Mamá siempre lo sabe todo

Los movimientos de los menores de edad, especialmente en el universo digital, traen de cabeza a los padres de este milenio que, tras asimilar que de momento nada se puede hacer contra el enemigo, han decidido beneficiarse de él 


La letra de su generación es la Z, hijos del nuevo milenio. Llegaron al mundo cuando Internet ya era uno más en la familia, no saben ni por asomo para qué sirve un walkman y el teléfono fijo no es para ellos mas que un mero objeto decorativo. Como un viejo tocadiscos o un transistor de los años cincuenta. Sus padres, nacidos en el siglo pasado, suman a las preocupaciones que vienen de fábrica al traer a un niño a este mundo sus paseos por el universo digital, ese vasto contenedor de información en el que no existen los límites y la mentira está a la orden del día. La Unión Europea se propuso hace tres años garantizar la privacidad de la información personal en la red y, de paso, echarle un cable al progenitor del siglo XXI. Inició un arduo proceso de negociaciones que tuvo como resultado un texto, todavía en el aire, que pone a raya a las empresas que almacenan y gestionan los datos del internauta y que incluye un apartado, entre los más polémicos, que establece que los adolescentes europeos deberán contar con una autorización paterna para poder navegar y utilizar las redes sociales.

De momento, a la espera de su aprobación y concreción -¿a qué mecanismos recurrir para velar por su cumplimiento? ¿De qué manera se va a restringir este acceso?-, nada impide a los menores campar a sus anchas por un terreno en el que se han criado y a sus padres, conscientes de que ponerle puertas al campo es derrochar inútilmente su energía, utilizar la tecnología en beneficio propio. Si no puedes contra el enemigo, al menos exprímelo. ¿Cómo? A través de aplicaciones que se instalan en los teléfonos de los adolescentes y que permiten vigilar sus movimientos, dentro y fuera del aparato.

En Corea del Sur es una obligación. La ley establece que todo teléfono de un menor debe estar equipado con una herramienta que rastrea todos sus movimientos. Sin esta app, el móvil no funciona. Los padres saben dónde están sus hijos, qué programas utilizan y con quién hablan. Y reciben alertas cada vez que en una conversación aparecen palabras problemáticas como «embarazo», «suicidio» o «acoso». La supervivencia de la norma surcoreana se encuentra, sin embargo, en entredicho. Las dudas sobre la fiabilidad de «Smart Sheriff» -el software más popular, promovido por el Gobierno- y las voces críticas, que consideran que la ley legaliza el espionaje, han puesto en la encrucijada al país, que ya estudia convertir la imposición en opcional.

De forma menos radical, padres españoles llevan tiempo monitorizando la actividad de sus hijos a través de dispositivos inteligentes. Se instalan en el teléfono del menor y funcionan como fuente de información. Aportan coordenadas exactas de dónde se encuentra, reflejan lo que busca en Internet, supervisan el listado de llamadas. Las hay que permiten activar la cámara del móvil del hijo desde el dispositivo del padre para comprobar el lugar en el que está y con quién. Y  desde algunas se puede incluso bloquear y apagar el terminal de la otra persona. 

«DÓNDEESTÁ»

Hace seis años, nació en Barcelona DóndeEstá a raíz de un angustioso episodio: una madre que no encontraba a su hijo. Tras pasarse toda una tarde buscando al pequeño, al vecino de la mujer se le encendió la bombilla. Fue el germen de una aplicación que hoy utilizan 60 millones de familias. Localiza a sus usuarios en un mapa, en cualquier momento y en tiempo real; envía notificaciones cuando los niños llegan a la escuela y salen de ella, también cuando están o no en casa; y mantiene en contacto a toda la familia. La herramienta, que apela al sentimiento de tranquilidad, cuenta con una variante, de momento solo disponible en México: DóndeEstáAuto. Incluye un dispositivo que se coloca en el coche, a través del cual se envían coordenadas. Así, los padres saben cuándo sus hijos están conduciendo y dónde se encuentran, reciben notificaciones si se alejan de zonas seguras y alertas si sobrepasa los límites de velocidad.

IGNORE NO MORE

Es el aliado perfecto de los padres con hijos despistados, poco atentos a la hora de dar señales de vida.  Parió esta aplicación una madre cuyo hijo la ignoraba por completo por puro gusto, no porque nada malo le sucediese. Así que, cansada de que nunca respondiese a sus llamadas, decidió que la mejor solución era un herramienta que bloquease el terminal del menor siempre que ella lo considerase oportuno. Es como una llave. Permite inutilizar un móvil en la distancia a través de un código. Para recuperarlo, el dueño del teléfono tiene que llamar a los contactos de una lista. Creada, por supuesto, por sus padres. 

TEEN SAFE

Se cuela en la lista de servicios de vigilancia más populares. A diferencia de los anteriores, permite chequear la actividad del menor también desde el ordenador y no deja huella. Los padres pueden colarse así, como si de un Gran Hermano se tratase, en todos los mensajes enviados y recibidos -aunque hayan sido borrados-, en el historial de navegación y en el de ubicación -saber dónde han estado sus hijos- y, lo más interesante, en sus perfiles de Facebook e Instagram.

My Mobile Watchdog

La ventaja de esta opción es que los padres pueden restringir el acceso de sus hijos a determinadas páginas y aplicaciones en intervalos temporales. Por ejemplo: durante las horas de clase . La desventaja, que, mientras otras herramientas son completamente invisibles para el menor, My Mobile Watchdog muestra un icono cuando se activa. El usuario sabe cuándo sus padres lo están vigilando. Y estos, a cambio, tienen vía libre para colarse en los mensajes de texto, en las fotos y en el historial de llamadas.

FILIP

¿Y qué pasa con lo más pequeños, los que no viven todavía enfrascados en la pantalla de un smartphone? También para seguir sus pasos existe tecnología específica. El último invento en aterrizar en el mercado llega de la mano de Telefónica, un reloj inteligente para niños de entre 4 y 11 años que permite la comunicación entre padres e hijos. Gracias a él, los primeros están al tanto de dónde se encuentran los segundos, que pueden ponerse en contacto con un adulto siempre que lo necesiten simplemente apretando un botón.

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