Mar lanza un salvavidas de 3 millones para rescatar al palangre de superficie

En noviembre, la facturación de la flota estaba un 70 % por debajo del 2019


redacción / la voz

El año de la pandemia ha sido horrible para todo el mundo. Para el sector pesquero, por supuesto que también. Pero no para todos los segmentos de flota ha sido igual de desastroso. Hay algunos a los que los infortunios les han llegado por todos los lados. Y el palangre de superficie asegura ser uno de ellos. Ya venía seriamente tocado de tiempo atrás. Las políticas antifinning que encarecieron los costes de explotación; el boicot que a instancias de los conservacionistas hicieron las navieras al negarse a transportar aletas; la caída en picado del precio de la quenlla; las trabas al comercio introducidas por la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) al marrajo, primero, y la interpretación restrictiva hasta el extremo de Transición Ecológica, que dejó bloqueadas en bodegas y frigoríficos cientos de toneladas de la especie, han dejado sin respiración a los barcos casi tanto como leer en voz alta este párrafo enumerando los infortunios de este subsector.

 Pues bien, no suficiente con todo eso, al palangre de superficie aún se le torcieron más las cosas con la pandemia. Es flota de larga distancia, que faena en alta mar de todos los océanos, por lo que ha sufrido en carnes el problema de relevar a las tripulaciones con unos puertos y aeropuertos cerrados a cal y canto. Pero ese mismo candado que no dejaba mover marineros también fue barrera para sus productos -básicamente pez espada, marraxo y quenlla-, muy demandados en Italia -donde el coronavirus atacó también con fuerza-, Grecia y Croacia, así como en países asiáticos, que reclaman las aletas.

En el mercado interior, las cosas tampoco andan demasiado bien. Con el canal horeca (hostelería, restauración y cátering) a medio gas, la gran distribución no es capaz de absorber toda su producción. Y ya la puntilla fue la suspensión de los viajes del Inserso, pues el cazón en adobo que dispensa la hostelería de Levante y Andalucía no es más que la tintorera (quenlla) que capturan los palangreros gallegos en los distintos océanos del mundo.

Salvavidas en el naufragio

En mitad de naufragio ha venido bien el salvavidas lanzó la Consellería do Mar, con una orden de ayudas por importe de tres millones de euros para paliar unas pérdidas que la propia Administración cifró entre febrero y agosto en un 13 % en relación a la media de los últimos tres años.

Un cálculo que, a decir de los afectados, es demasiado conservador. En el sentido de que se queda corto. La disminución de ingresos por las fuertes caídas de precio tanto en el pez espada como en la quenlla -el marraxo es caso aparte porque ya no se puede vender- y lo que tienen almacenado por falta de demanda está un 75 % por debajo del año pasado, asegura Sergio López, gerente de la Organización de Productores de Lugo (OPP-7).

En el caso concreto de la flota adscrita a su entidad, de los algo más de cuatro millones de kilos capturados había vendido sobre dos millones, «un 47 % de todo o capturado». Es decir, que tenía la mitad del producto casi sin vender. Y eso ya no solo supone una falta de ingresos, sino que acarrea un aumento de gastos, como por ejemplo los de almacenamiento del pescado congelado.

A esa falta de ingresos hay que sumar las pérdidas derivadas de la caída de los precios de sus principales especies. A finales de junio ese descenso acumulaba una media del 23 % en la quenlla y un 13 % en el caso del pez espada, especies ambas que para la flota lucense suponen el 90 % de las capturas y el 90 % de los ingresos, apunta López.

En ese naufragio económico ver el salvavidas de la Xunta con las ayudas de mínimos -el plazo de solicitud ya está cerrado- fue acogido con satisfacción por las organizaciones pesqueras afectadas. Es más la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi) señaló que ha constituido «un apoyo esencial para que la industria pesquera siga luchando por continuar siendo una pieza básica en la economía gallega».

Según fuentes de la Xunta, a la convocatoria se presentaron algo más de cien solicitudes, de las que 96 fueron resultas de manera positiva y suman casi 2,4 millones. «Están xa tramitadas e estase a realizar o pago», dicen.

Ribera se negó a legalizar más de cien toneladas de marrajo que había almacenadas

Por bajar, también ha caído el precio del marrajo. Un 35 %, en los cálculos que aporta Sergio López. Pero lo peor es que no hay solución de salida para el que ya estaba capturado. Según explica el gerente de la OPP-7, Transición Ecológica se negó a legalizar las alrededor de un centenar de toneladas de la especie que estaban almacenadas en frigoríficos o en las bodegas de los barcos a la espera del certificado CITES para poder ponerlas a la venta.

Durante un tiempo, los profesionales confiaban en poderles dar salida, pero en la última reunión que mantuvieron Transición Ecológica, Comercio y Agricultura y Pesca al sector ya le quedó claro que no se iba a expedir esa autorización que permitiría comercializar aquellas toneladas que se habían pescado por encima de las 350 para las que el departamento de Ribera había dado el visto bueno a principios de año. Solo expidió el certificado CITES para medio centenar de toneladas a mayores, las justas para cubrir el bloqueo que hubo entre noviembre del 2019, cuando se incorporó el marrajo al apéndice dos de la lista de CITES, y el momento en que Transición Ecológica emitió el certificado global para 350 toneladas del Atlántico norte.

Nuevo certificado

Esa limitación fue otro mazazo para el sector, pues la flota contaba con poder capturar las 900 que, según las disposiciones de la ICCAT (Convención para la Conservación del Atún Atlántico), podían pescar. De hecho, la pesquería estuvo abierta todo el año y el sector pudo alijar todo ejemplar de marrajo que llegaba muerto al barco. Otra cosa es que Ribera se lo dejase vender. Este año sí podrá darle salida, en cuanto se expida un nuevo certificado CITES.

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