Energías renovables en la región del petróleo

Los países de Oriente Medio, liderados por Arabia Saudí, introducen la diversificación energética como alternativa al crudo. Quieren también controlar ese mercado


La región del petróleo, desde donde Arabia Saudí es capaz de influir en los precios mundiales de crudo, apuesta por las energías renovables. También es región de desiertos, una potencial plataforma de paneles solares que convierte esta fuente de energía en una de las más exploradas para inversiones por los países de Oriente Medio. Estrategia o pragmatismo, lo cierto es que las reservas de crudo y gas son limitadas y las demandas domésticas aumentan imparablemente, así que la necesidad de diversificar las fuentes de energía se ha convertido en una prioridad en la región, especialmente, entre los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

La monarquía saudí ya ha anunciado que su objetivo es también liderar el mercado de la energía, esta vez, limpia, y pretende producir 54 gigavatios de energías renovables en el 2030, una tercera parte de lo que consume anualmente.

Aunque, de momento, es Jordania -el país más escaso en recursos naturales de la zona que tiene que importar el 96 % de su energía- el que está a la cabeza de las renovables, como reconocía el directivo Nasser Ali Khasawneh en el Congreso Telegraph de Oriente Medio que estos días abordaba en Londres cómo reavivar las economías en el mundo árabe. Sin ir más lejos, las 6.000 mezquitas que hay en el país se abastecerán de energía a través de paneles solares a finales del 2015, según un plan anunciado esta semana por el Ejecutivo jordano.

El matiz sociocultural de la apuesta económica no es más que el símbolo de la rápida implementación de las renovables en el país. A 80 kilómetros al norte de Amán, la capital, un campo de aerogeneradores ayuda además a reducir la dependencia de Jordania que pretende igualar la producción solar y eólica con previsión de alcanzar el 10 % de toda la energía consumida en el 2020.

Abu Dhabi, de Emiratos Árabes Unidos, cuenta desde el 2012 con la primera planta termosolar de Oriente Medio y la mayor en el mundo, que fue construida con la participación de la empresa internacional española, Abengoa. Aunque es otro gran poseedor de reservas de petróleo, se ha visto obligado a buscar alternativas ante la creciente demanda interna y, actualmente, lidera sobre todo la innovación de nuevas tecnologías por los megaproyectos que desarrolla, y que están motivando a empresas internacionales a experimentar. Su ambición pasa por haber proyectado la primera ciudad sostenible en el desierto cuyo abastecimiento será solo de energía renovable, con cero emisiones de CS2 y que no generará residuos. La ciudad de Masdar comenzó a construirse en el 2006 y está previsto que la primera fase termine este año.

EAU es también el escenario de foros mundiales, como el World Future Energy Summit que se celebró en enero. Su apuesta no se queda solo en su territorio sino que el Fondo Emiratí para el Desarrollo y la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena), que intenta fomentar este tipo de energía, acaba de aprobar un crédito de 57 millones de dólares para financiar proyectos en Cuba, Argentina, Irán, Mauritania, entre otros.

Kuwait y Omán son otros países que examinan políticas públicas para impulsar nuevas fuentes energéticas, al calor de los proyectos de EAU. En el resto de la región, la volatilidad geopolítica y los conflictos imposibilitan este tipo de apuestas, públicas o privadas, que, sin embargo, siguen experimentando un crecimiento en el conjunto de la zona.

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