Belarmino Filho: «La venta nos permitió expandirnos»

Marcos Fidalgo

MERCADOS

Marcos Fidalgo

De ADN gallego, el empresario del grupo Rubaiyat administra nueve restaurantes en cinco países del mundo, un verdadero imperio gastronómico que atiende a alrededor de un millón de clientes al año. La historia de este negocio la inició su padre, Belarmino Iglesias, un emprendedor gallego que viajó a Brasil únicamente con un dólar en el bolsillo

09 nov 2016 . Actualizado a las 10:18 h.

Belarmino Filho tiene dos teléfonos, uno para los asuntos de Brasil y otro para los de España. Sus hijos viven en Madrid, donde funciona desde el 2005 el primer restaurante Rubaiyat abierto fuera del Brasil. Hoy ya son nueve sedes en cinco países, un verdadero imperio gastronómico que atiende alrededor de un millón de clientes al año.

La historia del Rubaiyat comenzó a ser construida por el padre de Belarmino (Belarmino Iglesias), un gallego que viajó a Brasil con solo un dólar en el bolsillo. En São Paulo, Belarmino padre trabajó de albañil, vendedor y camarero, antes de empezar como socio en el Rubaiyat, en el año 1957. Cinco años después, decidió comprar la parte de los otros accionistas y asumir el restaurante, convirtiéndolo, a lo largo de las décadas, en uno de los más sofisticados y reconocidos de la ciudad.

En el 2012, después de que su padre sufriera un infarto cerebral, Belarmino Filho pasó a controlar los negocios. Actualmente, él y su hermano Carlos poseen un 30 % de participación en el Rubaiyat. Vendieron el 70 % restante al grupo español de inversores Mercapital. Esta operación permitió al imperio que inició un emigrante gallego en Brasil ampliar a cuatro restaurantes más, dos de ellos fuera de Brasil (uno en Santiago de Chile y otro en la Ciudad de México).

—¿Cómo comenzó su relación con el restaurante?

—Mis hermanos y yo crecimos dentro del Rubaiyat, jugando con los camareros. En nuestra familia no había ocio, solo trabajo, éramos la típica familia gallega. Mi padre no quería bajo ningún concepto que siguiéramos sus pasos. Él quería que estudiáramos y fue lo que hicimos. Frecuentamos los mejores colegios de Brasil, antes de trasladarnos a Londres, donde complementamos nuestros estudios.

—¿Y cuándo empezó a trabajar en el Rubaiyat?

—Tenía 23 años, trabajaba en un banco en aquella época, en 1982. Una noche, yendo de Galicia a Madrid en un tren cama, mi padre dijo que iba a vender los restaurantes cuando regresara a São Paulo. Le dije que sería un pésimo negocio, explicándole que vendría una inflación que iba a comerle todo el rendimiento de las ventas. Cuando llegamos a Madrid, me dijo que aquel que no vende compra de nuevo y me ofreció un 10 % del restaurante. Yo acepté y así empecé a trabajar con él, siguiendo todos sus aciertos y errores. Estuvimos juntos en todas las alegrías, locuras y decepciones.

—¿Cómo fue la relación con su padre en los negocios?

—Bajo un árbol frondoso es difícil conseguir un lugar al sol. Solo fue a los 50 años, tras asumir el papel de gestor, cuando me volví padre de mi padre.

—¿Cuál fue la gran lección que aprendió de él?

—Siempre me decía que yo tenía que dar ejemplo; tienes que ser un modelo para tus empleados. Nunca te emborraches, el restaurante es tu lugar de trabajo. Decía también que teníamos que ser correctos y justos, pero sin permitir que un cliente faltara el respeto.

—¿Cómo fue la venta al fondo Mercapital?

—La venta nos permitió expandir la empresa, hoy estamos en cinco países: Brasil, Argentina, Chile, México y España. Pero al principio nos dolió, vender nunca es fácil. No obstante, después pude respirar. Mi papel hoy es asegurar el buen funcionamiento de la compañía, algo que me obliga a viajar bastante para ver cómo van las casas. Soy una especie de camarero volador.

—¿Cómo es su relación con los restaurantes?

—Digo que son mis 9 hijos. A veces llego cansado tras un vuelo de 10 horas y, aunque dan quebraderos de cabeza, me dan mucha energía. Esta es mi vida y amo lo que hago.

—¿Y cuál sería su principal motivación como gestor?

—Seguir perpetuando este negocio. Este es mi sueño.

—¿Cuántos empleados tiene hoy Rubaiyat?

—Son mil trabajadores, todos formados en el Rubaiyat. No hay un camarero, un jefe de cocina siquiera que viniera de fuera. Indirectamente, también somos responsables de 310 niños en edad escolar, los de cada uno de nuestros empleados. Aquí ningún hijo de empleado se queda sin estudiar. Además, tenemos una fundación en Galicia que administramos con el apoyo de la Xunta. Por eso digo que nuestra vocación va mucho más allá de servir a los clientes.

—¿Cómo se están enfrentando a la crisis financiera que vive Brasil?

—Está siendo un año muy difícil, tuvimos una caída de un 15 % en el número de clientes. No obstante, hemos aprendido mucho de esta crisis.

—¿Qué lecciones les ha dejado la situación económica de España?

—La crisis en España nos dio agilidad, nos enseñó que es preciso intervenir rápidamente, y que hay que tener un plan de contingencia para enfrentar todas las situaciones posibles.

—¿Qué influencia cree que tienen sus orígenes gallegos en los negocios?

—La determinación. Es algo que llevo conmigo en mi ADN. El carácter rústico de la gastronomía de Galicia también es algo que nos ha influenciado mucho. Si fuéramos emigrantes catalanes, por ejemplo, creo que seríamos un restaurante más sofisticado. Pero no, somos una verdadera taberna galega.

—¿Tienen previsto abrir algún nuevo restaurante?

—Ahora mismo estamos en un momento de consolidación. Pero para el próximo año pensamos en abrir un nuevo restaurante en la Península Ibérica, quizá en Lisboa.

—¿Viaja regularmente a Galicia?

—Si, vuelvo a Galicia siempre que puedo. Este año estuve con mis hijos durante la cosecha de las uvas. En Galicia encuentro una paz que no sé de dónde viene. Es el lugar donde mejor duermo.

Antes de iniciar la entrevista, Belarmino Filho pide una botella de Pazo de Rivas, el vino producido por la familia en la propiedad que mantiene en su tierra natal, la aldea lucense de San Miguel de Rosende, donde los Iglesias también administran una escuela de hostelería.