministro a nivel local, incluso doméstico, a base de gadgets mimetizados con el paisaje; práctico, cómodo y económico. Que aliviará considerablemente el monto de la factura de la luz a final de mes.

Los proyectos en marcha, aunque embrionarios, ni son pocos ni están mal encaminados. Con un esquema similar al de los árboles de viento, científicos finlandeses desarrollaron paneles solares flexibles y les dieron forma de hojas. Capturan luz, que almacenan en baterías escondidas en el interior de un tallo, energía suficiente para encender lámparas LED o cargar el móvil. Desde la India, dos hermanos acaban de presentar una miniturbina del tamaño de un ventilador y el precio de un smartphone (670 euros) que proporciona cinco kilovatios por hora y es capaz de general energía para un hogar durante veinte años. En Seúl, un prototipo de enchufe solar promete aprovechar la energía del Sol para cargar cualquier tipo de dispositivo. Se pega como una ventosa a la ventana y absorbe los rayos, que convierte en electricidad lista para utilizar en el día a día. También de exprimir al astro se benefician las tejas solares, piezas de cerámica que se colocan con su instalación en 45 metros cuadrados pueden abastecer a una vivienda entera. Apple apuesta también por lo concreto. Sus nuevas tiendas incorporarán suelos solares que generarán energía suficiente para abastecer a todo el establecimiento.

ÁRBOL DE VIENTO

NEWWIND. Cada árbol cuesta 29.500 euros. Pueden parecer incluso esculturas y usarse en avenidas o centros comerciales

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