Crecimiento lento para rato


No puede decirse que en la reciente cumbre del Fondo Monetario Internacional se respirara un ambiente precisamente optimista sobre la evolución de la economía mundial en los próximos meses, e incluso años. Más bien todo lo contrario. La publicación de referencia del organismo (Perspectivas de la economía mundial, abril, 2016) se hace eco de ese tono un tanto lúgubre, para establecer previsiones claramente peores que las formuladas hace seis meses o un año. Aunque este punto ha tenido una amplia difusión por parte de la prensa internacional, se ha destacado menos que la probabilidad de que acontezca una nueva recesión -y ya sería la tercera en solo ocho años, algo verdaderamente insólito- han aumentado considerablemente en el último año: en Europa, por ejemplo, según el FMI, esa probabilidad habría escalado hasta un 35 %, con una subida de cerca de diez puntos, y mayor aún sería para los casos de Japón, América latina y el «resto del mundo» (la gran excepción seguiría siendo la norteamericana).

Pero lo más significativo está en las perspectivas de cara al largo plazo. El propio título del documento es de lo más explícito y revelador: «Crecimiento demasiado lento por demasiado tiempo». No es nuevo que el escenario de una japonesización de la economía europea, con un entorno global de expectativas descendentes, sea considerado como una posibilidad muy real; sus características más visibles serían los esfuerzos poco exitosos para reducir los letales niveles de deuda, el bajo crecimiento, la pobre tensión en los factores de demanda, y los continuados coqueteos con la deflación. Pues bien, el FMI, que suele jugar a todas las bandas -dándose con frecuencia la réplica a sí mismo-, parece decantarse ahora hacia la tesis del estancamiento secular, aunque sea en un versión muy matizada (en sus previsiones, en todo caso, se trata expresamente de esa posibilidad de estancamiento a largo plazo, como escenario verosímil).

Lo que más llama la atención en estas revisiones son los nuevos cálculos sobre la duración de la crisis. Según el conocido análisis de Carmen Reinhart y Ken Rogoff, en términos históricos el tiempo medio necesario para la recuperación de la renta per capita, para un gran número de países que experimentaron fuertes crisis financieras desde 1860 fue de siete años. Durante la primera fase de esta crisis se especuló mucho en torno a que algo así podría ocurrir ahora. Sin embargo, como la propia autora mencionada en primer lugar acaba de recordar en un artículo, según las actuales proyecciones del FMI, en la crisis actual el tiempo medio que tomará la recuperación de los niveles de renta previos al colapso para los once países más desarrollados será de más de nueve años. Por cierto, para el caso de España el cálculo se extiende hasta los once años (solo superado por Grecia e Italia, con quince, y por Portugal, con 12 años). 

Hace tiempo que sabemos que la denominación Gran Recesión para los acontecimientos económicos de los últimos años está de sobra justificada. Lo que ahora se nos dice cada vez de un modo más claro es que, si bien sus efectos más letales quedan ya afortunadamente atrás, su legado se proyectará aún durante un largo tiempo, sobre todo si lo único que se propone para combatirlo -junto a la ya vieja retórica de las reformas estructurales- es el uso de una política, la monetaria, que llevada ya casi hasta sus últimos límites, quizá no tarde mucho en resultar estéril. 

Por Xosé Carlos Arias Catedrático de Economía

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