Políticas económicas frente a una evidente decadencia demográfica

Las políticas económicas en Galicia deberían orientarse a fomentar la fertilidad, evitar la huida de jóvenes en busca de mejores oportunidades y favorecer la conciliación


Año tras año, la publicación de las cifras demográficas de nuestro país evidencian lo que, sin duda, debe ser calificado como una catástrofe demográfica. Galicia es la región más envejecida de Europa, acumula siete años consecutivos de pérdida poblacional y su pirámide de población hace tiempo que dejó de tener una base que soporte a su pico. Estos aspectos tienen unas consecuencias económicas evidentes en cuanto al sostenimiento de una población que se hace mayor cada año que pasa.

Si desfavorable es el presente, mucho más es el futuro en tanto en cuanto no se dé solución a una situación clara y evidente en la actualidad. ¿Cuál es el incentivo de una pareja a tener hijos hoy en día? Pues pocos o ningunos, si atendemos al condicionante fundamental que guía nuestras decisiones que es la economía. Desde este punto de vista, el tener hijos supone una merma en la calidad de vida de la unidad familiar al tener que repartir los mismos recursos entre más miembros. Si además pensamos (afortunadamente no todo el mundo lo hace así) que el futuro de los que no han tenido descendencia tendrá que ser garantizado por los hijos de las familias que más sacrificio económico han hecho, todo ello nos lleva a un punto carente de toda racionalidad.

Y siguiendo con esa racionalidad, para aquellas parejas que tienen vocación hereditaria (que también las hay), muchas veces esos deseos se ven frenados ante la ausencia de expectativas económicas con un mínimo de garantías. Es decir, pese a que ellos quieren, sus deseos se ven frenados por condicionantes económicos.

Por todo ello, la demografía debe entrar de lleno en las políticas económicas y dejar de ser solo un motivo de preocupación que figura en muchos discursos, pero con poca aplicación práctica. En este sentido, el Foro Económico de Galicia redactó hace un par de años un documento con una serie de propuestas y recomendaciones que siguen estando plenamente vigentes y conviene recordar. Todas ellas estaban basadas en tres objetivos fundamentales que deberían constituir los ejes de actuación prioritarios: fecundidad, emigración y conciliación. Son términos que se manejan habitualmente en el discurso político, pero que no tienen una traducción en materia de políticas económicas.

Así en concreto, el primero de los objetivos de elevar las reducidas tasas de fecundidad de nuestra población precisaría la articulación de un amplio consenso político y social que, aunque parezca extraño, aún no existe en nuestra sociedad. En este sentido, cabría mencionar como políticas a llevar a cabo una modificación de las condiciones institucionales del mercado de trabajo que permitiera corregir el hecho de que las dificultades empresariales sean pagadas muy mayoritariamente por el segmento de la población menos protegido (en forma de no renovación de los contratos). Esta reforma debería fomentar el ajuste vía tiempo de trabajo, favoreciendo la flexibilidad interna a las empresas.

De manera complementaria convendría ajustar el nivel educativo a las necesidades de un aparato productivo con superiores niveles de productividad. Esta actuación abordaría las tres áreas siguientes: la oferta educativa preescolar (esto es, los niños de 0-3 años) que eleva de forma persistente las cualificaciones, la reducción del abandono educativo temprano que tiene consecuencias a lo largo de toda la vida activa y el fortalecimiento de una formación profesional dual de calidad y conectada con las necesidades del mercado laboral.

El segundo objetivo estaría focalizado en reducir las salidas de los emigrantes gallegos (fundamentalmente los jóvenes) que buscan fuera oportunidades que aquí no encuentran y, simultáneamente, facilitar el retorno de emigrantes que ya se encuentran en el exterior. Con esta finalidad sería necesario potenciar los dispositivos de acogida de los emigrantes retornados a través de medidas tales como la simplificación administrativa (que permita la localización de propiedades o el reparto de herencias). También en este sentido cabría una actuación en materia fiscal mediante bonificaciones que permitan tanto la rehabilitación de viviendas como la puesta en producción de tierras. Este paquete de medidas podría estar complementado por proyectos de autoempleo que evitasen el drenaje poblacional actual.

Otro ámbito de atención dentro del objetivo de la emigración vendría dado por la educación, principalmente en la universitaria y preescolar. En el contexto universitario cabría diseñar políticas dinámicas tendentes a captar alumnado de origen o vinculación gallega en los países con presencia de gallegos emigrados para vincularlos con Galicia y con su realidad. Por lo que se refiere a la etapa preescolar, la experiencia de países con políticas activas en esta materia demuestra que este es factor clave. Por ello cabe insistir en la necesidad de dotar de escuelas infantiles públicas de cero a tres años garantizando una cobertura total al conjunto de la población. De manera particular y con clara relación con el objetivo precedente, este esfuerzo dotacional se debería centrar en empresas grandes y polígonos industriales.

Finalmente, pero no por ello menos importante, un tercer objetivo buscaría conciliar la vida laboral y familiar, especialmente importante en el caso de mujeres con hijos. Las iniciativas realizadas hasta la fecha han tenido incidencia en el ámbito público, pero no así en el privado. En consecuencia, se precisa dentro de las negociaciones colectivas de las empresas privadas, fomentar y promover decididas medidas de conciliación familiar. El fomento del trabajo a tiempo parcial con carácter temporal, el teletrabajo o la formación a distancia deberían pasar de ser una utopía a una realidad, especialmente para el colectivo de padres con hijos menores de seis años.

Sirvan estas propuestas, a modo de aproximación, como una batería de medidas que deberían ser implementadas en un corto-medio plazo para cambiar el rumbo del problema más importante al que se va a tener que enfrentar nuestra sociedad. En la medida que no seamos capaces de aportar racionalidad a una situación que, tal y como está ahora, no la tiene, las posibilidades de solucionarlo serán muy escasas. Para esto está la economía, para poner sus instrumentos y políticas al servicio de los problemas económicos de un territorio. Sin lugar a dudas nuestro comportamiento demográfico constituye uno de estos problemas, aunque a algunas personas aún les cueste entenderlo. 

Por Patricio Sánchez Fernández Subdirector de GEN (univ. de Vigo)

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