Los campeones del consumo familiar

Menos ahorro, más endeudamiento barato y mayor disponibilidad para los más privilegiados a costa de aumentar la brecha de la desigualdad: las claves que argumentan un mayor gasto en los hogares en España


La recuperación iniciada por la economía española el pasado año tuvo como motor fundamental la demanda interna y, dentro de ella, el consumo de los hogares. En el 2014 la aportación de la demanda externa (exportaciones menos importaciones) fue muy reducida y el crecimiento global de un 1,4 % del PIB español dependió de un crecimiento del consumo de los hogares del 2,4 %. No debe extrañarnos esta repercusión directa, ya que la parte de la demanda interna que representa dicho consumo se sitúa en un 60% del PIB. El público siguió restando y la inversión (constructora o en equipo) si bien evolucionó no llega a tener ni la tercera parte del impacto que el consumo de los hogares.

Si el año pasado el consumo familiar fue el motor de la recuperación, las previsiones de la Comisión Europea (también las del Gobierno y otros organismos) para este año 2015 suponen que va a suceder lo mismo, pero con mayor intensidad: que el PIB crecerá un 2,8 % gracias a un tirón del consumo de los hogares de un 3,5 %. No cabe duda que, de nuevo, es la demanda interna que depende del consumo familiar el vector determinante de nuestra recuperación. La pregunta crucial es ¿qué razones explican tal dinamismo en un país que está saliendo de una depresión económica sin precedentes? Algunos de los factores que dan respuesta a esa pregunta se visualizan en el recuadro de datos que acompaña este análisis.

Un primero que podría explicar esa mejora tendría que ver con una baja tasa de paro o una radical disminución de la misma. Sin embargo, España se mantendrá en tasas de más del doble de la eurozona. Y, sin embargo, el consumo privado se prevé que duplique entre nosotros el crecimiento previsto en el conjunto del área euro. Este aumento es tanto más enigmático cuanto sabemos que la cobertura a los parados (las transferencias que perciben para su consumo) está disminuyendo de forma acelerada. Sorprende comprobar que el consumo crecerá este año bastante más en España que en Alemania, a pesar de que cuadriplicamos su tasa de paro.

Un segundo factor podría pasar por el hecho de que las rentas salariales tuviesen entre nosotros una mayor cuota del PIB nacional que el resto de rentas (empresariales, dividendos, etc.). Pero, como se comprueba en el recuadro, tampoco es el caso. España está cuatro puntos por debajo de Alemania y casi seis por debajo de Francia. Lo lógico sería que en estos dos países el consumo familiar, que depende de forma mayoritaria de las rentas salariales para millones de hogares, tuviese un mejor comportamiento que en España.

Presentamos en un gráfico este importante factor ordenado para todos los países europeos. España se sitúa por debajo de la media de la eurozona y, si éste fuese el vector determinante, su consumo familiar no podría crecer por encima de la media de la eurozona como parece estar sucediendo. Podría argumentarse que lo decisivo no sería tanto el nivel que tenga esas rentas salariales en el PIB, cuanto el hecho de que estén creciendo en los últimos años. Aunque sea desde un nivel más bajo.

Desgraciadamente no es éste el caso como pone de manifiesto el segundo gráfico que insertamos para fundamentar nuestro análisis. En dicho gráfico recogemos para España y Galicia la evolución de las rentas salariales en términos nominales durante los últimos años. Se observa que las remuneraciones salariales habrían descendido un 10 % de media entre el año 2010 y el 2013.

Son datos que coinciden con muchos otros que vamos conociendo sobre la creciente devaluación salarial de los trabajadores españoles o el creciente impago de horas trabajadas entre otras formas de devaluación laboral. Y que se complementan cuando observamos cómo las previsiones para el 2015 de la Comisión Europea (en el recuadro) para las remuneraciones de los trabajadores son de un crecimiento de la décima parte que en Alemania. Y, sin embargo, el consumo de los hogares crecerá más en España.

Con esta evolución es muy difícil deducir que tengamos en este factor (menor desempleo o mejora de las rentas salariales) una explicación de la mejora del consumo familiar en el año 2014. Y, sin embargo, así ha sido. Y así se prevé que sea este año 2015. ¿Cuál podría ser el factor explicativo alternativo?

No queda más remedio que meter en escena otros datos relevantes. Por ejemplo: en los últimos meses nos hemos beneficiado de un abaratamiento considerable de los combustibles debido a la caída del precio del barril. Quizás no tanto en las gasolineras como debiera haber sido. Pero se habrían liberado ingresos para otros gastos. También han caído los costes del endeudamiento y los tipos de interés a pagar. En general asistimos a una entrada en deflación (crecimiento negativo del IPC) acompañada de unas rebajas fiscales de última hora para todo las rentas y niveles.

Este combinado de factores podría estar provocando lo que se denomina efecto riqueza: un incremento del consumo derivado de que una parte de los consumidores se perciben ahora más ricos que antes. Porque ahora con los mismos euros pueden comprar más bienes y servicios o comprarlos más baratos. Por ejemplo el irse el fin de semana a la costa.

Cierto que no todos podrán hacerlo ni hacerlo en la misma cuantía. Los segmentos sociales de precarios, subempleados, parados, temporales, etc. no podrán apenas aumentar su consumo. Pero los sectores sociales que participan de las rentas no salariales (obsérvese en el segundo gráfico la evolución de esas otras rentas en Galicia) sí podrán hacerlo. Porque ahora cuentan no con menos recursos que hace tres años y esos recursos tienen mayor poder adquisitivo.

Y además en España, como veíamos en el primer gráfico esas otras rentas controlan una mayor parte del PIB. Estarían en acción en España las dos fuerzas que potencian la desigualdad para Piketty: una brecha social creciente respecto a las más altas remuneraciones y una creciente acumulación de riqueza en el 20 % más rico. Por ambas vías tendríamos un potente efecto riqueza para la parte más privilegiada de la población. Un efecto amplificado por nuestro nivel de desigualdad social (en el que España bate récord europeo).

Que esto estaría sucediendo lo confirma un último indicador: la evolución del ahorro medio de los hogares. Para España la previsión de la Comisión Europea es que en este 2015 se sitúe en un 10 % del PIB, mientras que en Alemania o Francia se sitúa por encima del 15 %.

El motor del consumo familiar español sería: un menor ahorro, el retorno al endeudamiento barato y un potente efecto riqueza para los sectores más privilegiados de una sociedad cada vez más desigual. Se trataría de un motor nada sólido, alimentado sobre la base de graves riesgos de quiebra social.

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