Desigualdad social y mejora del consumo

Un tercio de la población asalariada y los perceptores de rentas no salariales mejoraron sus ingresos durante la crisis. La OCDE ha recordado esta semana el aumento de la brecha entre ricos y pobres


Como se analizó en este suplemento, hace quince días, el actual crecimiento de la economía española depende de manera decisiva y determinante de la recuperación del consumo familiar. Las previsiones para este año son de un 3,5 % de incremento del mismo lo que explicaría una recuperación del PIB del 2,8 %, según la Comisión Europea.

Presentamos en un primer gráfico la evolución del consumo familiar en España para los últimos años en términos reales, según los índices que publica el INE, con una doble intención. En primer lugar para que el lector observe cómo en los años 2014 y 2015 se produce un importante crecimiento de dicho consumo coincidiendo con la entrada de España en una situación de deflación de precios que favorecería una revalorización del poder adquisitivo del conjunto de los consumidores. Pero también, en segundo lugar, para que el lector compruebe cómo los niveles del año 2015 aún están por debajo del nivel de consumo familiar del año 2007, previo a la crisis.

Quiere esto decir que si bien el consumo familiar está creciendo aún no habría recuperado los niveles anteriores a la crisis. Que esté creciendo tendrá que ver con el comportamiento de aquella parte de la sociedad que estaría más satisfecha con sus rentas (y la ya citada revalorización de las mismas a causa de la deflación), pero el que no hayamos recuperado el nivel del año 2007 tendrá que ver con que otra parte -más numerosa e indignada de la sociedad- habría perdido capacidad adquisitiva a pesar de la citada deflación de los últimos dos años.

En un segundo gráfico presentamos la evolución media de aquella mayoría social, la que depende de las rentas salariales, tanto para España como para el resto de economías europeas. Sabemos, por nuestro ya citado informe previo, que el nivel de estas rentas respecto al PIB se sitúa en España por debajo de la media europea. Pero ahora debemos precisar un aspecto crucial. 

Porque cuando recogemos la evolución de la participación global de los salarios en el PIB entre el año 2009 y el 2014 comprobamos que en España han caído en un 4 % lo que supone quintuplicar la caída media de la UE. Solo Lituania, Chipre o Rumanía tuvieron una devaluación salarial de mayor intensidad.

Cierto que una parte de esa caída tiene que ver con la pura y dura destrucción de empleo. La EPA nos informa de un descenso de varios millones de asalariados entre ambos años y, ciertamente, esos asalariados no participan ya del PIB. Pero a ese factor hay que añadir la reducción de los salarios medios de los que siguen ocupados y activos. Este sería el factor global que explica que el consumo no haya recuperado los niveles previos a la crisis.

Es, sin embargo, en relación a esta evolución de los salarios medios de los que siguen ocupados que cabe hacer una precisión determinante para explicarnos el crecimiento del consumo de una parte de los hogares de asalariados en los últimos dos años. Esta precisión tiene que ver con el creciente y desigual comportamiento en la evolución de, por ejemplo, los salarios más bajos (el diez por ciento de los trabajadores con menores sueldos) y los trabajadores con salarios más elevados (el diez por ciento superior). Presentamos un tercer gráfico sobre qué ha sucedido en España al respecto en los últimos años.

La desigualdad salarial se ha incrementado vertiginosamente. Mientras que el diez por ciento de la población con menores salarios ha visto disminuir sus ingresos medios en un 13 % en terminos nominales (pasando de 474 euros a 414), el diez por ciento con salarios más altos ha mejorado en un 28 % (pasando de una media de 3.573 euros a 4.574 euros). 

No tenemos espacio para precisar aquí lo que sucede en el resto de las decilas. Pero baste con resumir que las tres primeras decilas (el 30 % de los asalariados) habría visto disminuir su salario medio en terminos reales, mientras que el treinta por ciento superior lo habría visto mejorar de forma notable. 

Es así que esta tercera parte de la población ocupada asalariada, en un contexto de deflación, podría incrementar su consumo. Mientras que los estratos más bajos, junto a los desempleados, estarían imposibilitados para hacerlo. En conjunto no habría mucho margen para una mejora del ahorro familiar.

A este sector de las rentas salariales, que sí tienen margen para consumir ahora más, habría que añadir los colectivos de ocupados que perciben rentas no salariales. Nos referimos a todos aquellos que tienen ingresos procedentes de acciones, dividendos, rentas o rendimientos de actividades profesionales o empresariales. 

En este caso, la situación de dichas rentas en España es inversa a las salariales. Registran un incremento de casi dos puntos del PIB, mientras que en el promedio de la UE entre el 2009 y el 2014 caen más de dos puntos. 

En consecuencia, tanto los perceptores de estas rentas no salariales que tendrían un creciente volumen de ingresos, como aquella parte de las rentas salariales de las decilas superiores estarían en condiciones de aumentar su consumo. En conjunto se trataría de sectores sociales que no solo explicarían  el repunte medio del consumo familiar sino también de la inversión inmobiliaria. Justo en aquellas localizaciones denominadas millas de oro (en las ciudades o en el litoral) o de mayor precio. Es así como una creciente desigualdad social estaría explicando en buena medida la actual recuperación económica.

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