No lo tires a la basura todavía

Existen numerosos métodos baratos de conservación que permiten alargar la vida de los alimentos. La clave está en diferenciar entre fecha de consumo preferente y la de caducidad


Un tercio de toda la comida que producimos acaba directamente en la basura. Según un informe del Banco Mundial, cada europeo desperdicia una media de noventa kilos de alimentos, aunque es cierto que con la época de vacas flacas hemos aprendido a aprovechar más los recursos con los que contamos. La organización de consumidores Ceaccu apuntaba en un estudio reciente que uno de cada tres españoles alarga la caducidad que marcan las etiquetas de los alimentos; una medida que no siempre es la acertada.

Y es que ahorrar nunca debe poner en riesgo la salud de los consumidores. En este aspecto es de vital importancia conocer las propiedades de los alimentos que ingerimos así como organizar adecuadamente las despensas y neveras para poder ser más racionales a la hora de consumir. Comprar con cabeza puede ayudarnos a rebajar el nivel de desperdicios sin tener que comprometer nuestra seguridad.

La clave para realizar un consumo seguro se basa en primer lugar en saber diferenciar entre caducidad y consumo preferente. Cuando la que se supera es esta última, y siempre que se hayan respetado las instrucciones de conservación y su envase esté en perfectas condiciones, el alimento puede seguir siendoapto. Si bien es cierto, que el sabor y la textura no serán los mismos, el producto seguirá alimentando casi lo mismo. Ante las dudas que puedan surgir, Sanidad recomienda que, antes de tirar nada a la basura, se compruebe si tiene buen aspecto, si huele bien y si tiene un sabor más o menos normal.

No sucede lo mismo con la fecha de caducidad. Esta es la línea que no se debe traspasar. Los alimentos frescos muy perecederos merecen una especial atención y cuidado a la hora de ser consumidos. En el caso de la carne y el pescado los expertos recomiendan cuidar rigurosamente su conservación y nunca comerlos cuando se tenga la sospecha de que pueden estar estropeados.

Métodos de conserva

Sin embargo, los productos frescos también pueden ser mucho más aprovechados si se sabe cómo conservarlos. Cocinar es, precisamente, la más sencilla y fiable. Pero existen un sinfín de métodos de conservación, algunos de los cuales pueden ser realizados en casa de forma sencilla y barata.

El congelado es uno de los métodos de conserva más utilizados. Con la congelación se consigue evitar la proliferación de microorganismos. Y, aunque los que ya se encontraban en el producto se mantienen, con la congelación se impide que se multipliquen y generen toxinas. Además, congelando los alimentos, se consiguen destruir otras formas de vida, como pueden ser los parásitos (el anisakis o la triquina).

El envasado al vacío, muy utilizado en conservas y en embutidos, consigue eliminar los patógenos, al igual que la esterilización y la pasteurización, que son usados en los productos lácteos.

La deshidratación, que consiste en eliminar el agua de un producto, como sucede con algunas setas y en el típico puré de patata que se vende en el supermercado, evita el desarrollo de los microorganismos. Algo parecido sucede con los envasados que, si son escogidos de forma adecuada, permiten modificar las atmósferas en las que permanecerán los productos impidiendo la proliferación de bacterias. Los expertos señalan que lo más adecuado es mantener las carnes y embutidos en bandejas y las verduras y frutas en bolsas.

Los conservantes, la liofilización, la presión osmótica, la reducción del ph, las radiaciones ionizantes o las altas presiones son otros de los métodos que se pueden utilizar para conservar mejor la comida, pero, debido a sus costes y a su complejo desarrollo, no suelen ser utilizados por los consumidores de a pie.

La clave, ser racional

Lo cierto es que un consumo más racional es la mejor forma de reducir los desperdicios. Conocer y controlar la fina línea que separa lo comestible de lo no comestible no es una tarea complicada.  Solo algunos trucos y un poco de información permitirán a los hogares aprovechar mucho más los recursos disponibles, dando un pequeño respiro al bolsillo y, sobre todo, al planeta. No se tiene por qué comer con miedo.

Un tercio de la comida que producimos se echa a la basura, y cada europeo tira una media de 90 kilos

Mermelada. Los expertos señalan que todos los alimentos que tengan como componente principal el azúcar aguantarán en perfecto estado durante muchísimo tiempo, incluso durante años. Y es que los azúcares son compuestos higroscópicos, es decir, contienen muy poca agua en su estado natural. Pero, si se dejan sin sellar, pueden absorber fácilmente la humedad. La miel no caduca.

Huevos. Pueden conservarse con todas sus propiedades hasta cinco semanas si se mantienen en el frigorífico a la temperatura adecuada. Si se tienen dudas sobre su fecha de consumo, hasta 28 días después de la puesta, existe un truco casero que puede ayudar a despejar cualquier sospecha. Se trata de meter el huevo en un vaso de agua templada: en caso de que esté malo, flotará.

Pasta seca. Todos los productos secos, como la pasta, el arroz o las legumbres, pueden conservarse de forma indefinida siempre y cuando se mantengan en recipientes herméticos acondicionados para ellos. Aseguran los expertos que la pasta puede llegar a durar incluso uno o dos años más de los que se indican en su fecha de consumo preferente.

Patatas fritas y galletas. El alto contenido en sal que tienen los snacks ayudan a sobrepasen el período de caducidad durante más tiempo del que pensamos. Aunque con el tiempo se pongan rancias y su sabor ya no sea el mismo, su consumo no supone un peligro. El caso de las galletas es muy parecido: al ser un producto muy procesado y con mucho azúcar pueden seguir siendo consumidas incluso cuando su estado no sea como los primeros días.

Pan. Es un producto de consumo diario que se suele poner rancio con facilidad. Sin embargo, puede ser consumido sin que ello suponga ningún riesgo para la salud. Como alternativas existe la posibilidad de congelarlo -con lo que aguantará durante años en buen estado- o, en caso de que se ponga duro, utilizarlo para hacer pan rallado. Si se guarda al aire en la despensa, habrá que tirarlo en cuanto le salga moho. Mientras tanto no habrá riesgos.

Chocolate. Es uno de los que más tiempo aguantan sin estropearse. La gran cantidad de azúcar de la que dispone, consigue evitar que se estropee con facilidad; y es que el azúcar es uno de los conservantes naturales más eficaces que existen. Los expertos señalan que, aunque pierda el color marrón y se vuelva algo más blanco, el chocolate puede consumirse de igual forma, incluso cuando su sabor ya no sea el mismo.

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