Despensas con mucha química

La organización Organic and non-GMO food movement ha publicado una lista con cinco sustancias peligrosas que se encuentran en muchos de los alimentos que consumimos


La oferta de alimentación a la que los consumidores estamos expuesto cada día es casi infinita. Miles de productos se agolpan en las estanterías de los supermercados esperando ser comprados por usuarios que, en muchas ocasiones, desconocen por completo lo que se están llevando a la boca. Y es que a pesar de las demandas de asociaciones y colectivos, las etiquetas de los alimentos siguen siendo todo un reto para la comprensión de la gran mayoría de la sociedad. Componentes desconocidos, nomenclaturas imposibles o incluso un tamaño de letra ilegible acaban provocando el desinterés de los ciudadanos. Lo que muchos no saben es que detrás de todas esas palabrejas se encuentran en muchas ocasiones ingredientes que no son tan inocentes como pensamos.

La Organic and non-GMO food movement, una organización que intenta concienciar a la sociedad sobre la necesidad de consumir alimentos orgánicos, ha elaborado una lista en la que recogen cinco sustancias químicas muy habituales en nuestro consumo habitual y que, a pesar de no ser demasiado buenas para la salud, siguen estando presentes en algunos de los productos de uso diario. «Hay que impedir que las empresas que buscan robar nuestro dinero y arriesgan nuestra salud por el simple hecho de producir alimentos baratos, altamente comercializables y deliciosos, y procesados nos engañen», denuncian desde la asociación.

1 Propilenglicol en batidos

El propilenglicol (nombre sistemático: propano-1, 2-diol), un compuesto orgánico incoloro, insípido e inodoro, es un líquido con un aspecto aceitoso claro que se obtiene por la hidratación del óxido de propileno. Este químico se encuentra en algunos alimentos de uso casi diario, como por ejemplo, algunas barras de cereales o alimentos que no contienen lácteos como batidos o suplementos naturales que actúan como laxantes o vitaminas.

En las etiquetas de los alimentos se puede encontrar como E1520 y es utilizado también en muchos objetos de cosmética como toallitas húmedas para bebés, champús o lubricantes íntimos. A pesar de que la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense ha determinado que este elemento es «generalmente considerado como seguro», la Organic and non-GMO food movent defiende que se ha demostrado que «este aditivo tan común causa problemas de salud intestinal, puede producir diarrea y se cree que incluso podría suponer una amenaza neurológica permanente».

2 El aspartamo, en los «light»

Este compuesto químico, descubierto en el año 1965 por una multinacional farmacéutica, es un edulcorante no calórico (que es de 150 a 200 veces más dulce que el azúcar) y se utiliza en un sinfín de alimentos de todo el mundo. El aspartamo es estable si está seco o congelado, pero se descompone cuando está en líquidos a temperaturas superiores a los 30ºC. Dadas sus características, este químico es el gran protagonista de casi todos los productos light, así como el de los chicles o los yogures y lácteos del supermercado.

En las etiquetas se corresponde con el código E951 y es considerado por muchos expertos como la mejor alternativa para las personas que padecen de diabetes o sobrepeso. Sin embargo, la asociación americana asegura que su ingesta está relacionada con dolores de cabeza a incluso daños neurológicos: «Recuerda que en los alimentos dietéticos que utilizan edulcorantes artificiales hechos con productos químicos, no hay suficientes beneficios en comparación con los riesgos».

3 La sucralosa, en edulcorantes.

Este químico, al igual que el aspartamo, es un edulcorante sustitutivo del azúcar, aunque la sucralosa es hasta 600 veces más dulce que la sacarosa, casi el doble que la sacarina y 3,3 veces más que el aspartamo. También se diferencia de este en que es termoestable y resiste las variaciones del pH, lo que permite que sea usado para elaborar productos con fechas de caducidad a largo plazo.

La sucralosa es mucho más habitual de lo que pensamos y es casi un producto de uso diario en muchos hogares. Se puede encontrar en los edulcorantes artificiales -normalmente los que se venden en forma líquida-, pero también en la mayoría de los alimentos dietéticos como postres congelados sin azúcar o cereales o incluso yogures. Sin embargo, las autoridades sanitarias le han dado el visto bueno y sigue siendo considerado un edulcorante seguro.

Comercializado bajo el código E955, este químico es muy criticado por la asociación americana: «Se ha demostrado que puede dañar algunas funciones del intestino -como por ejemplo reduciendo la cantidad de bacterias saludables que este produce- y es responsable de generar malestar digestivo a muchos de sus consumidores».  

Recientemente, a la sucralosa le ha salido una gran competidora, la stevia, un edulcorante natural elaborado sin productos químicos ni alcoholes que se ha ganado el beneplácito de toda la comunidad de expertos en alimentación.

4 TBHQ, en la bollería.

La terbutilhidroquinona o THBQ es un conservante que se obtiene derivado de la industria petrolífera y está legalizado en España. Se utiliza como aditivo alimentario y antioxidante y es el encargado de evitar el proceso natural de decoloración de los alimentos.

Comercializada con el código E319, la THBQ se encuentra en frituras, grasas animales y aquella bollería que alcance temperaturas altas, además de en bebidas energéticas o zumos y cereales para el desayuno.

A pesar de que las autoridades sanitarias le han dado el visto bueno hay muchos colectivos y asociaciones que han fijado su objetivo en ella, ya que algunos estudios apuntan a la posibilidad de que sea cancerígena.

5 BHA y BHT, en los dulces

El butilhidroxianisol y butilhidroxitoluol son dos compuestos que se utilizan básicamente para alimentos procesados como antioxidantes sintéticos. También, como la TBHQ, provienen de la industria petrolífera y su uso está prohibido en alimentos infantiles en países como Australia. Japón ha dado un paso más allá y lo ha eliminado a base de ley de todos los alimentos.

Se comercializa con el código E320 y el E321 y forma parte de dulces y derivados de la bollería.

Los Institutos Nacionales de Salud lo consideran un carcinógeno humano y se relaciona con el desarrollo de alergias y con daños neurológicos, entre otras afecciones

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