El impacto fiscal de la economía sumergida

En un trabajo publicado por Funcas tres economistas gallegos del grupo de investigación GEN elaboran un oportuno resumen de los estudios, nacionales e internacionales, realizados en las últimas décadas tanto sobre la cuantificación de la economía sumergida como sobre el fraude fiscal con ella asociada.


Resumir y divulgar lo que conocemos sobre el fraude -en estas fechas- especialmente oportuno en la medida en que los ingresos públicos dejados de percibir a causa de la existencia de actividades que por ser ilegales o simplemente irregulares (no declarar sus movimientos) podrían muy bien reducir en buena medida los graves problemas de déficit público y de deuda pública acumuladas.

Y evitar, con ello, los recortes en los servicios públicos básicos (sanidad, educación, protección social). Sin olvidar que, al mismo tiempo, reducir las bolsas de economía sumergida que registre España aliviaría a los sectores que actualmente soportan la financiación del sector público, sectores que están sosteniendo una carga fiscal excesiva. De manera que se evitarían problemas de estabilidad de la cuentas públicas y de distorsión en su mantenimiento.

Lo primero que cabe decir sobre la estimación de la economía sumergida en España es que no disponemos de estimaciones oficiales como en otros países europeos. Sin embargo, son numerosas las valoraciones que, siguiendo distintos métodos de cálculo, cuantifican esta cuestión para España y otros países europeos, o bien específicamente solo para España. Quizás el de mayor alcance y referencia sea el realizado para el Parlamento Europeo (Murphy, 2012) con datos del año 2009 que, entre como muchos otros, se resume en la publicación de Funcas que estamos reseñando en este breve informe (http://www.funcas.es/publicaciones/Sumario.aspx?IdRef=7-05768). 

Los sectores más expuestos

Del conjunto de estudios revisados por los autores se deduce que los sectores de actividad en los que la economía sumergida está más presente serían los de construcción, comercio, restauración, inmobiliario, transporte y alquileres. También que la economía sumergida aparece en España muy vinculada a situaciones de desempleo. 

La estimación media de su volumen se sitúa en un 22 % para el año 2009, lo que supone un nivel ligeramente inferior a la media de la UE 27.

Esta cifra supone el haber alcanzado un nivel creciente y máximo para el período 1965-2013, tal como visualizamos en un primer gráfico. Porque se habría partido de un nivel del 10 % en los años 70 para superar el 20 % en la década de los 90; desde entonces, con ligeras oscilaciones, nos moveríamos entre el 21 y el 23 %.

Como se señala en el documento de trabajo de Funcas, si entre los años 1980-2008, el PIB sobre la riqueza española se duplicó, la economía sumergida se habría cuadriplicado. Sin duda, es este un problema que se habría ido agravando con el paso del tiempo. A nivel territorial, las estimaciones disponibles sitúan a Galicia entre las regiones con un mayor volumen de economía sumergida y al País Vasco entre las que lo tienen menor.

En la media europea

La situación española decíamos que anota un volumen de economía sumergida en la media europea. Pero conviene especificar que dicha media tiene una elevada dispersión. Que unos países están muy por encima y otros muy por debajo. Es por eso que en un recuadro presentamos los datos para dos grupos de países característicos: los países del sur de Europa, que están sufriendo en la actualidad graves problemas de desequilibrios presupuestarios; y economías del centro y norte de Europa, que suelen tomarse como referencias a seguir.

Como bien se observa, en la primera columna del recuadro, el nivel de la economía sumergida en el año de referencia (2009) es singularmente superior entre los países que vienen denominándose PIGS, con la excepción de Irlanda. Los Estados que tomamos como referencia (Alemania, Francia, Holanda o Austria) se sitúan en niveles de entre doce o siete puntos por debajo respecto del nivel español. De lo que se deduciría que la economía sumergida en España podría reducirse en un tercio de su nivel actual de situarse en línea con la de aquellos países.

El segundo problema analizado por los economistas del grupo GEN tiene que ver con el impacto fiscal de las actividades no declaradas. Se trata ahora de evaluar los ingresos dejados de percibir por la Hacienda Pública, fundamentalmente por la ocultación de las bases imponibles en actividades ocultas al fisco; cuantificar las pérdidas impositivas de la economía sumergida. Los datos se recogen en la segunda columna del recuadro para los países considerados.

Pérdidas y fraude

Debe aclararse que estas pérdidas impositivas no tendrían que coincidir con el fraude fiscal total, aunque sí con buena parte del mismo, en la medida en que existan usos inadecuados de la normativa fiscal en actividades que sí se declaran.

De nuevo, el nivel de los ingresos dejados de percibir se sitúan en España ligeramente por debajo (con un 6,8 % del PIB) respecto a la media europea (7 %). Cifra que coincide con la estimación realizada por el Consejo Económico y Social de España en el 2013. Pero un nivel de casi un 7 % de PIB en ingresos fiscales no recaudados habría evitado -en el año 2009- que el déficit público alcanzase un 11 %, permitiendo reducirlo a un 4 %; en el año 2013 habría permitido acabar sin déficit público alguno (ya que el anotado en España según Eurostat ese año alcanzó justo en 6,8 %).

Estamos hablando, como bien se ve, de un agujero negro que trastoca nuestro equilibrio presupuestario. Aunque no somos el país más desastroso sobre el particular. Aquí la palma se la lleva Italia (11,6 %) seguida de países como Estonia, Bulgaria, Hungría, Lituania o Eslovenia. 

Llama la atención que, sin embargo, nuestras pérdidas impositivas en relación al PIB no sean muy superiores a las de Alemania (6,8 % frente a 6,4 %). Como el nivel de economía sumergida en España es muy superior habría que suponer que en España se trate de actividades de menor valor añadido y de menor volumen de facturación que las de Alemania.

Para reducir estas pérdidas fiscales, los autores revisan finalmente los factores potenciales más o menos determinantes de las mismas. Sin despreciar la menor intensidad de nuestra moral fiscal, o la mayor presencia entre nosotros de la corrupción, en mi opinión un factor explicativo más directo es la menor presencia en España de los efectivos humanos necesarios para inspeccionar las bolsas de economía sumergida, su control y represión. Así mientras en España contamos con un trabajador en estas tareas por cada dos mil habitantes, la media europea es de uno por cada mil habitantes (en Alemania uno por cada 740 y en el Reino Unido uno por cada 929).

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