París marca el punto de partida hacia la «descarbonización» de la economía

MERCADOS

juan salgado

La cumbre del clima no solo supondrá un pacto para reducir el calentamiento global, sino que abre el camino hacia un nuevo modelo energético. Los países asumirán un coste de 12 billones de euros

06 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Evitar que la temperatura media del planeta sobrepase los dos grados centígrados de aquí a fin de año con respecto a los niveles preindustriales (1880). Es el tope máximo, la cifra simbólica a partir de la cual se considera que el  cambio climático puede llegar a ser irreversible y con impactos mucho mayores para la economía y la sociedad de los que ya se están observando. Y es también el objetivo que se han marcado las 196 partes -195 países más la Unión Europea, que actúa con una voz única- que desde el pasado lunes y hasta el viernes de la próxima semana se reúnen en París para intentar por primera vez en la historia alcanzar un pacto global, que involucre a todos los Estados. Pero, independientemente de que el acuerdo sea más o menos ambicioso, vinculante o no, de la conferencia convocada por la ONU saldrá algo más que un compromiso para salvar el clima. Supondrá el inicio de un nuevo modelo energético y por tanto económico, el punto de partida hacia la llamada descarbonización del planeta en el que los combustibles fósiles (carbón, petróleo o gas natural) irán cediendo progresivamente su peso en favor de las fuentes limpias y alternativas.

Será una transición que exigirá un coste aún no determinado, pese a que existen informes de todo tipo que apuntan por dónde pueden ir los tiros, aunque la verdadera pregunta es otra: ¿es más caro o más barato adaptar la economía mundial hacia un nuevo modelo que el impacto que tendrán en las economías los impactos del cambio climático en forma de sequías, inundaciones, elevación del nivel del mar y los múltiples problemas de salud asociadas a esta transformación global si no se actúa a tiempo? De momento ya hay una cifra sobre la mesa: 12,4 billones de euros. Es la cantidad en la que cifra la  Agencia Internacional de Energía (AIE) el coste de los compromisos voluntarios que hasta el momento han suscrito 185 países para reducir sus emisiones de efecto invernadero. Es una primera aproximación, pero hay que tener en cuenta que estos objetivos de reducción son insuficientes para limitar el calentamiento a dos grados. Con estas aportaciones, la temperatura media del planeta subiría entre 2,7 y 3,5 grados. De ahí que de París se espera que salga un mecanismo por el que los Estados se comprometan a revisar al alza sus reducciones cada cinco años.

La factura

¿Quién pagará la factura? Es otra de las cuestiones que continúan en el debate. Los países emergentes y en desarrollo pretenden que la cantidad, dirigida fundamentalmente a renovar su modelo energético con tecnologías renovables, sea abonada en su mayor parte por las naciones industrializadas, con el argumento de que en el último siglo han sido las grandes causantes de la liberación a la atmósfera de dióxido de carbono y demás gases de efecto invernadero, lo que a su vez les ha permitido fortalecer sus economías. Para ello se creó en la conferencia del clima de Cancún, en el 2010, el Fondo Verde para el Clima, que se pretende dotar con 95.000 millones de euros anuales. Queda mucho para alcanzar el objetivo y habría que añadir los gastos de adaptación al cambio climático para sufragar los impactos que los países más vulnerables ya están sufriendo y que lo harán cada vez en mayor medida. El Banco Mundial cifra este añadido en entre 25.000 y 95.000 millones anuales más.