Mi teléfono móvil lo construyo yo

La telefonía modular debuta de la mano de Google. Su Proyecto Ara trabaja para que los usuarios puedan crear su propio «smartphone» a través de diferentes piezas intercambiables


Estar en la montaña y sustituir la innecesaria -por ausencia de red- conexión a Internet por una potente cámara de fotos. Recibir un correo urgente, conectar un teclado y escribir a velocidad de rayo la respuesta. Estallar sin querer la pantalla contra el suelo y cambiarla en un par de días sin necesidad de bucear en indescifrables webs chinas en busca de un recambio adecuado. Como en un Tetris, se identifican las piezas. Se escogen los colores. Se elige el tamaño. Y se encajan a través de imanes electropermanentes en un esqueleto gris que sirve de base. Es el teléfono modular, la actualización hecha smartphone que defiende Google a través de su Proyecto Ara. ¿Su intención? Que los usuarios creen, a su gusto o antojo, su propio dispositivo.

Antes de que el gigante estadounidense acaparase toda la atención, otras compañías ya habían hecho incursiones en el terreno de la telefonía modular. La israelí Modu fue la que llegó más lejos en el año 2008, pero se enquistó cuando la experiencia de uso comenzó a resentirse. Su criatura era un terminal con corazón intercambiable que podía revestirse con diferentes piezas, según las necesidades del usuario. Ni su tecnología puntera ni su atrayente diseño fueron suficientes para capitanear entonces la revolución modular que promete ahora el equipo de Tecnologías Avanzadas y Proyectos que Google tuvo la puntería de conservar cuando vendió Motorola, dueño inicial de la idea, a Lenovo.

Pantalla, auricular, altavoz, bluetooth, wi fi y 3G, cámara, puerto USB, batería, NFC para pagos y domótica, procesador y teclado se disponen, como módulos independientes y siguiendo las reglas de juego de un rompecabezas, sobre la mesa. Su destino: un armazón de aluminio con circuitos impresos. La fórmula no solo permitirá personalizar los móviles, sino también retirar las partes deterioradas y, con suerte, sustituirlas por recambios nuevos, reforzando la avanzadilla que abandera la batalla contra la obsolescencia programada.

A pesar de que Google confirmó que su teléfono de quita y pon llegaría al mercado a principios de este año, de momento solo ha asomado las orejas su versión beta, un prototipo presentado en el último CES que responde al nombre de Spiral 2. El pionero modular cuenta con una pantalla con resolución de 1280 x 720 píxeles, una cámara con sensor de 5 megapíxeles, procesadores de Marvell y NVIDIA, conectividad wi fi y Bluetooth, módem 3G y puerto USB. Se completa, además, con sensores de luz y proximidad. Lo más espectacular, sin embargo, es su aspecto exterior, reconvertible hasta once veces. Las piezas, cual Lego, se mueven, acoplándose en la endo espina dorsal del terminal y en sus endo costados. Además, estos dispositivos a la carta contarán con baterías desarrolladas por SolidEnergy, cuya durabilidad y capacidad duplican a las de las de ion de litio que alimentan los dispositivos actuales. El Spiral 2, que costará aproximadamente entre 40 y 80 euros, desembarcará en las tiendas -prometen ahora los de Mountain View- en el segundo trimestre del 2015. Pero antes, deberá superar un concienzudo período de prueba en Puerto Rico.

Los reclamos que han llevado a Google a iniciar su expansión desde Puerto Rico son contundentes: cuenta con una población hiperconectada -el 50 % de la población cuenta con dispositivos inteligentes, más del 75 % accede a Internet a través de aparatos móviles, un 80 %, perfil activo en Facebook y la cobertura llega a un 100 % de los puertorriqueños-, muy acostumbrada, además, a probar los productos varias veces antes de comprarlos. La implantación será curiosa: siguiendo el modelo de los llamativos foodtrucks -negocios gastronómicos itinerantes-. Una furgoneta, equipada con los susodichos, recorrerá el país, estacionando en aparcamientos, zonas céntricas de las grandes ciudades, centros comerciales e incluso playas, y ofrecerá a todos los interesados una base y diferentes módulos para construir caprichosamente un terminal personalizado.

Hay más sorpresas en esta campaña inaugural. Reafirmando la apuesta por la individualización, que en la escala de prioridades de Google prevalece sobre la pugna contra la obsolescencia, las camionetas promocionales contarán con una impresora 3D para elaborar carcasas particulares en diferentes colores, imágenes estampadas o patrones artísticos concretos. Al margen de cuestiones estéticas, los californianos barajan crear un módulo específico de privacidad que, al despegarlo del aparato, lo vacíe de datos personales. Así, los usuarios podrán usar estos terminales cuando los necesiten y agenciarse otro nuevo, sin perder sus datos, si lo extravían o se lo roban. Muchos móviles en uno. Un móvil en muchos.

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