Crisis migratoria en Europa: ¿un problema o una oportunidad?

Alemania apuesta por acoger a los refugiados e incorporarlos a su mercado laboral para mitigar la caída demográfica. Los expertos apuntan a un un impacto de apenas un 1 % en la economía de la UE y creen que apenas incidirá en el empleo o en los salarios


Parlamento Europeo. Martes 8 de septiembre. El ultraderechista polaco Janusz Korwin-Mikke se levanta de su escaño y toma la palabra en el pleno: «Son basura humana que no quieren trabajar». Ese es el calificativo que le brinda a los miles de refugiados que atraviesan las fronteras de la Unión cada día. Las cámaras enfocan a la vicepresidenta de la Cámara, Sylvie Guillaume. La francesa, con semblante irritado, le retira inmediatamente la palabra. No es la Alemania de los años 30, es la Europa del siglo XXI.

Los italianos de la Liga Norte, el Jobbik húngaro o los griegos de Amanecer Dorado. Todos repiten una y otra vez las mismas consignas. El líder del UKIP, el británico Nigel Farage, se refirió a ellos como «una plaga de dimensiones bíblicas». Desde el Frente Nacional, Steve Briois alerta de que «estos migrantes clandestinos permanecerán en territorio nacional durante mucho tiempo a cargo del contribuyente local». Su líder, Marine Le Pen, apela a la desesperación de los parados: «Es como escupir a la cara de los desempleados en Francia y Europa».

El discurso del miedo cala en la opinión pública, especialmente en la Europa del este, tradicionalmente emigrante, no receptora. Según el think tank FEPS, el 66 % de los ciudadanos húngaros piensan que los refugiados son «una amenaza para el país y que ninguno de ellos debe ser admitido». En Alemania, país que alcanzará este año las 800.000 solicitudes de asilo, la cifra se sitúa en el 39 %. ¿Hay razones que justifiquen este temor? ¿Puede la UE absorber a los 160.000 refugiados que exige Bruselas?

La respuesta es sí. No solo puede hacerlo sino que debe hacerlo, según los Tratados internacionales. Hay precedentes. En 1992, la guerra de los Balcanes obligó a los 15 países que conformaban entonces la UE a gestionar una crisis proporcionalmente mucho más aguda y ninguna de sus economías se vio desbordada. Los refugiados representan el 0,11 % de la población total de la UE: «Prefiero que la gente venga a Europa a que se vaya», aseguró el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, el pasado miércoles. El luxemburgués quiere que la crisis de refugiados deje de ser «un problema» para ser «un recurso».

Alemania toma nota. Aunque reticente al principio, Berlín abrirá sus puertas a los desplazados de Siria, Eritrea, Irak y otros países en conflicto. La canciller alemana, Angela Merkel, enmendará el presupuesto para aumentar la ayuda a la acogida e integración. Al menos 10.000 millones de euros se destinarán este año a cubrir todas las necesidades. Toca a 12.500 euros por refugiado, 6.000 de ellos desembolsados por Bruselas. ¿Por qué este cambio? El Gobierno ha hecho cálculos. 

Integración es inversión

La integración es una inversión: «Nos beneficiaremos de ellos también, necesitamos inmigración», reconoce la ministra de Empleo y Asuntos Sociales, Andrea Nahles. El país atraviesa una crisis demográfica histórica. Según estadísticas oficiales, podría perder entre 7 y 13 millones de personas de aquí al 2060. La baja natalidad y la alta esperanza de vida imposibilitan el relevo generacional y ponen en riesgo el futuro de las pensiones. Su economía depende de la llegada de nuevos trabajadores para seguir funcionando a pleno rendimiento: «En los próximos 20 años necesitaremos mucha más mano de obra de la que el país puede aportar», anunció el presidente de la patronal alemana, Ingo Kramer.

Al menos 500.000 puestos de trabajo quedarán vacantes durante ese período. El jefe de la Agencia Federal de Empleo (BA), Frank Jürgen, aplaca los temores de los más escépticos que piensan aquello de que la apertura de puertas puede quitarle trabajo a los nacionales o que serán una carga para el sistema: «De ninguna manera (...) Nuestro mercado laboral es estable y con capacidad de absorber más mano de obra. Las empresas tienen más vacantes que nunca». «El supuesto detrás de la teoría de que la inmigración equivale a un aumento del desempleo entre los locales se basa en que hay un número fijo de puestos de trabajo, y esa es una suposición falsa», explica el experto del Instituto alemán para el Futuro del Trabajo, Ulf Rinne.

Refugiados en Macedonia
Refugiados en Macedonia

La UE se encuentra inmersa en la misma crisis demográfica. El relevo generacional no está garantizado. Las estadísticas oficiales indican que en el 2050 habrá dos trabajadores en activo por cada jubilado, en lugar de los cuatro actuales. El dinamismo económico se va ralentizando. De seguir así, la UE podría perder un potencial de crecimiento entre el 2031 y el 2050 de 1,2 % del PIB. El envejecimiento poblacional ejercerá presión sobre la deuda pública. La Oficina británica de Responsabilidad Presupuestaria estima que la inmigración en el país puede reducir la presión de la deuda hasta el 73 % del PIB en el 2062. De no hacerlo, se disparará al 145 %.

Dan más de lo que reciben

La apertura de puertas, ¿hace peligrar las finanzas públicas? Contra los prejuicios, las datos: Los 6,6 millones de inmigrantes en Alemania aportan a las arcas públicas más de lo que reciben en materia de Seguridad Social, educación o prestaciones. En el año 2012, la Hacienda germana registró una contribución neta de hasta 22.000 millones de euros, según datos de la Fundación Bertelsmann. En otros países de la UE como Reino Unido, se repite el mismo cuadro. Desde el año 1999 los inmigrantes aportaron un 34 % más de lo que costaron a la Hacienda pública. En uno de sus máximos picos migratorios (2007-2009) la OCDE calcula que el impacto medio de la inmigración en sus economías fue positivo (0,35 % PIB).

En Suiza, Bélgica o España, la cifra superó el 0,46 %. Todo depende del grado de integración y las facilidades que se les ofrezcan a corto plazo. En cualquier caso, el impacto en positivo o negativo en las arcas públicas de los países de la UE es mínimo, no alcanza al 1 % del PIB. Los expertos apuntan, no obstante, que hay factores que pueden hacer la absorción de refugiados más difícil: «El impacto depende del tipo de formación de los inmigrantes y las características de cada economía», apunta un informe del Observatorio de Migraciones. La tasa de desempleo en Alemania cerrará el año en el 8,4 % frente al 22,4 % de España, según cálculos de la Comisión Europea. Las posibilidades de incursión laboral en los países del sur es mucho más difícil atendiendo al número de vacantes, pero la cualificación para acceder a los principales sectores productivos del mercado alemán es fundamental.

Impacto en los salarios

«Alemania probablemente considera que su población está moribunda y probablemente esté tratando de bajar los salarios y continuar reclutando esclavos a través de una masiva migración». Fue la forma salvaje que tuvo Le Pen de poner sobre la mesa el debate sobre el dumping social. En su país, donde alrededor del 30 % de los obreros vota al FN, se ve con recelo la llegada de inmigrantes. Temen una presión a la baja de los salarios. ¿Son fundadas estas dudas? Los expertos lo descartan. Tanto para los salarios como para el empleo, los efectos a corto plazo difieren de los efectos a largo plazo.

Cualquier bajada de los salarios medios o de los empleos para trabajadores nacionales se compensa por un aumento a la larga de ambos: «Los recién llegados expanden la demanda de bienes de consumo y servicios. A medio y largo plazo, la inmigración conduce a una mayor inversión», aseguran desde el Observatorio de Migraciones, si bien matizan que el impacto no es igual para todos los segmentos del mercado laboral: «Los efectos más significativos se detectan en la distribución salarial ya que los trabajadores de bajos ingresos pierden mientras los de ingresos medios y altos, ganan». El impacto en positivo o negativo sobre los salarios no supera el 0,6 % en el peor de los escenarios.

Hay quien se resiste a hacer ecuaciones con las necesidades de los refugiados: «¿Un refugiado solo tiene derecho a quedarse si obtiene unos beneficios netos de 2.000 euros al año? Y, ¿si no? Me parece una dudosa discusión», aseguró a la Deutsche Welle el experto del Instituto alemán de Asuntos Internacionales y Seguridad, Steffen Angenendt. «Recibimos a estas personas no porque puedan trabajar sino porque necesitan protección, y eso es lo primero».

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