Desigualdad social durante la crisis

Las diferencias de renta en España han sido notables antes, durante y tras la recesión. Sin embargo, esa disparidad no se hizo tan visible durante los años de bonanza porque las mejoras eran generalizadas para todos. El autor analiza la evolución de la renta por habitante y en cinco niveles de ingresos diferentes.


Según sostiene Thomas Piketty en su muy reconocido ensayo El capital en el siglo XXI, la desigualdad social ha sido un problema estructural de nuestras economías a lo largo de las últimas décadas. En el caso de la economía española, dicho problema se ha agravado con la irrupción de la crisis económica derivada del crac inmobiliario y su metástasis financiera. Si ya durante la fase de crecimiento, las tensiones no igualitarias estaban ahí, con la llegada de la recesión económica se han reforzado. Como bien se sabe, somos ya no solo la economía europea con mayor tasa de paro o nivel de déficit público sino también con un mayor rateo de desigualdad.

Un indicador medio de la evolución de la renta por habitante nos confirma el anterior diagnóstico con apenas desagregar dicha evolución en dos subperíodos: antes de la crisis (2003-2007) y después (2007-2012). Sobre todo si lo desglosamos para cinco niveles de renta: desde los menos ricos (Q1, primer quintil o el veinte por ciento menos rico) hasta los más ricos (Q5 o el veinte por ciento más rico). En un primer gráfico recogemos los datos así elaborados en un reciente informe del BBVA-IVIE sobre la competitividad de la economía española.

Antes de la crisis, salvo los menos ricos (Q1), todos los estratos de renta mejoraron la misma, aunque de forma desigual: los dos niveles de mayor renta lo hicieron en tasas cercanas al tres por ciento anual, mientras que los dos niveles intermedios lo hicieron en tasas en torno al dos por ciento. Es por tanto obvio que aunque todos los sectores sociales estaban mejorando, los más ricos se estaban haciendo más ricos en términos relativos. Quizás no habría consciencia de ello a causa de la mejora general (salvo, repetimos, para el veinte por ciento menos rico).

Con la llegada de la crisis, el impacto en las rentas medias -según el nivel de riqueza- es generalizado, pero notablemente desigual. Mientras los más pudientes pierden un dos por ciento de sus ingresos medios, los menos pierden el triple: más del seis por ciento. En su conjunto (antes y después de la crisis) mientras el veinte por ciento más rico mejora sus ingresos, el veinte por ciento menos rico los reduce en más de un tres por ciento. No debe resultar sorprendente que mientras en el año 2002 los más acaudalados multiplicaban los ingresos medios de los que lo eran menos en cinco veces, en el año 2012 lo hagan por más de siete veces. Son estas siete veces las que nos sitúan a la cabeza de la desigualdad en la Unión Europea.

No es cuestión de entrar aquí a analizar las causas profundas de esta creciente desproporción para el caso español. Los dos factores que anota Piketty (las retribuciones de la casta administrativa y gerencial de nuestras empresas en un capitalismo de amiguetes en combinación con la concentración del capital industrial cada vez en menos manos) sin duda que en España se mueven como pez en el agua. Pero sí puede ser oportuno evaluar esa creciente desigualdad por tramos de edad, o, mejor dicho, algunos factores que caracterizan esa diferencia creciente desde el punto de vista de la edad de la población afectada.

Para ello, en un segundo gráfico (tomado de un reciente informe de Funcas) recogemos la presencia de personas bien con ingresos salariales vinculados a trabajos temporales, bien en desempleo, según la edad de los trabajadores. Es obvio que cuanto mayor sea esta presencia más probabilidades tenemos de que ese trabajador se sitúa en los niveles de renta media más bajos del primer gráfico ya comentado.

Lo que se observa es que mientras para la población de mayor edad la presencia de contratos temporales o parada arranca en el 2006 en un veinte por ciento para llegar en el 2014 a un treinta por ciento (lo que supone un nivel bajo de probabilidades de ver caer sus ingresos medios), para la población más joven esa situación alcanza el sesenta por ciento en un comienzo para luego ascender hasta el setenta por ciento. Siete de cada diez jóvenes españoles entre 16 y 29 años o están parados o tienen un trabajo temporal. Sería esta una primera característica de los estratos de rentas más bajos y con creciente pérdida de nivel de ingresos: trabajadores jóvenes con contratos temporales o parados.

Además es en estos ocupados más jóvenes donde más se agudiza el problema de la llamada sobrecualificación. Según el ultimo informe del Observatorio de Emancipacion, más de la mitad de los asalariados de menos de 30 anos y que no cursan estudios tiene un trabajo que requiere un cualificacion inferior a la que poseen (Consejo de la Juventud de España, 2014). Lo que agrava la percepción de su situación social, ya que se suponía que esa cualificación traía asociada la promesa del ascenso social a niveles de renta medios o altos. No cabe duda, por tanto, que la desigualdad social en España en los últimos quince años se ha concentrado en damnificar a la población más joven.

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