Galicia necesita más plazas en residencias

Más de 1.500 personas están en lista de espera para entrar en un centro, la patronal afirma que hay un déficit de 6.000 plazas y la Organización Mundial de la Salud recomienda 12.000 más

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¿En la pública o en la privada? Pasamos un día en una residencia de carácter público y en otra de carácter privado. Galicia cuenta con 104 instalaciones de este tipo. Un negocio al que si suma el de la atención a domicilio, genera más de 700 millones de euros en la comunidad.

Santiago / la voz

Una buena atención a las personas mayores pasa por tener los recursos suficientes. Y las residencias son uno de los más importantes, pese a que los expertos abogan por que el usuario permanezca el mayor tiempo posible en su hogar y en su entorno habitual. En ocasiones no es posible, y es entonces cuando se necesitan estos centros. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda cinco plazas por cada cien mayores de 65 años. En la comunidad gallega hay 665.939 personas de este intervalo de edad. El 5 % son más de 33.000. Pero las plazas residenciales rondan las 21.000, lo que deja las cuentas claras: harían falta otras 12.000 para alcanzar esta ratio.

Estas son las estimaciones que hace la Organización Mundial de la Salud en cuanto a recursos asistenciales, sin tener en cuenta la realidad de cada región. No obstante, la patronal gallega de las residencias privadas tiene sus propios cálculos. Según este colectivo se precisarían como mínimo entre 5.000 y 6.000 plazas, es decir, en torno a la mitad.

Lo cierto es que se han dado pasos muy importantes. La red pública, que incluye centros de titularidad autonómica y plazas concertadas, se sitúa en estos momentos en 7.769. Es un 40 % más que hace nueve años, cuando según los datos de Política Social había 5.778. A esta cifra hay que sumar la oferta privada, de unos trece mil puestos, y la municipal, que ronda el medio millar, lo que deja un saldo de 21.000, con una ratio de unas tres plazas por cada cien personas de 65 o más años.

A la cola en oferta

La comunidad gallega no está ni de lejos a la cabeza en cuanto a oferta de plazas residenciales. Al contrario. El último informe del Ministerio de Sanidad, tomando los datos de principios del año 2016, refleja que siete comunidades sí cumplen con las recomendaciones de la OMS. Son Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Asturias, Aragón, Navarra y La Rioja. Tampoco están lejos de alcanzarlas Madrid, Cantabria y Cataluña. La peor proporción, por su parte, es la de Murcia, en donde no se llega ni a 1,5 plazas residenciales por cada cien mayores.

La mayor partida de la dependencia se dirige precisamente a este capítulo: abonar las plazas concertadas de las residencias y las públicas, incluyendo en este caso todos sus costes asociados. Más de 160 millones en el año 2018, en concreto 160,1. Sostener el sistema de residencias supone el 43,4 % de todos los recursos que se destinan a la dependencia.

Y eso que muchos mayores no tienen otro remedio que recurrir a un centro privado cuando pueden costearlo, cosa que no es sencilla teniendo en cuenta que los gallegos cobran una pensión media de las más bajas de España (895 euros). Porque la diferencia entre conseguir una habitación en una residencia pública o concertada o tener que optar por el sistema privado es considerable. La media de participación del usuario en un centro público es de quinientos euros mensuales, mientras que en el caso de los privados, aunque hay gran variedad, el coste oscila entre los 1.200 y los 1.950, y muchas superan los 2.000 euros.

El precio para el usuario en una residencia pública no es fijo, sino que depende de sus ingresos. Hasta el cambio de la ley de dependencia del año 2012 no podía superar el 75 % de la pensión. Tras estas modificaciones se incluyeron también los ingresos patrimoniales en este cálculo, pero se mantiene más o menos entre el 70 y el 80 % de la pensión.

¿Cuánto cuesta?

Esto es lo que aportan los usuarios, pero el coste es más elevado. Una plaza supone para las arcas públicas 31.663 euros al año -incluyendo el gasto en personal-, mientras que en un centro concertado se queda en los 18.250, teniendo en cuenta el precio de la licitación.

Pese a que la OMS recomienda cinco plazas por cada cien mayores, el hecho de que existan otros recursos -centros de día, ayuda a domicilio o prestación económica vinculada al servicio- hace que los servicios residenciales no sean a los que más se recurre en Galicia. Utilizan esta prestación doce de cada cien beneficiarios de la ley de dependencia, algo menos que la media estatal -13,34-. El principal recurso es la ayuda a domicilio, que tienen el 32 % de los usuarios. Le siguen las prestaciones económicas por cuidados familiares, la ayuda que concede la Xunta a aquellas personas que cuidan a sus propios parientes, con un 21 %. Cantabria es la comunidad en donde más mayores optan por la atención residencial, duplicando la media estatal.

La lista de espera para acceder a una plaza pública es elevada y variable, pero suele oscilar entre las 1.500 y las 2.000 personas en la comunidad gallega. A Coruña y Pontevedra copan prácticamente tres cuartas partes de esta lista.

Mil plazas más

En cuanto a los próximos proyectos de la red pública de residencias, Núñez Feijoo anunció ya hace un año que se construirían siete nuevas en las siete ciudades dentro del plan Como na Casa, lo que supondrá 900 plazas a mayores. A estos siete centros se suman otras 160 plazas que se pondrán en marcha este año en las localidades de Arteixo, Vilardevós, Baleira, Redondela y Paradela.

Un modelo sociosanitario

Está bien tener una atención residencial completa en cuanto a número, pero ¿qué debe ofrecer a nivel asistencial un centro de este tipo? Dar un enfoque integral al usuario. Y para ello uno de los indicadores fundamentales es el perfil del residente, ya que no es igual el tipo de cuidados y atención que precisa un residente válido que el de uno asistido y con alto grado de dependencia.

En general, la residencia camina hacia un servicio completo en el que, por ejemplo, solo sea necesario acudir al hospital en caso de patología aguda y se haga un seguimiento del mayor en lo que se refiere tanto a sus enfermedades como a su tratamiento farmacológico. De hecho, muchos de los centros residenciales ya cuentan con servicios médicos. No solo atender al mayor en sus enfermedades, sino también tratar de mantener su autonomía personal, y de ahí la presencia de terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas y otro tipo de profesionales. En definitiva, la finalidad de estos centros es lograr que la persona pueda seguir realizando actividades básicas de la vida diaria: instrumentales, de ocio y tiempo libre, y fomentar la estimulación cognitiva y funcional del mayor.

Animación social

La otra pata de estos servicios es mantener el vínculo con el entorno familiar y social. No solo para mantener la autonomía de los residentes, sino también para impedir su aislamiento. De ahí que entre las medidas de todo recurso residencial figure organizar actividades dentro y fuera del centro, tanto lúdicas como creativas, de relación intergeneracional y de interacción con el entorno con salidas y excursiones.

Ferrol, en cabeza

Las urbes gallegas emergen ya entre las más envejecidas de Europa. Ferrol consta para la UE como la 27.ª de 946 donde mayor presencia de personas de más de 65 años hay entre sus residentes, al ser el 25,7 % del total. Ourense es la 72.ª del continente en ese índice; A Coruña, 94.ª; Lugo, 221.ª; Vigo, 242.ª; Santiago, 254.ª y Pontevedra, 380.ª.

«Lo importante es no pararse: si te paras, te deprimes y estás acabada»

fINA ULLOA

El 12 % de los ourensanos superan los 80 años. Muchos cuidan a otros de su edad o incluso mayores

Aurelia Fernández, con 83 años, es la cuidadora; y Dora, de 86, la que se deja cuidar. Aunque, todo hay que decirlo, no más de lo justo. «Yo no me estoy quieta; a pesar de los problemas, voy haciendo todo lo que puedo por mi cuenta», aclara la mayor de estas dos hermanas ourensanas acostumbradas a afrontar la vida con espíritu optimista. Dora dice que no quiere dar más trabajo del necesario. Sabe lo que es cuidar a otros. Se encargó de una tía y de su propio hermano con discapacidad. Aunque Aurelia volvió para ayudarla -pidió el traslado desde las misiones en Perú para poder ejercer más cerca de casa y echar una mano a su hermana- cuando también enfermó su madre y la tarea se volvió imposible para una sola persona.

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