El riesgo del estancamiento

En un reciente documento de trabajo del Foro Económico de Galicia los profesores Antón Costas y Xosé Carlos Arias argumentan sobre las fuerzas de fondo que nos podrían estar abocando a una prolongada fase de estancamiento económico, entendido este como crecimientos del producto nacional que no superen, en tasas acumulativas, el 2 % anual. Los últimos datos de las principales economías mundiales parecen alimentar esa idea.


De confirmarse esta tendencia, sería esta una situación en la que habría que convivir durante décadas con tasas de desempleo, niveles salariales o de desigualdad socialmente insostenibles. Para razonar sobre estos riesgos a medio plazo podría ser conveniente evaluar retrospectivamente qué economías han padecido ya este problema y cómo han intentado solucionarlo. Esta evaluación la aplicaremos aquí a las economías de dos importantes estados federales que son protagonistas en la escena mundial: Estados Unidos y Alemania. 

En un primer gráfico presentamos las tasas de crecimiento entre los años 1996 y 2014 para Alemania y Estados Unidos. Al observarlo parece claro que, de las dos economías, la que más cerca se habría encontrado de una situación de estancamiento secular habría sido la alemana ya que solo en los años previos y posteriores a la gran recesión del 2008-2009 habría superado con claridad el listón del 2 % de crecimiento anual. Con la economía norteamericana sucede lo contrario salvo en ese bienio negro y en el de 2001-2002 en el resto de los años -de esas casi dos décadas- habría superado la barrera que podría considerarse de riesgo de estancamiento secular.

El factor determinante de dicha asimetría no debemos buscarlo en un mayor endeudamiento (ni público, ni privado) de Alemania respecto del que tenga Estados Unidos. La situación es justamente la contraria. De manera que debemos buscar en otra dirección.

Las presiones al estancamiento que acechan a la economía alemana se deben más bien a todo lo contrario: a un consumo de los hogares muy reducido que permite disponer de un ahorro nacional que desborda las necesidades de su endeudamiento externo. Como se sostiene en un lúcido análisis sobre la economía europea de los últimos años: «Alemania no ha sido una economía capitalista dinámica; su única fuente de dinamismo han sido las exportaciones» (Crisis en la eurozona, C. Lapavitsas, Capitán Swing, 2013).

Es por ello que en un segundo gráfico presentamos, solo para Alemania, el recorrido que ya nos es conocida de su crecimiento del PIB en relación a la evolución de su demanda interna (tanto consumo de los hogares, consumo público e inversión interna).

Solamente en dos años (2003 y 2013) el consumo y la inversión internos crecieron más que el conjunto de la economía. Si el conglomerado de la economía alemana podía calificarse de en riesgo de estancamiento secular, sin duda el motivo está en la atonía de su demanda interna. Como bien se señala en el citado análisis de Lapavitsas, tal estancamiento no es ajeno a la congelación de los salarios en aquel país durante más de una década.

Va a ser esta una situación inversa a la de los Estados Unidos. Porque mientras que Alemania mejora algo su ritmo de crecimiento global gracias al tirón de su demanda externa, en Estados Unidos será la demanda nacional la que les permita esquivar -mucho mejor que Alemania- el riesgo de estancamiento secular, un riesgo que favorecería su muy negativo comportamiento de la demanda externa. 

Alemania crecería menos que Estados Unidos a pesar de su mejor demanda externa o, dicho al revés, Estados Unidos crecería más gracias a su demanda interna.

Esta crucial asimetría la presentamos en un tercer gráfico en el que se observa la evolución en ambas economías de su balanza de bienes y servicios. La aportación de dicha balanza al crecimiento económico del país es positiva y creciente para Alemania y es negativa de manera permanente para los Estados Unidos.

En este punto habría que añadir varias consideraciones relevantes. En primer lugar que Estados Unidos habría conseguido frenar la erosión que su déficit externo provoca en su actividad interna con una política de devaluación del dólar que frena sus importaciones. 

En ese sentido, Alemania habría emulado -dentro de la UE- a los Estados Unidos. Si la primera economía mundial frena el crecimiento de su déficit externo evitando que otros devalúen su moneda respecto al dólar (con lo que así podrían exportar mejor hacia ese país), Alemania desde la introducción del euro habría conseguido que el resto de los países de la eurozona no pudiesen utilizar el principal instrumento del que disponían para laminar la creciente habilidad exportadora alemana: devaluar sus monedas.

Otra consideración, no menos importante, es tomar nota de que habría sido la economía norteamericana la detonante de la crisis financiera global del año 2007 al haber alimentado con endeudamiento, para el sector inmobiliario y el consumo familiar, una demanda interna que pudiese ser motor del crecimiento económico y antídoto contra el estancamiento. Aunque el coste de esquivar tal atonía económica fuese el de provocar una crisis financiera a escala global.

Estados Unidos buscó escapar del estancamiento endeudando una economía que pierde competitividad exterior, mientras que Alemania apenas consiguió evitarlo sacrificando su demanda interna para ganar competitividad exterior. 

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