El cine de alquiler capea el temporal

En el 2003 había 8.000 videoclubs en España y unos 500 en Galicia. La crisis y la piratería han reducido las cifras hasta 500 negocios en el conjunto nacional y apenas 100 en la comunidad


Redacción / La Voz

A pesar de que la piratería le asestó un golpe funesto hace ya unos años y de que las fórmulas de consumo de contenidos culturales han ido mudando, todavía hay un grupo de irreductibles que han sido capaces de sobrevivir a una profesión que muchos ya consideran caduca. Hablamos de los videoclubs, un sector que algunos creen extinto y que sin embargo se niega a desaparecer.

Las cifras nada tienen que ver con la época dorada. Según los datos que maneja la Asociación Nacional de Empresarios Mayoristas del Sector Videográfico (Anemsevi), a principios del 2003 se contabilizaban más de 8.000 negocios de este tipo en toda España, una cifra que se vio reducida a los 1.500 en el 2011 y que ha quedado resumida hasta los 500 en la actualidad.

El comportamiento ha sido muy similar en Galicia. Casimiro Estévez, portavoz de la distribuidora de vídeo gallega Estévez Seven y experto en este sector, calcula que en los años más boyantes se repartían por toda la comunidad aproximadamente unos 500 videoclubs. La feroz crisis de los últimos años, el acoso de las plataformas de streaming y la picaresca de la piratería han ido dejando por el camino cientos de negocios. Hoy en día, los que resisten no llegan al centenar.

Sin embargo, los que siguen capeando el temporal portan un mensaje optimista. Aguantan. Se han renovado. Y siguen levantando la verja cada día para los muchos clientes que todavía disfrutan del cine que se alquila por horas. «Las cosas han cambiado mucho, pero a día de hoy podemos decir que las películas siguen siendo una de las partes más importantes de nuestro negocio», explica desde Vilagarcía de Arousa Iago Estévez, regente del videoclub Súper 24 (hasta hace poco conocido como Estévez Vídeo). El negocio se ha ido adecuando a las circunstancias y en los últimos años han incorporado otros servicios para el cliente. Actualmente, tienen una tienda 24 horas y han incluido entre sus estanterías chucherías y servicios de telefonía.

Los más de 5.000 títulos cinematográficos que poseen siguen siendo la joya de la tienda. A ella se acercan cinéfilos de todas las edades a disfrutar de una experiencia que no pueden vivir en las plataformas online. «El trato humano es nuestro principal valor, la persona que está en el videoclub te puede recomendar qué película escoger porque acaba conociendo tus gustos y a partir de ahí se generan conversaciones sobre cine que tú en tu casa con Internet a lo mejor no puedes tener». Son las palabras con las que Iago Estévez resume la gran magia que todavía mantienen los videoclubs.

En contra de la sensación generalizada, el perfil de la persona que entra en su negocio no está tan marcado. No solo son personas mayores, ni tampoco cinéfilos empedernidos. «Nos encontramos de todo, sobre todo gente que busca otro tipo de consumo, o gente que se deja conquistar otra vez por la nostalgia y quiere disfrutar de las buenas experiencias que se vivían en las cuatro paredes del videoclub», explica Estévez, quien además da algún otro dato para terminar de derrumbar las ideas preconcebidas: «La sección infantil funciona muchísimo, porque cuando vienen los niños y ven la carátula de la peli se encaprichan de ella y acaban convenciendo a su madre de llevársela a casa en alquiler». Pero el sector sigue pidiendo lo que es justo. Y sus demandas van directas hacia el Gobierno.

Exigen el fin de la gran lacra de la industria cultural, la piratería. Porque según sus estimaciones, la impunidad ante este delito ya ha destruido 50.000 empleos. Y la cosa irá a más si no se pone pronto remedio. «Ha habido algo de voluntad por parte de los de arriba, pero al final ha sido mucho ruido y pocas nueces», lamenta Carlos Grande, portavoz de Anemsevi. No piden nada nuevo. Solo poder competir en igualdad de condiciones. «Netflix y el resto de plataformas son competidores, pero juegan también igual que nosotros y contribuyen a monetizar el sector», sentencian desde la asociación. En la corporación creen que puede haber consumidor para todos, siempre y cuando las reglas del juego sean igualitarias.

Mientras tanto, la industria sigue evolucionando para intentar tapar los huecos que han ido dejando los negocios que naufragaron. «No se ha reducido el interés por la cultura y el lugar dejado por los videoclubs no ha sido ocupado por ninguna otra opción, ni siquiera por el digital», asevera Grande. Todo el sector espera que el tiempo haga justicia. Mientras tanto, los supervivientes siguen peleando.

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