Variaciones del gasto en los hogares en la crisis 

 En la última Encuesta de Prespuestos Familiares hecha pública por el INE el pasado mes de junio se avanzaban datos del gasto de los hogares para el año 2014. La buena noticia era que por primera vez desde el inicio de la crisis el consumo de los hogares dejaba de anotar tasas negativas. Se iniciaría un cambio de tendencia que sería especialmente acusado en ropa y calzado u hostelería, donde ya se observan datos positivos.


Para evaluar esta incipiente recuperación del consumo de los hogares españoles parece oportuno hacerlo poniendo sobre la mesa una panorámica de lo sucedido entre el año 2008 y el 2014. Porque al comprender en qué partidas del gasto de los hogares fueron más intensos los ajustes y ahorros realizados, quizás comprendamos mejor los protagonistas, prioridades e intensidad de la actual recuperación.

A tal efecto presentamos en primer lugar un gráfico que para el conjunto de la crisis (2008-2014) recoge la evolución porcentual del gasto medio por hogar en los distintos grupos que desagrega el INE.

La primera conclusión global es que los hogares españoles habrían reducido el conjunto de sus gastos en casi un 15 % a lo largo de la crisis. De manera que la recuperación del año 2014 de unas décimas dejaría mucho camino por recorrer para recuperar el nivel del año 2008. 

Porque, por término medio, los hogares habrían reducido sus gastos en unos 4.600 euros anuales entre 2008 y 2014, mientras que la recuperación del 2014 los sería en unos 128 euros. Mucho camino pendiente para recuperar el nivel inicial. Una reducción media de 4.600 euros que con toda seguridad ha sido provocada por una caída de los ingresos de las familias o por la necesidad de priorizar la amortización de las deudas contraídas.

La segunda conclusión es que solo para el caso de la enseñanza el conjunto de los hogares españoles habrían  incrementado su gasto durante la crisis de una forma notable (un 25 %). Pero en este caso es crucial concretar que esta partida tiene una muy reducida importancia en el gasto familiar: son apenas 369 euros anuales que suponen el 1,5 % del total de los gastos. 

Este reducido peso tiene que ver con la provisión pública de la mayor parte de los costes educativos (en la enseñanza obligatoria). Algo semejante a lo que sucede con los gastos en salud que solo suponen el 3,5 % del gasto total gracias a la cobertura pública sanitaria. Quizás baste para enfatizar el papel clave en la cobertura pública sanitaria y educativa el comprobar que, por sí solos, los gastos anuales de las familias en mobiliario superan a los que tienen que realizar en sanidad o educación.

Llama, en tercer lugar, la atención que el gasto en vivienda y suministros (gas, electricidad, agua, etc) se haya incrementado ligeramente (1,2 %) en un contexto de caída brusca del gasto total. Tal cosa solo se puede entender por el dominio del mercado que detentan los oligopolios y concesiones de dichos suministros que no dejan de encarecer las facturas respectivas. Son suministros donde las medidas de ahorro que puedan haber implementado las familias han quedado laminadas por el encarecimiento de los precios.

Si acaso, en cuarto lugar, también destacar la pequeña reducción de los gastos en salud (-5,4 %). Una reducción de la tercera parte de lo anotado para el conjunto de los gastos, lo que podría deberse a una doble causa: el tratarse de necesidades en las que la capacidad de ahorro no depende del consumidor en muchas ocasiones y la probable repercusión de diversas formas de copago que han venido implementándose a lo largo de la crisis.

En quinto lugar cabe destacar que las partidas de mobiliario, ocio y vestido y calzado han sido las tres componentes del gasto familiar en las que más se habrían esforzado los hogares para reducir sus gastos. En su conjunto suponen un ahorro anual de unos 1.700 euros. Destacar también la partida de transportes (asociado al automóvil, sobre todo) que aún reduciéndose algo menos que aquellas tres en términos relativos (-25,7 %), en terminos absolutos por sí sola supuso un ahorro de 1.116 euros anuales.

Si tuviésemos que poner un ejemplo antagónico a estos gastos, en los que sí se realizó un ahorro notable, el caso más claro es alimentación. Con una caída del 12 % (por debajo de la media) nos informa de una necesidad básica frente a la reducción del 33 % por ejemplo en mobiliario, una necesidad que puede casi siempre esperar.

Con estas coordenadas globales ya muy claras no tiene menos interés precisar si las variaciones en el gasto de los hogares, para las partidas más importantes, presenta matices según el nivel de ingresos de los mismos. 

Para simplificar el análisis hemos seleccionado solo dos tramos de ingresos mensuales de los hogares: aquellos que cuentan con menos de mil euros y aquellos que pueden gastar entre tres mil y cinco mil. En un caso hogares en riesgo de pobreza y en el otro hogares de clase media-alta. Las variaciones para el conjunto de los años de la crisis se presentan ahora en otro gráfico.

Lo primero que cabe decir es que si el conjunto de los hogares reducen sus gastos en un 15 %, aquellos de clase media-alta los habrían reducido algo menos (un 10 %). Sin embargo, este dato nos indica que quizás sean estos hogares los que en estos últimos meses hayan dejado de frenar su consumo y empiecen a comportarse como antes de la crisis. 

Los hogares con ingresos entre tres mil y cinco mil euros mensuales realizaban unos gastos totales de casi 59.000 euros en el 2008, mientras en el 2014 gastan 53.100 euros. Para esos niveles de ingresos, y con deflación de precios (en vivienda, ocio, hostelería, etc.) asociada a una devaluación salarial, no sería extraño que sean estos hogares los que estén recuperando niveles de consumo previos a la crisis.

En el otro extremo, los hogares con rentas inferiores a mil euros al mes observamos que en términos relativos ajustaron sus gastos en vestido y mobiliario en mucha mayor intensidad que los hogares de clase media-alta. También que las caídas en ocio o alimentación son muy semejantes en ambos tipos de hogares. 

Sin embargo, el incremento en los gastos de suministros a los hogares (electricidad, gas, etc.) ha sido muy superior en los hogares más ricos. Esto podría indicar que en estos hogares no habrían realizado apenas cambios de hábitos de consumo (en iluminación, calefacción, etc.) y habrían soportado en su totalidad el encarecimiento de los mismos.

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