La nueva era en América Latina: el gran reto para la inversión española

La apertura de relaciones entre EE.UU. y Cuba hace presagiar una mayor disputa por invertir en la región, donde China ha ido ganando cada vez más terreno


En los años más duros de la crisis, las grandes empresas españolas pensaban que en un plazo corto de tiempo los países iberoamericanos serían mucho más importantes para sus negocios que el propio mercado interno. La incipiente mejora en la evolución del PIB español, la desaceleración del sector exterior y la rebaja de las expectativas para el crecimiento de América Latina -el FMI ha pronosticado que Brasil y Argentina entrarán este año en recesión- han mudado el panorama. Pero en el horizonte inmediato hay un nuevo escenario: la apertura de relaciones entre Estados Unidos y Cuba hace presagiar una mayor competencia por invertir en la región, donde China ha ido ganando cada vez más terreno.

Hillary Clinton, actual candidata demócrata a la Casa Blanca, llegó a advertir a Obama cuando era secretaria de Estado que las relaciones que mantenía Washington con la isla eran un obstáculo para los proyectos norteamericanos en América Latina. «Es evidente que estamos hablando de un región con jugadores crecientes, que el nuevo escenario abre una mayor competencia, pero las empresas españolas están preparadas para ello», explica Carlos Malamud, catedrático de Historia de América en la UNED.

Muchos factores

Al cambio de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba han de sumarse otros factores que abren nuevas oportunidades para la inversión de la empresa española: la Alianza del Pacífico, el crecimiento de Centroamérica o las reformas de México son algunos ejemplos.

El encuentro de Obama y Raúl Castro en Panamá simboliza, para algunos, un acercamiento que tendrá consecuencias más directas sobre las inversiones de Estados Unidos en la isla caribeña, donde España tiene importantes intereses, sobre todo turísticos. Pero algunas voces dudan de que eso vaya a desencadenar un cambio muy drástico en el resto de Sudamérica. «Estados Unidos ya es a día de hoy el primer inversor en América Latina, y España el segundo: nunca han dejado de estar ahí», sostiene Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor de Economía en el Instituto de Empresa Business School. A su juicio, la evolución de las inversiones va a depender mucho más de factores de tipo coyuntural, como el tipo de cambio, que de causas de índole geoestratégica. «Esto es lo que explica, por ejemplo, que a las exportaciones españolas no le auguremos una buena evolución en el 2015, al contrario de lo que sucederá con las inversiones», explica. 

¿Buena posición?

A lo largo de las últimas semanas, el nuevo escenario que se presenta en América Latina ha abierto el debate sobre si España ha hecho o no los deberes en la región. Una pregunta en cuya respuesta, primero, habría que diferenciar el plano político del económico. En lo concerniente a lo segundo, parece que sí. Aunque haya ahora nuevos desafíos. Los propios datos de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) sitúan a España como el segundo inversor en América Latina, solo superado por Estados Unidos. Solo entre los años 2007 y 2011, la inversión nacional en la región generó unos beneficios netos de 65.000 millones de euros, período que coincide, además, con ejercicios de profunda contracción de la economía de España. 

Las empresas allí instaladas sostienen casi 700.000 puestos de trabajo; a la cabeza están los servicios financieros, con dos grandes bancos como el Santander o el BBVA;  la hostelería, como NH o Meliá; las telecomunicaciones, con Telefónica; las eléctricas, como Endesa, Gas Natural-Fenosa o Iberdrola; las constructoras, como Ferrovial o ACS. Y una larga lista, de la que forman parte Abertis, Indra, Mapfre o Inditex, entre otras muchas más.

Más allá de la diversificación de los negocios, a lo largo de los últimos años, en lo que respecta a la inversión española en Latinoamérica, hay un dato positivo: crece el número de empresas exportadoras, gracias a la creciente presencia de las pymes. «Siguen llegando y ampliando su negocio en la región; lo que parecía una forma de escapar de los efectos de la crisis en España, parece que se consolida; la vocación de permanencia y el compromiso en la zona ya no es patrimonio de las grandes multinacionales que llegaron en los años noventa», sostiene Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor del Instituto de Empresa.

Precisamente, esta institución elabora desde hace ocho años un informe anual sobre las perspectivas de evolución de la empresa española en Iberoamérica. Sobre una muestra de sesenta empresas, la encuesta arroja datos alentadores: el 74 % de las compañías españolas aumentará su inversión en América Latina a lo largo del 2015. El informe señala que solo el 8 % de las compañías pretende crecer a base de adquisiciones, un 48 % lo hará por crecimiento orgánico y un 44 % por la combinación de las dos modalidades.  Los mayores aumentos de inversión se prevén  en México, Colombia, Perú y Brasil. A este conjunto de países se añade además de Cuba, donde se abre un nuevo escenario con una  cruz y una cara: el sector turístico español tendrá que competir en la isla con nuevos operadores, pero  las empresas españolas están llamadas también a jugar un papel relevante para subsanar el déficit de infraestructuras y energético de la isla. El nuevo escenario abre una dura competencia con Estados Unidos, en la que España deberá afianzarse como tercer socio comercial de Cuba, detrás de Venezuela y de China. Para el conjunto de América Latina, la evolución de las inversiones en la región depende también de la situación y de las características de cada zona. «No todos los países son iguales: habrá algunos donde haya más competencia y otros menos», sostiene Carlos Malamud, profesor de la UNED. A ello se suma, además, el diferente comportamiento económico de cada área: mientras resulta previsible que Brasil y Argentina entren en tasas negativas de crecimiento, países de la Alianza de Pacífico, como es el caso de México, Chile, Colombia y Perú, lo harán a tasas de entre el 3 % y el 4 %, algo por debajo de Bolivia (5 %) y Panamá (7 %). Pese a todo, en América Latina está pendiente una agenda de reformas que permita atraer más y mejor inversión extranjera. «Es necesario cerrar la brecha en infraestructuras, con dotaciones claramente insuficientes en cobertura y en calidad; pero también mejorar la calidad de la educación y desarrollar políticas públicas que fomenten la innovación y la diversificación de las economías de la región», sostiene  Germán Ríos, director de Asuntos Estratégicos de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina. 

Pese a todas estas limitaciones, Iberoamérica conserva un enorme atractivo para el capital español: el último dato disponible, relativo al año 2012, muestra que el stock total de inversión española en la zona alcanzó la cifra de 125.696 millones de euros, lo que equivale a una tercera parte de toda la inversión española en el exterior, tal y como recoge el último informe elaborado por el Instituto de Empresa.

El reto ahora es mantener e incrementar estos flujos en un escenario cambiante, con una presencia cada vez mayor de competidores, incluidos otros países europeos. La inversión en América Latina ha dado a la empresa española una enorme fortaleza, le ha permitido reducir los riesgos de depender del mercado interno y ha ganado tamaño.

Desigualdad social e inseguridad ciudadana, los frenos al desarrollo

Cuando se pregunta a las empresas cuáles es la principal amenaza para sus inversiones en América Latina, el grueso de las compañías señala a la desaceleración económica como principal factor de riesgo. El segundo factor más relevante para los inversores sería el tipo de cambio, pero la inseguridad ciudadana se ha convertido en un grave problema también. Así es en países como Venezuela, Colombia o México. En el caso de Centroamérica, con ejemplos como los de Honduras, Guatemala o El Salvador, el asunto adquiere dimensiones dramáticas similares a las de una epidemia. 

Los datos de la ONU revelan que cada año mueren de forma violenta en Latinoamérica cien mil personas. Un fenómeno relacionado con la endémica desigualdad social, con bolsas de pobreza y con el deficiente acceso a la educación de gran parte de las capas sociales durante décadas. Cuatro de cada diez empresas en América Latina no encuentra los perfiles profesionales que necesita. Pero a lo largo de los últimos años se han producido notables avances en el ámbito de la educación y de la formación como consecuencia de la expansión del gasto público, lo que ha contribuido a reducir la brecha entre ricos y pobres en el acceso a los centros educativos.

Notables avances

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha hecho público recientemente un estudio  - titulado Panorama Fiscal de América Latina y el Caribe 2015-  en el que se detalla cómo  los países de la región han tenido un importante incremento de sus ingresos fiscales en los últimos años, lo que les ha permitido, en gran medida, aumentar sus partidas para gasto social.

Según la Cepal, la participación del gasto social pasó del 49,3 % al 65,7 % entre 1992 y el 2012, lo que significa como porcentaje del PIB un crecimiento del 12 al 19 %

Analizados por sectores, los mayores aumentos  se han producido  en seguridad y asistencia social. En gastos sociales en educación, el estudio señala una evolución positiva en todos los países de América Latina, lo que es extensible también al ámbito de la salud. 

Otro de los problemas a los que se enfrenta la región para atraer más y mejor inversión extranjera es el escaso desarrollo que ha tenido la innovación, lo que lastra la productividad y la competitividad de los países. En algunas naciones, como es el caso de Chile, Costa Rica, México, Colombia o Brasil se han puesto en marcha ya políticas innovadoras, pero con resultados que distan aún mucho de los obtenidos por otros países desarrollados. 

 El Banco Mundial acaba de publicar el estudio El emprendimiento en América Latina, muchas empresas y poca innovación en el que se ponen de relieve todas las carencias. Ahí se detalla cómo la inversión media que destinan las principales economías de la región a investigación y desarrollo es un tercio de la que invierte China. Y cómo muchas de las nuevas empresas, escasamente innovadoras, están enfocadas principalmente al mercado local sin ninguna orientación al exterior. 

«Las corporaciones multinacionales no han desarrollado todo su potencial porque las filiales que operan en América Latina  se comportan como las empresas locales e invierten muy poco en innovación. Por lo tanto, o bien LAC no atrae a las multinacionales más innovadoras o los obstáculos a la innovación que afectan a las empresas locales también actúan como barreras a la innovación para las empresas extranjeras presentes en la región», concluye la investigación del Banco Mundial.

En ese informe se detalla como en América Latina son pocos los empresarios que llegan alguna vez a contratar un trabajador. Siguen siendo muy pequeños incluso tras décadas de funcionamiento en el mercado. 

Las empresas de la región con 40 o más años de actividad emplean a alrededor de 110 personas, mientras que en Asia oriental emplean cerca de 170, en Europa oriental alrededor de 220 y en países de alto ingresos, a 250. Con la excepción de Brasil, que invierte el 1 % de su PIB en Investigación y Desarrollo (I+D), en promedio la región invierte mucho menos (menos del 0,5 %).

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

La nueva era en América Latina: el gran reto para la inversión española