Los excesos se pagan a plazos

Las posibilidades de financiación de las tarjetas de crédito no siempre son adecuadas para los consumidores, que pueden acabar pagando durante todo el año lo comprado en unos pocos días


Ahora que está a punto de terminar la época de excesos, toca sacar la calculadora y empezar a hacer cuentas. Y muy probablemente en muchos hogares el mayor disgusto lo traerán las tarjetas de crédito, grandes aliadas durante las últimas semanas, pero peligrosas compañeras en las venideras. 

Porque las pequeñas cartulinas de plástico son las culpables de muchas de las sorpresas de la cuesta de enero. Instrumento de financiación, estos soportes demoran el pago a final de mes y en algunos casos lo fraccionan a más largo plazo. Con un coste mensual, que suele ser fijo y estipulado por la propia entidad, existen varias posibilidades para cobrar los intereses derivados de su uso.

En primer lugar, las tarjetas de crédito permiten fraccionar la operación durante un número determinado de meses a través de una cuota fija mensual que incluye tanto el coste del producto que estamos financiando como los intereses que nos incluye la entidad. Esta es una de las modalidades más recomendables, ya que permite conocer el coste final de toda la compra y controlar mucho mejor los pagos. 

Pero no es la única posibilidad que otorgan las tarjetas. Otra opción es la contribución de una cantidad fija al mes que, a diferencia de la anterior, impide controlar cuándo se va a finalizar la operación de pago. Y es que de esta manera se pueden ir sumando nuevas compras a la tarjeta sin que varíe de forma alguna el pago que se realiza al final de cada período. El día 30 el usuario pagará la cantidad acordada con el banco -en la que ya viene sumado el tipo de interés- mientras se va descontando de la suma financiada. Uno de los mayores riesgos que se corren al optar por esta alternativa es el de estar abonando más en concepto de intereses que de pago. Y es que cuando las cifras que quedan por satisfacer en concepto de deuda de producto son muy pequeñas, es muy posible que acabemos costeando más intereses que otra cosa.  La tercera opción resulta muy parecida a esta, pero entraña todavía muchos más riesgos. Se trata 

de pagar un porcentaje sobre la deuda adquirida al final de cada mes. Este caso resulta de los más peligrosos, ya que de antemano desconocemos cuál es la cuantía que vamos a apoquinar cada mes -que dependerá del total de la deuda pendiente que mantengamos con la entidad- y aunque no vayamos añadiendo nuevas facturas, siempre quedará una cifra pendiente de satisfacer que genere intereses.

Con todas estas posibilidades, y tras la experiencia pasada por muchos usuarios, las asociaciones de consumidores mantienen un único consejo para todos los que vayan a tirar de la tarjeta en estas fechas de grandes y cuantiosas compras: evitar endeudarse en exceso. 

Usar bien esta fórmula de pago puede salvar a muchos de un buen susto y para ello, organizaciones como la OCU resumen en cinco principios básicos el uso de las tarjetas de crédito.

La amplia oferta y las jugosas promesas de entidades y tiendas están llenando las carteras de los consumidores de un sinfín de diferentes cartulinas de plástico. Craso error. Los expertos recomiendan tener una única tarjeta de crédito y otra de débito, ambas permiten cubrir las necesidades y reducen los costes al mínimo. Y es que disponer de demasiadas tarjetas entraña tres importantes riesgos. En primer lugar los costes -las comisiones de mantenimiento de las mismas pueden resultar muy elevadas-, pero además hay que tener en cuenta que a más tarjetas mayor riesgo de caer en un fraude. Aunque el mayor peligro seguimos siendo nosotros mismos. Disponer de un amplio crédito puede conducirnos a utilizar el dinero sin cabeza y acabar sobreendeudados.

«Las tarjetas de crédito permiten la opción de aplazar el pago en varias cuotas. Sin embargo, esta solución tiene un coste elevado, ya que el tipo de interés que se paga por el aplazamiento suele ser bastante alto, superando a menudo el 20 % TAE», resumen los expertos financieros de la Organización de Consumidores y Usuarios. 

A las recomendaciones de esta entidad se unen otras voces expertas del resto de organizaciones, que consideran mucho más oportuno aplazar una única compra y prescindir de los otros modelos de pago. El pago de una cuota fija al mes, aseguran, supondría aplazar constantemente todo el gasto realizado con la tarjeta, conduciéndonos a un uso continuo de un crédito que en ocasiones ni necesitamos. Para aquellas tarjetas que solo dan la opción de aplazar absolutamente todos las facturas contraídas, los expertos de la OCU recomiendan utilizarla únicamente para abonar compras puntuales que deseemos aplazar. 

Además, en caso de tener recibos aplazados con tarjeta, lo más oportuno es cancelar anticipadamente toda la deuda pendiente una vez se disponga de la liquidez necesaria. «La comisión máxima por cancelación no puede superar el 0,5 % del capital sin abonar si la fecha de vencimiento es inferior año, y del 1 % si es superior», recuerdan.

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