La radiación ultravioleta conquista al pan

La Comisión Europea ha aprobado el tratamiento de este alimento con rayos UV. Los expertos aseguran que tras aplicarle radiación, se aumenta el contenido de vitamina D y el valor nutricional del producto tradicional


Mientras que una parte de la sociedad reclama -cada vez de manera más vehemente- que se promocionen los alimentos naturales; otra parte, generalmente la industria, sigue en la búsqueda de fórmulas que permitan mejorar las propiedades y formas de conservación de los productos que visten cada día las mesas de los consumidores.

Y el último en dejarse seducir por estas mejoras artificiales ha sido el pan. Esta tradicional vianda podrá ser tratada a partir de ahora con radiación ultravioleta, un proceso que permite aumentar su contenido de vitamina D y que, según explican los expertos, mejora el valor tradicional con respecto a los panecillos más tradicionales.

Bruselas ha dado luz verde a un proceso que, sin embargo, contará con algunas restricciones. Porque para asegurar la salud y seguridad de los ciudadanos, las empresas que opten por mejorar sus comestibles con las radiaciones ultravioletas tendrán que cuidar los límites exigidos.

Europa ha establecido algunas líneas rojas. De esta forma, el pan tratado con radiación ultravioleta tendrá un nivel máximo de tres microgramos de vitamina D2 por cada 100 gramos .

Además de las restricciones en cuanto al tratamiento, otra de las exigencias que ha planteado Europa es la de la información. El consumidor tendrá que ser consciente en todo momento de qué es lo que está metiendo en su cesta. Por ello, los Veintiocho exigen que el pan que se venda tratado de esta forma tendrá que incorporar en su etiquetado -de manera que pueda ser fácilmente legible- la mención «Contiene vitamina D producida por tratamiento con radiación ultravioleta».

Los detalles

Este novedoso proceso no afectará en principio ni a la forma ni al sabor del pan tal y como hoy lo conocemos. De esta forma, los comestibles tratados consistirán en panes y panecillos con levadura a los que se aplicará un tratamiento de radiación ultravioleta justo después de su cocción, de tal forma que los fabricantes consigan transformar el ergosterol -un precursor biológico o provitamina- en vitamina D2.

Aunque finalmente Europa ha decidido entrar por el aro, el proceso de aprobación no ha sido sencillo. Las autoridades europeas se han tomado su tiempo. Los resultados primaban y tras más de dos años de análisis, y con resultados en la mano, han decidido dar un paso adelante.

Después de que la empresa Viasolde AB evidenciara las pruebas de que la radiación permitía mejorar los aportes del pan, quien se encargó de dar el primer paso fueron las autoridades finlandesas. Su visto bueno fue determinante para que a su carro se sumara Europa, que sin embargo tuvo que tomarse su tiempo -dos años concretamente- para lanzarse. El proceso ha tenido que salvar algunos escollos. En primer lugar el examen minucioso de los Estados miembros, que tras la exposición de los expertos decidieron dejar la decisión final en manos de la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (Efsa). Tras la evaluación adicional de este organismo, Europa presentó un dictamen científico sobre la seguridad de este pan, al que dio el calificativo de «nuevo alimento», permitiendo así su comercialización en todo el territorio del Viejo Continente.

El continuo afán de los productores y distribuidores de convencer a sus clientes a través de los ojos, lleva a las grandes superficies a apostar por la discriminación de aquellos alimentos poco estéticos entre sus estanterías. Frutas y verduras perfectamente aptas para el diente, quedan completamente excluídas de las despensas por pequeños defectos. Y en este anhelo de engalanar los estantes, los distribuidores de alimentos se apuntan al uso de algunos artificios como la cera. Frutas como las manzanas o las peras y verduras como los pimientos o los pepinos se cubren de forma natural de una capa de cera con la que los fabricantes pretenden ayudar al alimento a resistir la pérdida de humedad, mejorar la firmeza o ralentizar el proceso natural de degradación de los mismos.

Lo cierto es que la mayor parte de las frutas y verduras tienen su propia capa de cera natural, un añadido que se elimina después de la recolección, cuando son lavadas antes de enviarse al supermercado. Es en este momento cuando los productores aplican su cera artificial, un añadido que está regulado de forma rigurosa por la Unión Europea y que en ningún caso supone un problema para el consumidor.

Los agentes más habituales son la cera de abeja y la de carnauba, cuya eliminación se consigue simplemente lavando bien la pieza antes de ingerirla.

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