El alcalde que vino de Brasil

En junio de 1882, el emperador de Brasil, Pedro II, apodado el Magnánimo, designó comendador de la Orden de la Rosa al emigrante vigués Manuel Diego Santos. Tardó en enterarse el beneficiario: viajaba a bordo de un trasatlántico, de retorno a su tierra, cuando se publicó el decreto imperial. Al año siguiente, el indiano Manuel Diego Santos promovía en Vigo, desde la presidencia de la sociedad Recreo Artístico, la creación de una escuela de artes y oficios. Y no cejaría en su empeño hasta convertir el sueño en realidad.


Marzo de 1881. La Ilustración Gallega y Asturiana, que dirige Manuel Murguía, informa, haciéndose eco de los periódicos de Brasil, de la fiesta anual celebrada por Moreira, Santos e Companhia, principal fabricante de muebles de lujo en Río de Janeiro. La de este año tiene especial significado, porque la firma conmemora su décimo aniversario. Asisten como invitados, además de los operarios, autoridades y representantes de la prensa. Durante el banquete, dispuesto para más de 300 comensales, se acuerda auxiliar a las familias de Andrés Mineiro y Joaquin Martins, dos artistas que se hallan en «las garras de la miseria». Ejerce de maestro de ceremonias el director y copropietario de la empresa Manuel Diego Santos, quien atiende las reivindicaciones de los trabajadores -le piden la apertura de «un aula de geometría aplicada al arte de ebanista»- e invita a los presentes a entonar el Himno del Trabajo, junto a la orquesta contratada para la ocasión.

La compañía tuvo su origen en una carpintería montada, en 1850, por el portugués Francisco José Moreira. Sobre esa modesta base se constituye dos décadas después la sociedad en la que participa, como socio y gerente, el vigués Manuel Diego Santos. Los muebles fabricados por Moreira y Santos adquieren rápidamente gran prestigio. Están «elegantemente construídos das mais belas e preciosas madeiras do país» -jacarandá, palo rosa, aceitillo rojo...-, explica la publicidad de la empresa. En la fábrica, se dice en un documento oficial, «trabalham mais de 200 artistas livres», dato relevante habida cuenta de que la esclavitud no sería abolida en Brasil hasta siete años después.

SOCIEDAD BENÉFICA

Cuando la firma celebra su décimo cumpleaños, Manuel Diego Santos, cumplidos ya los 47 años de edad, es uno de los miembros más destacados de la colonia gallega en Rio. Preside la Sociedad Española de Beneficencia y no duda, en la memoria de la institución, en reprochar a sus compatriotas mejor situados su escaso apoyo a los emigrantes más humildes: «Jamás comprenderemos que los emigrados que tengan alguna fortuna dejen de coadyuvar con ella y con todas sus fuerzas al fomento y desarrollo de las sociedades protectoras de sus paisanos en tan remotas naciones».

ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS

Agosto de 1883. La sociedad viguesa Recreo Artístico celebra junta general. Su presidente, Manuel Diego Santos, se congratula del éxito cosechado por el certamen literario y musical organizado por la entidad. Los juegos florales, celebrados en el teatro-circo Tamberlick, habían contado con la presencia del tribuno Emilio Castelar, expresidente de la Primera República. Santos costeó de su bolsillo uno de los catorce premios literarios entregados: un magnífico tintero de oro y plata, representando al dios Marte, para el autor de la mejor composición poética dedicada «al trabajo».

En la misma junta, el indiano anuncia que el Recreo Artístico creará al año siguiente una escuela de artes y oficios en Vigo. Un par de años después, ahora desde la presidencia de la sociedad de socorros mutuos La Cooperativa, Santos persiste tenazmente en su idea. Viaja a Lourizán, residencia del todopoderoso Montero Ríos, quien se compromete a defender la iniciativa. Recaba el apoyo de Augusto Bárcena, el cual presidirá una comisión para llevar adelante el proyecto. Ambos cuentan asimismo con el respaldo de Eduardo Chao, presidente honorario de La Cooperativa.

La Escuela de Artes y Oficios de Vigo es inaugurada el domingo 26 de septiembre de 1866. El antiguo fabricante de muebles se ha salido con la suya. Santos, Chao y Bárcena ocupan aquel día la cabecera del estrado. El acto lo relata Xosé María Álvarez Blázquez en La ciudad y los días. Asiste mucho público al feliz parto. Abundan las levitas y las chisteras en el alumbramiento de la criatura engendrada por modestos artesanos. «Las ideas germinan como semillas», dirá Eduardo Chao.

Una subvención del Gobierno lograda por Montero Ríos, los recursos obtenidos mediante suscripción pública y la colaboración municipal han facilitado la creación del centro formativo. La escuela, de la que se hace cargo el ayuntamiento en octubre de 1888, ocupa primeramente un modesto inmueble construido ad hoc en terrenos de Augusto Bárcena. Después, ya en 1900, se traslada a un emblemático edificio proyectado por el arquitecto francés Michel Pacewicz y donado por el filántropo García Barbón.

TRAÍÑAS Y XEITOS

Octubre de 1901. Un grupo de desaprensivos apedrea la casa del «dignísimo concejal» concejal Manuel Diego Santos. «Escándalo en Vigo», titula el Diario de Pontevedra. La algarada, señala el periódico, bastaría para deshonrar al pueblo de Vigo de no ser «obra de cuatro alcoholizados». La cuestión no es tan sencilla: la agresión se inscribe en el marco del violento enfrentamiento que mantienen traiñeiros y xeiteiros en la ría de Vigo. La introducción del arte de pesca de traineras o cerco de jareta desató el conflicto a finales del siglo XIX. Miles de marineros, que utilizaban el tradicional xeito para la pesca de la sardina, vieron amenazada su supervivencia y declararon la guerra a la traíña. En julio de 1900, el Gobierno, bajo la influencia de Montero Ríos, prohibió pescar a las traineras a menos de tres millas de la costa. La real orden solo pretendía, según explicaba el Diario de Pontevedra, «dejar vivir tranquilamente a treinta mil familias» de Vigo y romper «el monopolio que unos cuantos capitalistas venían realizando en aquella ría». El conflicto pilló en medio a Santos, liberal y amigo del «cuco de Lourizán», y la turba, después de quemar un retrato de Montero Ríos y disparar armas de fuego contra la Guardia Civil, apedreó la casa del indiano.

ALCALDE EFÍMERO

Mayo de 1911. Una impresionante manifestación de duelo despide al alcalde de Vigo, Manuel Diego Santos, fallecido a los 77 años de edad. Presidente de varias sociedades benéficas, concejal por el Partido Liberal desde 1895, jefe del cuerpo municipal de bomberos, miembro del primer consejo de administración del Banco de Vigo, vicecónsul de Brasil en la ciudad, el indiano que había hecho las Américas en Río de Janeiro alcanzó el bastón de mando de la ciudad olívica un año antes de muerte.

Entierro del alcalde vigués Manuel Diego Santos, en mayo de 1911, fotografiado por José Gil. Superpuesto, retrato del indiano publicado en 1901 en «La Ilustración Española y Americana» | «vida gallega» | «la ilustración española y americana»

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