Radiografía del desempleo en Galicia

Los municipios gallegos que superan el 15 % de paro tienen tasas que triplican las alemanas y duplican las francesas. Los datos revelan un mayor problema en las areas metropolitanas que en las grandes ciudades


El problema social y económico que más preocupa en la actualidad en nuestro país es el del desempleo. En Galicia y en el conjunto de España padecemos tasas que multiplican por cinco las anotadas en Alemania, más que duplicamos las tasas francesas, e incluso son diez puntos superiores a las del vecino Portugal.

A finales del pasado año la tasa de paro estimado por la Encuesta de Población Activa (EPA) nos situaba en un 24 % (en Alemania era del 5 % y en Portugal del 16 %) siendo en Galicia del 21 %. Es este un porcentaje de desempleo que se obtiene de dividir la población parada estimada por el conjunto de la población activa (ocupados más parados) mayor de 16 años. 

Sucede que con los datos de paro estimado por dicha encuesta no podemos descender a la escala territorial municipal, circunstancia que sí podemos realizar con los datos de parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo. Para el caso de Galicia, que es el que aquí nos interesa analizar a escala municipal, las diferencias en las cifras globales de partida no son significativas: si la encuesta anotaba 263.000 parados estimados en diciembre del pasado año los parados registrados en enero eran 259.000. 

De manera que si calculamos la tasa de paro registrado media para Galicia la diferencia no va a estar en el numerador sino en el dato del denominador. A escala municipal decíamos que no conocemos la cuantía de la población activa, pero sí está disponible la población municipal entre 16 y 65 años. Esta población en edad de trabajar es superior a la población activa ya que incluye, por ejemplo, personas que se ocupan de las labores domésticas o estudiantes en ese tramo de edades. Así, mientras la población activa estimada por la citada encuesta era de 1.264.000 personas en Galicia, la población en edad de trabajar alcanzaba los 1.753.000 habitantes. 

Manejaremos aquí una tasa de paro registrado que es el cociente de los parados inscritos como tales en cada municipio en nuestras oficinas de empleo entre la población en edad de trabajar de dicho municipio. Para el conjunto de Galicia, esa tasa se sitúa en un 14,8 %, dos puntos por debajo de la misma tasa calculada para el conjunto de España, y seis puntos por debajo de la tasa de paro estimado por la EPA. 

Pero aunque descienden los niveles de las cifras, los desequilibrios relativos se mantienen a estos nuevos niveles. Quiere esto decir que un municipio con una tasa de paro registrado, calculada como acabamos de explicar, de más del 17 % tendría un problema de desempleo aún más grave que en la media española; y en un municipio con una tasa de paro registrado entre el 15 % y el 17 % dicho problema superaría en gravedad al de la media de Galicia.

A estos niveles y para esta tasa no debemos olvidar que Alemania se situaría en porcentaje del 4 %, Francia en el 7 % y Portugal en el 11 %. Los municipios gallegos que superen el 15 % tendrían por tanto tasas que triplicarían las alemanas, duplicarían las francesas y estarían muy por encima del paro que sufre la población portuguesa en su conjunto.

En un primer mapa de Galicia, se recoge esta tasa coloreando en rojo los ayuntamientos que superan el nivel medio de paro en España y en naranja los que superan el nivel medio de paro de Galicia. Entre los grandes municipios se sitúan en estas dos categorías Ferrol en la primera y Vigo, Pontevedra y Ourense en la segunda.

La ventaja es que el mapa nos permite observar la distribución espacial y territorial de los casi cien municipios que se incluyen en estas dos categorías más problemáticas. Téngase en cuenta que con una cobertura a los parados registrados de apenas uno de cada dos, los problemas de riesgo de pobreza y de exclusión social serán especialmente graves en las áreas sombreadas en rojo y naranja, en dicho mapa.

Lo más destacado es observar cómo la mayor parte de los municipios de la provincia de Pontevedra quedan incluidos en la situación más grave de desempleo. Una mancha rojo y naranja que recorre desde Vilagarcía hasta en Baixo Miño y desde aquí hasta A Cañiza. También se observa que no sería en los núcleos urbanos de Vigo o Pontevedra donde el problema es mayor, siendo grave, sino en lo que podríamos llamar su área de influencia metropolitana, sus villas dormitorio o de localización de un tejido económico que desborda los límites municipales de las dos ciudades. Sin duda son espacios sociales y laborales que estarían acusando el desmoronamiento de la burbuja inmobiliaria y, al tiempo, las dificultades para compensar sus efectos devastadores por un sector industrial de material de transporte (vehículos y construcción naval) que no encontró aún el dinamismo de otrora.

A una escala territorial mucho más reducida sucede algo de parecida gravedad con Ferrol y los municipios de su entorno. Un problema de desempleo que no tiene pareja gravedad en el área metropolitana de A Coruña o Santiago (con la excepción de Carballo,  Coristanco o A Baña). Dicho lo cual no debemos olvidar que tasas que superen el 12 %, lo que sucede en esas dos ciudades, supone estar por encima de la media de Portugal. Sin embargo, en este caso otras actividades (confección, por ejemplo) sí estarían paliando los efectos del derrumbe inmobiliario y constructor.

En la Galicia interior llama poderosamente la atención la concentración de los mayores niveles de paro registrado en una amplia zona que tiene como epicentro Verín. A lo largo de dieciocho municipios se extiende hasta alcanzar Ribadavia, aunque está especialmente polarizado en el eje Xinzo-Verín. Sería conveniente un análisis más en detalle que aquí no procede, pero sin duda parece necesario un plan específico para dinamizar la actividad económica y proteger a los parados de esta amplia comarca interior.

Lugo, salvo la isla de Negueira de Muñiz, parece ajena a padecer un intenso problema de desempleo. Debemos decir aquí que no es debido a que por el envejecimiento  de su población sus tasas se vean disminuidas. Recordamos que la población para el denominador era la de entre 16 y 65 años. También lo era en Ourense, donde esto no sucedía. La razón de fondo hay que buscarla en la predominancia del sector agrario y del mundo rural en la mayor parte de sus municipios. 

Porque si uno contempla la mancha de ayuntamientos de color gris claro de este primer mapa sobre todo en Lugo, pero también en el resto de las provincias en el interior del país, los problemas menos graves de desempleo se extienden por aquellos municipios menos dinámicos, más agrarios, con menos crecimiento demográfico y (con toda seguridad) con permanente emigración. En un mundo agrario de base familiar no se multiplican los parados, sí los emigrantes. Tendremos ocasión de volver sobre esto al comentar el segundo mapa.

Sucede en estas zonas del país lo contrario a lo que observábamos en el cinturón metropolitano de Vigo y Pontevedra. En dicho cinturón estábamos en presencia de áreas con notable dinamismo demográfico y fuerte presencia de la actividades no agrarias, lo que propiciaba el afloramiento de un intenso riesgo de desempleo. También de intenso riesgo de bolsas de pobreza y exclusión.

En la extensas zonas coloreadas de gris más claro la reducida presencia del desempleo no nos debiera ocultar que quizás el mérito de tal logro esté en un problema no menor a aquél: el envejecimiento, la atonía demográfica, la emigración.

LA MAYOR PÉRDIDA, EN LA PERIFERIA

Sin duda la perspectiva territorial del desempleo a escala municipal que aquí se utiliza debe tener como centro de análisis la situación actual en el año 2015 que se ha comentado a la vista del mapa de Galicia que recoge la que hemos definido como tasa de paro registrado. 

Siendo esta la base fundamental de nuestro diagnóstico, este quedaría incompleto si no lo complementase una perspectiva temporal. Como quiera que la actual crisis económica se prolonga ya desde el año 2008 al 2015 se ha estimado un indicador que recoja la evolución del paro registrado entre ambos años. A comienzos de este ejercicio en Galicia se registraban 259.000 parados mientras que en el 2008 teníamos 161.000. Un sencillo indicador sería manejar el crecimiento porcentual entre ambas fechas. Esos casi cien mil parados más entre ambas fechas suponen un incremento de cerca del 61 %.

Esta cifra será la referencia media que tomemos para clasificar los municipios gallegos en cuatro grandes grupos. Los dos primeros (en rojo y en naranja) serán aquellos en los que el desempleo, independientemente de su nivel inicial, creció con mayor intensidad que en el conjunto del país. Los otros grupos (en dos escalas de gris) serán aquellos en los que el desempleo tuvo un crecimiento menor a la media gallega.

En una primera panorámica, destacar que los dos primeros grupos, los peores, incluyen unos ciento treinta ayuntamientos y los dos segundos, los menos malos, unos ciento ochenta.

En el primer bloque están incluidas todas las grandes ciudades salvo Santiago de Compostela y Ferrol. En el primer caso, la excepción podría imputarse al singular peso del empleo público y en el segundo al hecho de partir ya de un volumen de parados en el año base muy elevado.

Pero salvo en esos dos puntos, el mapa en el que recogemos los cuatro intervalos de crecimiento del desempleo visualiza que estamos ante un desequilibrio especialmente activo en la Galicia más urbana. De nuevo vuelve a observarse que el conjunto de Pontevedra funciona como una macroárea metropolitana de la conurbación urbana Vigo-Pontevedra-Vilagarcía y en todos los municipios que se ven afectados por ese gran eje urbano el crecimiento del desempleo ha sido especialmente intenso. Lo que nos sitúa en lo comentado en la otra parte de este análisis.

Pero ahora emergen algunas novedades, preocupantes, que no afloraban en nuestro análisis  de la situación final en el 2015. Por ejemplo, el área de municipios que rodean a Santiago (Oroso, Teo, Ames, Brión, ?) tienen un comportamiento muy negativo, mientras que el municipio capital no tanto. Lo que nos informaría de cómo la crisis vinculada a la construcción y a lo inmobiliario se estaría sufriendo no tanto en el núcleo más urbano sino en el área que le suministra recursos productivos o en aquellos espacios que estaban absorbiendo el crecimiento de la burbuja residencial e inmobiliaria asociada.

Algo muy semejante sucede ahora con los espacios metropolitanos de Coruña y Ferrol. Desde Carballo a Curtis y desde Curtis a Miño vemos un amplio número  de ayuntamientos donde el desempleo ha crecido por encima de la media de Galicia y que en nuestro anterior mapa no presentaban tasas de paro superiores a la media del país. Quiere esto  decir que si bien han acusado de forma intensa la destrucción de empleo vinculada a la explosión de la burbuja inmobiliaria han podido paliar parcialmente tal impacto negativo con otras actividades. O, en su caso, otras actividades han podido aguantar el impacto de aquella recesión inmobiliaria y constructora por contar con empleos y rentas de actividades dinámicas (la confección sería un buen ejemplo para esta macrocomarca) vinculadas a mercados exteriores.

En la provincia de Lugo se observan procesos semejantes en el entorno de la capital y la zona litoral. Procesos de importante crecimiento de paro registrado vinculado a la crisis inmobiliaria que han sido parcialmente compensados por la estabilidad de otras actividades públicas o privadas. 

En la provincia de Ourense se observa un fenómeno semejante en torno a la capital de la provincia: crecimiento notable del desempleo sin llegar a alcanzar niveles superiores a la media gallega. 

Aunque lo más singular en esta parte del país es lo que sucede con la concentración de municipios coloreados en blanco. Son aquellos en los que el desempleo en vez de aumentar se ha reducido. Ocho de los diez municipios gallegos en esta situación se sitúan en el extremo sur: A Gudiña, Castrelo do Val, Vilar de Barrio, Baltar, Lobios, Entrimo, Verea.

Si recordamos que estamos hablando de una zona donde también el nivel del desempleo registrado era muy elevado, no queda más remedio que concluir con una señal de alarma redoblada. Lejos de suponer una buena noticia esa insólita reducción del desempleo nos sitúa ante una última frontera: la expulsión de desempleo interno hacia la emigración. Una situación extrema de fracaso socioeconómico y falta de horizontes. 

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