«Ás veces axúdame o fillo»

Cuatro jubilados gallegos que cobran entre 500 y 1.900 euros al mes relatan cómo afrontan el día a día con sus pensiones

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carballo / la voz

Mercedes Cotelo Pazos vive en As Brañas da Viña, en el municipio coruñés de A Laracha. Tiene 84 años, es pensionista, cobra «uns 500 euros», pero sigue trabajando en el campo, donde tiene una leira de tres ferrados en la que cultiva maíz. En febrero, aún tiene en pie las medas de octubre. Solo le ayuda la hermana. Viuda, convive con su hijo, que trabaja fuera. Entre los dos van saliendo adelante. Gana poco, gasta poco. «Pago os mínimos da luz, do teléfono e da auga». Teléfono móvil no tiene. La mayor parte se va en comida, sobre 200 euros, tal vez un poco más o un poco menos. Siempre hay gastos imprevistos, y otros que trata de evitar: «Un tractor cheo de esterco para a leira custa 80 euros, e antes 70. Todo sobe. Por iso teño unhas ovellas, para que o fagan elas e así aforrar», explica. En el día a día se va ayudando mutuamente con su hijo: «Ás veces axúdolle eu, e ás veces el a min». Pese a su avanzada edad y a lo mucho que trabaja, su salud es buena. «Xa hai máis de dous anos que non vou ao médico», por eso el gasto en medicamentos es nulo.

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«Si tuviera que vivir de la pensión iba aviado. Su subida es una burla»

José Piñeiro Bernárdez cobra 700 euros de pensión

carlos punzón

«Podría mentir sobre mi edad y decir que tengo 75 años, pero la verdad es que ya cumplí 92, pero sigo sin dar entrada a la vejez», asegura un vitalista José Piñeiro, presidente de la Confederación Gallega de Organizaciones de Mayores. Su última ocupación fue la de distribuidor de coches Seat y Volkswagen en Vigo, y de aquel trabajo le ha quedado solo una pensión mensual de 700 euros. «He cotizado para varias vidas, pero es lo que me ha quedado en medio de estas pírricas pensiones que nos hemos dado», lamenta. Los ahorros de toda una vida son los que le dan aire, «sino no me daría ni para cuatro meses al año», dice. «Si tuviera que vivir de la pensión iba aviado. El ahorro y la economía es la mejor lotería», recomienda. A su alrededor asegura ver entre los jubilados «mucha necesidad, pero es que en Galicia los salarios han sido siempre bajos y ahora lo que hay son pensiones bajas también». Pese a ensalzar el trabajo de toda la clase política, Piñeiro Bernárdez no oculta su frustración ante la mínima evolución de las pensiones. «Los dos euros al año que me han subido son como una patada en la boca, una burla», dice. Prefiere no revelar cuánto dedica a ayudar a familiares y amigos. Y de su pensión, la mayoría se va en comer. La casa, la sanidad y telefonía, reducidos casi a cero. «Los 900.000 pensionistas somos un animal dormido, que no nos despierten», avisa.

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«Necesito una persoa e non podo»

Mercedes Cachaza, profesora jubilada, cobra entre 1.800 y 1.900 euros

f. fernández

Mercedes Cachaza se jubiló tras ejercer durante cuarenta años como profesora en nada menos que diez colegios. El último, el Virxe da Cela de Monfero, cercano a su Paderne natal, en la comarca coruñesa de Betanzos. Sin marido, hijos o nietos que atender, a sus 69 primaveras apenas tiene tiempo para aburrirse. Se dedica casi en cuerpo y alma a mantener vivo el Consello de Maiores de Paderne y a gestionar un aula de la UNED Sénior, que celebran sus actividades en su hogar. «Estou centrada na xente maior, si, adícolle tempo, coñecemento, se non fora polo Consello seguirían toda a vida co sacho na man...». Mercedes es alta, fuerte, pelo corto y gris... Luce casi perfecta, aunque la espalda ya no le permite hacer grandes alardes físicos, «xa non podo coller pesos», reconoce. Cobra una pensión que sitúa entre los 1.800 y los 1.900 euros, que califica de «aceptable», pero «insuficiente». Sobre todo cuando piensa en que quizá pronto precise ayuda. «Necesitaría ter unha persoa comigo, pero non a podo ter», resume. De momento se va defendiendo. Cuando no sea así... «Deus poñerá no meu camiño a alguén. Son moi créente, axudei e axudo a moita xente e confío en non ter problemas no futuro».

Su pensión es buena. De momento, y mientras pueda, se permite el lujo de pasar dos meses de vacaciones en verano en Gerona, donde trabajó hace muchos años como profesora.

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«Lo veo negro para los más jóvenes»

Eliseo Cives, de Santiago, cobra una pensión de 1.200 euros

f. fernández

Eliseo Cives García trabajó durante 35 años para la Xunta, que le proporcionaron una pensión de funcionario de 1.200 euros. Ahora tiene 72 y sigue viviendo en Milladoiro, en Santiago, donde dirige el club de jubilados. Allí está rodeado de colegas que no tienen la fortuna de cobrar cada mes una prestación como la suya. «Aquí hay de todo, pero sobre todo muchas mujeres que ingresan unos 700 euros por su pensión de viudedad», explica.

El dinero se le va, como a todo el mundo, en la cesta de la compra, entre 200 y 400 euros al mes; en el recibo de la luz -90, «es lo que hay, tengo todo eléctrico-; en «vestir, en calzado, en salir un poco...», relata. Algo puede ahorrar, pero no mucho. Eliseo vive con su esposa, que todavía está trabajando, y que aporta otro sueldo a la familia. Falta les hace, dice Cives, porque, además, el matrimonio tiene una hija, que a punto está de darles un nieto, a la que tienen que ayudar económicamente porque es mileurista y con trabajos precarios.

Eliseo vivió la llegada de la jubilación con optimismo, pero cree que las futuras generaciones no la recibirán del mismo modo. Porque «vais a cobrar, pero pensad que de la pensión no vais a poder vivir», advierte. Y añade: «Lo veo negro para los más jóvenes, porque tienen unos trabajos por los que cotizan poco. Les quedará o seguir trabajando o hacerse con un buen plan de pensiones».

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