¿Sabremos disfrutar del dinero barato?

La explosión de liquidez iniciada por el Banco Central Europeo desde el pasado lunes afianzará la creencia de que la crisis ha terminado. Estuvo en nuestras manos crear nuevos pilares de crecimiento, construir mercados más competitivos, adelgazar la administración..., pero el futuro lo ha empezado a construir la política monetaria. 


Presidente de la Escuela de Finanzas

Frío, mucho frío, es el que hace en los hogares europeos, y da igual que salga el sol o suban la temperatura de sus viviendas a veinticuatro grados, cuando miras a través de la ventana solo ves personas tiritando. Los precios no suben, es más, llevan bastantes trimestres paseando por la barandilla de la deflación, un resbalón y a ver quién es el valiente que los saca del agujero. Fíjese en el inmobiliario, se cayó en el 2009 y ya va para seis años gritando auxilio.

Mario Draghi, este hombre de rostro inmutable aunque de cálida sangre italiana, se ha propuesto subirnos la temperatura, aunque para ello tenga que quemar papel, mucho papel, todo el que da de sí las sofisticadas fábricas de moneda y timbre de la Eurozona. Y la gran quema empezó el lunes, sobre 40.000 millones al aire, y algo más de un diez por ciento de ese dinero directo a nuestras ventanas ¿Siente ya el olor a humo? ¿Humo? ¿Acaso ve las llamas? Tranquilo, las verá, si no es este mes será el siguiente, o al otro, pero llegará un momento en que le envolverá y de tal modo que se olvidará que es eso, humo.

La deuda pública se instalará en tasas nominales negativas, es decir, un buen número de inversores institucionales pagarán por prestar a algunos gobiernos europeos, especialmente al más solvente de todos ellos, a Alemania. Veremos cómo los costes financieros de la deuda pública se situará en mínimos históricos, aliviando los presupuestos públicos, creando las bases para una nueva política fiscal ¿Recuerda el concepto déficit público? Memorícelo. Más temprano que tarde verá como desaparece de los discursos gubernamentales. La diosa austeridad será arrinconada en el viejo armario de los dioses paganos y solo habrá un amo sobre las pistas de baile, el crecimiento keynesiano. Y aunque alguien recuerde que la austeridad también es desarrollo económico, dará igual. Oídos sordos. Cometió la desgracia de salir a la pista de la mano de Berlín y las compañías no solo han de ser buenas, sino también parecerlo.

La situación de extrema liquidez nos llevará a salir del entorno de las cuentas a plazo para buscar productos alternativos, muchos de ellos fuera del balance bancario, como fondos de inversión, deuda corporativa e incluso valores bursátiles. Serán buenos tiempos para el parqué aunque complejos para el inversor. El profesional bancario deberá ser más profesional que nunca, su faceta de asesor pasará a ser dominante. Su carrera profesional dependerá de su capacidad para ajustar correctamente el binomio rentabilidad-riesgo de sus clientes. Nos acercaremos al modelo británico de profesionalidad, en el cual el cliente, es eso, el cliente.

No solo el Estado reestructurará sus costes financieros, lo hará el conjunto del sector privado. Hace apenas unos meses ninguna entidad deseaba refinanciar a una compañía salvo que fuera su muerto y se sintiera capaz de resucitarlo. El objetivo era la financiación de los nuevos proyectos de inversión. Comerse el papel de otra sonaba a indigesto. Esto también cambiará. Hay dinero, mucho y barato y nada hace parado. Obviamente nadie irá a la caza de causas imposibles, pero sí verá como su préstamo, conseguido con sumo esfuerzo hace unos años, pasa a ser plato de primer gusto para el aspirante a hacerse con su cuenta.

Escenas del pasado reciente, ya olvidadas, volverán a estar presentes. El director de la oficina volverá a invitarle a un café. Los activos financieros son interesantes, pero no nos engañemos, solo para una reducida parte de la población. La gran mayoría se sienten incómodos con lo que no pueden ver, y más con aquello que ni sienten ni entienden, con lo cual su camino natural será la búsqueda de lo tangible, lo que se puede palpar, y en este campo solo hay un rey, destronado, pero un rey, el inmueble. Hacia allí irán algunos, los más atrevidos hoy, pero mañana serán legión, créame, y si no, guarde este ejemplar para recriminármelo en el caso de que me equivoque. 

El igual que el agua busca su camino, el dinero también persigue el suyo, y este no es más que la rentabilidad. Hay más de 50.000 millones en cuentas bancarias en Galicia, y un buen porcentaje de ese dinero pronto buscará un destino. Draghi nos conoce bien, bueno, no solo él, y usted y yo, todos nos conocemos bien. Tenemos alma de comerciante con bolsillo de avaro. Siempre buscamos el mejor destino para nuestras monedas. Espere a que pasen dos telediarios y se afiance la creencia de que abandonamos la crisis, los euros saldrán, expulsados de los bancos, a buscar un nuevo hogar, y posiblemente su destino justamente sea ese, un hogar.

Tantas sensaciones le harán creer que es un joven Espartaco que ha salido indemne del circo de los esclavos. Que el futuro pasa por la nueva estirpe superviviente. Los que han sobrevivido a la crisis. Olvídese. Ínfulas de la embriaguez. El mundo no ha cambiado, todo sigue igual, tristemente igual, salvo con una gran diferencia, tendrá dinero barato en el bolsillo. 

Estuvo en nuestras manos crear nuevos vectores de crecimiento, adelgazar la administración, construir mercados más competitivos, rediseñar la estructura territorial, facilitar la inversión privada, consolidar la sociedad civil, liberalizar la actividad económica en determinados sectores, es decir, cambiar el traje, ese ropaje que nos acompaña desde hace más de un siglo, cuando construimos los cimientos de una España estatalista y paternalista. Estuvo en nuestras manos y nunca mejor utilizado el pasado, pues eso será, un viejo sueño. El futuro lo ha empezado a construir la política monetaria, ahora solo toca disfrutarlo, ¿sabremos?

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