La evolución de los ingresos y el riesgo de pobreza

 Una misma coyuntura con dos escenarios distintos. Sería el resultado de si el análisis se efectúa sobre la riqueza media por habitante evaluada con el PIB per cápita, que apenas desciende un 2 %, o si se hace sobre los ingresos medianos de los hogares, que han caído cinco veces más (un 10 %)


Profesor de Economía

Cuando se observa la evolución de la población española en riesgo de pobreza, a lo largo de la prolongada crisis económica, se observa que la misma se ha incrementado de forma clara. Habría pasado del 20,4 % en el 2009 a un 22,2 % en el año 2014. Sin embargo, este mal resultado derivado de la coyuntura económica adversa en relación al bienestar social podría considerarse que suaviza la evaluación de la situación real de buena parte de la población española.

Porque ese porcentaje se calcula en relación al 60 % de los ingresos medianos de los hogares españoles. Y, como es obvio, si esos ingresos medianos se han ido reduciendo a lo largo de los años de esta prolongada crisis, esta forma de medir el riesgo de pobreza hace que el listón para considerarse en peligro vaya disminuyendo. Y eso favorecerá que el porcentaje (aquel 22,2 % del año 2014) sea inferior al que se derivaría de tomar como referencia los ingresos medianos al início de la crisis (y no al final).

Más allá de esta importante precisión, la referencia a los ingresos medianos de los hogares españoles para cuantificar el riesgo de pobreza nos sitúa ante una cuestión muy importante que en pocas ocasiones se analiza como se merece. Esta cuestión cabriá plantearla así: ¿podría suceder que en un país la riqueza media por habitante apenas empeore y, sin embargo, el bienestar social se deteriore de forma sustantiva?

Es ésta una pregunta que se sitúa en el centro de un reciente informe dirigido por Joseph Stiglitz (recomiendo la lectura de un resumen del mismo editado como Medir nuestras vidas, RBA, 2013). Ya que, afirma, «... la renta media per cápita puede mantenerse inalterada, mientras que la distribución de la renta se vuelve más desigual» (página 92 del citado informe). ¿Habría estado sucediendo esto en la España de los últimos años?

Para la economía española presentamos en un primer gráfico la evolución (siendo el año base 100 el 2009) de la riqueza media por habitante medida por el PIBpc a lo largo de esta crisis. Como bien se observa, la riqueza media por habitante apenas habría retrocedido en un 2 %, lo que podría generar la falsa ilusión de que la crisis no habría repercutido muy negativamente sobre la población.

Y, sin embargo, los datos que recogen la evolución de los ingresos medianos de los hogares españoles nos indican una cosa muy distinta: habrían caído cinco veces más que el PIB per cápita, nada menos que en un 10 %. ¿Qué significa esto?

Significa que la desigualdad se ha disparado. Que la renta media es, cada año que pasa, una cifra menos representativa de la situación mayoritaria de la población. La mediana de los ingresos nos indica que mientras que en el año 2009 eran 31.608 euros (para un hogar de dos adultos y dos hijos) en el año 2014 esa mediana era de 27.800 euros. En el 2009 la mitad de la población española tenía ingresos inferiores a 31.600 euros y cinco años más tarde esa misma mitad tenía menos de 27.800 euros. Una caída que nada tiene que ver con lo que nos sugiere la evolución del PIBpc medio.

A la vista de lo que antecede, la tasa de riesgo de pobreza (que creció entre el 2009 y el 2014) estaría infravalorando la degradación en el deterioro del bienestar social de la población española. Porque estaría siendo suavizada por una caída de los ingresos medianos de los hogares. Es así como una creciente desigualdad estaría oscureciendo la evaluación del riesgo de pobreza.

Para paliar esta distorsión, la Encuesta de Condiciones de Vida del INE analiza lo que denomina dificultades económica de los hogares. Se trata de observar en cuantos hogares se anotan situaciones que suponen un deterioro de su bienestar. En un segundo gráfico recogemos los últimos datos disponibles.

En lo relativo a no poder irse de vacaciones, el nivel alcanzaba a un 41 % de los hogares en el 2009, pero asciende en el 2014 al 45 %. Prácticamente, la mitad de la población española estaría excluida de tal disfrute del tiempo de ocio. Un tiempo para el esparcimiento que estaría siendo crecientemente prohibitivo para aquella mitad de los hogares que se encuentran por debajo de una renta de 27.800 euros anuales en el 2014, mientras que en el año 2009 contaban con 31.600 euros.

Algo semejante sucede con el riesgo de no poder hacer frente a gastos imprevistos. El porcentaje de hogares en esa situación se incrementa a lo largo del período señalado.

Y en ambos casos, sin vacaciones o sin poder asumir gastos imprevistos, las familias afectadas se sitúan en porcentajes que duplican los registrados como de riesgo de pobreza. La creciente desigualdad maquilla el volumen de este escollo y por eso debe completarse por indicadores de bienestar que recojan otras dificultades económicas de los hogares. Solo así tendremos una imagen certera de los efectos de la crisis sobre la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos.

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