Sin miedo a quedarse solo en casa

La Cruz Roja desarrolla un servicio que permite detectar la inactividad en el hogar de personas mayores o enfermos crónicos

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Redacción / La Voz

Parece ciencia ficción, pero está a punto de convertirse en una realidad para 450 gallegos en un plazo de dos años. El hogar inteligente ya está aquí. Capaz de analizar las rutinas del residente y de detectar a través de sensores la inactividad sospechosa en casos de enfermos crónicos y de población envejecida que vive sola, entre otros muchos servicios. Se trata del servicio de teleasistencia avanzada que ya desarrolla la Cruz Roja en Galicia y que se introducirá en un programa europeo que está en fase de desarrollo, en el que participan también el Sergas y la Consellería de Política Social, entre otras instituciones y empresas tecnológicas.

«La teleasistencia avanzada ya se utiliza en diferentes hogares de Galicia. Se instalan sensores en los domicilios que analizan la rutina del usuario, además de la inactividad. También cuenta con una plataforma a la que el cuidador tiene acceso. El proyecto europeo en el que participamos y que desarrolla también esta tecnología todavía está en una fase inicial. Se llama Activage y quiere dar más pasos. Digamos que es más ambicioso y más completo», explican desde la Cruz Roja, tras indicar que pretenden aplicar también programas de estimulación cognitiva del usuario y técnicas de prevención del aislamiento social, entre otros servicios.

«Permite más independencia a las personas que viven solas y a los familiares y cuidadores, porque pueden controlar desde su casa si el usuario se levantó de noche, si fue a la nevera, si desayunó o no», explica Carmen Colmeiro, presidenta de la Cruz Roja en Galicia, sobre los servicios que se aplican ya a través de la teleasistencia avanzada. Y añade que la institución a la que representa lleva 26 años introduciendo tecnología en los hogares para dar mayor seguridad a los usuarios en situaciones de emergencia.

Botón de alarma

Si el grado de dependencia del usuario es menor, hay otros programas que permiten alertar a la Cruz Roja. El más popular es el botón de alarma que algunos llevan colgado al cuello, y otros en forma de pulsera. Si el usuario se encuentra en cualquier situación de peligro, con solo pulsar el botón se activa la alarma en la central de la Cruz Roja: «El dispositivo cuenta con un manos libres que se acciona y desde la central de emergencias se escucha la conversación. El usuario puede explicar lo que le ha sucedido y, en caso de que no pueda hablar, se movilizan los recursos necesarios», aclara Loreto Somoza, responsable del programa de personas mayores de Cruz Roja Galicia.

Si se quiere extender este nivel de seguridad fuera de casa, se puede instalar una aplicación en el móvil con un localizador. Con solo pulsar un botón se ponen en contacto con la central de emergencias y se pueden movilizar los recursos necesarios. Para los enfermos de alzhéimer existe un programa específico que crea un mapa de seguridad de las zonas por donde acostumbra a moverse: «Si sale de este radio, salta una alarma y se avisa a los familiares», aclara Somoza, que explica también que hay programas específicos para las víctimas de violencia machista e incluso de videoatención y alfabetización digital. En total son casi 11.500 personas mayores y con enfermedades crónicas las que utilizan estos servicios de la Cruz Roja en Galicia.

«Me ducho y duermo con el botón de alarma»

S. A.
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Joaquina Solórzano es usuaria del servicio de teleasistencia y está tan contenta que desde que entra por la puerta de su casa se cuelga el botón de alarma al cuello y ya no se lo quita hasta que vuelve a salir

Joaquina Solórzano tiene muy claro que la teleasistencia es el invento del siglo XXI para las personas mayores que viven solas. Da igual si el usuario potencial se encuentra estupendamente a partir de los 65, porque permite estar conectado con una central de emergencias los 365 días del año y las 24 horas del día. Esta vecina de A Coruña nunca tuvo necesidad de disponer de este servicio en su casa hasta que un par de episodios cambiaron por completo su perspectiva: «Me caí dos veces en casa. Una de ellas la cabeza no me funcionó, me quedé como en shock y fue en ese momento cuando me di cuenta de que necesitaba este tipo de programas», asegura esta mujer, que también reconoce que tiene problemas de corazón y de pulmón. Es usuaria del servicio de teleasistencia y está tan contenta que desde que entra por la puerta de su casa se cuelga el botón de alarma al cuello y ya no se lo quita hasta que vuelve a salir a la calle: «Me ducho y duermo con el botón de alarma. A veces me despierto con la marca en el pecho, pero no me importa. Además, nunca se activó sin que yo lo pulsara», explica.

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