«Uno viene aquí buscando calidad de vida»

El 80 % de las ayudas de la Xunta al retorno son para personas de Venezuela, de donde llegaron casi 1.500 inmigrantes en el primer semestre del 2017. Muchos han creado negocios y generan empleo

Luimar González junto a su madre
Luimar González junto a su madre

redacción / la voz

Su acento es lo único que suena según lo previsto. Todo lo demás, las historias que componen sus voces, rompe pronósticos y niega tópicos. El caribeño indolente y ocioso no existe. Al menos no en el caso de Miguel Leal, ni en el de Francisco Ferro, ni en el de María Pedreira y su hija Luimar González. Los cuatro ponen nombre y relato a las miles de personas que en los últimos años han dejado Venezuela y, cuando ya no les tocaba, se han reinventado y han vuelto a crear una vida a miles de kilómetros de allí. Casi 1.500 venezolanos se instalaron en Galicia durante el primer semestre del 2017. Las cifras siguen creciendo, constata la Federación de Venezolanos en Galicia. Muchos están abriendo aquí sus negocios y creando puestos de trabajo. La mayor parte, dice Miguel Leal, vienen con sus hijos pequeños y «eso es bueno para España», un país con una grave crisis demográfica. «Mis hijos tienen 8 y 10 años y ya son galleguitos», dice.

Sus padres eran gallegos, pero Miguel nació en Venezuela. Allí estudió y se hizo veterinario. Trabajaba como director de una empresa farmacéutica y se codeaba con políticos y grandes empresarios en su país. Moviéndose en ese mundo, no tardó en adivinar el deterioro que se avecinaba, así que decidió trasladarse con su familia a Pontevedra, donde tenía casa. «Mi familia me criticó, y mis amigos también. Decían que ponía en peligro el futuro de mis hijos al renunciar a lo que tenía allí». Llegó a Galicia con su mujer y sus dos hijos. Venían para un año, pero llevan tres y medio. Miguel consiguió trabajo en una empresa farmacéutica y quería que su padre regresase también. Su familia siempre se había dedicado a la hostelería en Venezuela, así que buscó un restaurante que se traspasase con la idea de convencerlo. No pudo ser: su padre murió allí. Sin embargo, el proyecto siguió adelante. Por segunda vez, Miguel Leal decidió dar un vuelco a su vida, dejó su trabajo y abrió el restaurante. Le va bien. Tiene seis empleados, uno de ellos una mujer venezolana. Ahora, a sus 50 años, ha emprendido un nuevo proyecto relacionado con su profesión de veterinario.

Miguel Leal
Miguel Leal

Está contento, pero vive «con el corazón preocupado por lo que está pasando allí». «Cantidad de gente está huyendo, cada vez veo más venezolanos en España. En mi restaurante hemos hecho reencuentros de compañeros del instituto que hemos venido para aquí y somos catorce o quince», dice. La mayoría de los venezolanos que vienen hacia Europa, recalca, tienen estudios universitarios. Aun así, no es fácil. «En España es más duro hacer negocios que en Venezuela. Nosotros hemos estado trabajando con las uñas y nos hemos beneficiado de ayudas que da la Xunta, pero no hay espacio para mirar atrás, para rendirse». La Administración autonómica gallega destinó 1,8 millones de euros en el 2017 a apoyar tanto a residentes en Venezuela como a retornados, y prevé aumentar hasta los 2,2 millones de euros esa ayuda en este 2018.

Igual que en el caso de Miguel Leal, la hostelería fue el sector elegido por María Pedreira y su hija Luimar González cuando llegaron a Galicia hace dos años. Ni María, de 66 años y nacida en Abegondo, ni su hija, de 39 y nacida ya en Venezuela, habían tenido contacto con la restauración -María y su marido eran profesores universitarios, su hija, licenciada en Publicidad-, pero cuando los dos matrimonios y los dos hijos de Luimar llegaron a A Coruña buscaron un negocio en el que pudiesen trabajar todos, y el restaurante fue su elección. Lo llamaron Maracaibo. «Tenemos propiedades y un hermano allá, pero yo me vine huyendo. Tengo una hija con una discapacidad y allí no conseguía medicación. Aquí mi hija está teniendo todos los apoyos escolares que necesita», explica Luimar. ¿Morriña? «Uno extraña sus raíces, pero lo que uno extraña ya no existe, y lo que tenemos aquí no lo vamos a tener allá. Estoy muy agradecida a España», dice.

Francisco Ferro hizo el camino entre Venezuela y Galicia en varias ocasiones. No solo de visita. «Mi padre es de Lugo y mi madre de Pontevedra. Nací en Venezuela y cuando tenía año y medio nos vinimos por la situación de allí. En el 68 volvimos, me casé allí y mis hijas nacieron allá: una es médica y la otra se dedica a la hostelería. Las dos trabajan aquí, y desde el 2008 estoy yendo y viniendo». Francisco tiene en Venezuela una empresa de distribución de productos de alimentación con doce empleados, pero ahora está a punto de abrir una franquicia italiana de pizzas con otros tres socios, hijos también de emigrantes. «En un mes o mes y medio debería estar arrancando». Aunque vive en Salceda de Caselas, han elegido Santiago para este nuevo proyecto: «Hay muchos peregrinos y mucha vida universitaria y desde el punto de vista comercial nos llamó la atención. Lo hacemos todo con capital de allá». En Venezuela, dice, «es fácil hacer dinero. La dinámica económica es muy agresiva, pero se ha deteriorado en la parte social y de seguridad». En España, en cambio, «la situación económica es muy exigente, pero uno viene aquí buscando calidad de vida».

Francisco Ferro
Francisco Ferro

La difícil situación que se vive en Venezuela tiene sus efectos más allá del país sudamericano. El 80 % de las ayudas extraordinarias al retorno que concede la Xunta fueron para gallegos llegados de Venezuela. Precisamente para dar respuesta a la crisis social en esa nación, la Xunta actúa, por un lado, en el propio país, atendiendo las necesidades de los gallegos que viven allí (ahora mismo está gestionando la distribución de 150.000 euros en medicamentos). Por otro lado, quienes deciden volver pueden optar a una serie de ayudas y al asesoramiento de la Federación de Venezolanos, con la que colabora también la Secretaría Xeral da Emigración.

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