«As pezas de peixe que antes che salvaban o día, agora son un problema»

El cierre hostelero desvía a la plaza las piezas que acaparaban los restaurantes


LA VOZ

Acostumbrado como está a batirse con temporales y galernas, el sector pesquero «vai capeando» esta pandemia, apunta Antonio Otero, patrón mayor de O Grove. Vale que no es asintomático en esto del coronavirus, pero, al menos, no ha tenido que ingresar en la uci, como la hostelería. Se resiente, eso sí, de la convalecencia de la restauración, que ha demostrado ser un importante respirador para la pesca.

En cómputo general, atendiendo a las estadísticas oficiales, la facturación de las lonjas gallegas en lo que va de año ha caído un 14 % con respecto al mismo período del año anterior. Pero buceando en las tripas del sector se aprecia que no todos los órganos han sufrido los mismos síntomas.

Por lo pronto, el marisqueo, aunque ha sufrido mermas en la cotización de algunas especies, ha ido encontrando salida para sus productos, cuando al principio de la pandemia, en el primer estado de alarma, clamaba por el cese de actividad dado que no tenía a quién vender. Incluso se han dado fenómenos extraños, como que la almeja babosa alcanzase en Ribeira su récord histórico de cotización, superando los 72 euros.

«O comportamento é moi dispar; non ten nada que ver unha zona de España con outra, nin unha zona con outra, nin unhas especies con outras; a altura respira de unha maneira e a baixura de outra». Así dibuja Basilio Otero, presidente de la Federación Nacional de Cofradías de España, el cuadro clínico del sector pesquero ante el coronavirus. La gran distribución y los hogares han absorbido parte de lo que han dejado de comprar los restaurantes, algunos cerrados y otros trabajando a medio gas. Pero no han sido capaces de deglutirlo todo. Y, en especial, aquellas piezas espectaculares que se disputaban los restaurantes. Se venden, por supuesto, pero no al precio que pagaban los hosteleros, sino mucho menor.

Del escaparate al mostrador

Ahí está la explicación a que «unha robaliza de seis quilos e medio se vendese a doce euros cando antes a menos de 25 ou 30 non iban», apunta Basilio Otero, también patrón mayor de Burela. Y lo mismo como el rodaballo espectacular que Antonio Otero vio salir para la pescadería a precio de saldo. O las merluzas del pincho que algunos restaurantes exhibían incluso en el escaparate para atraer a los clientes enseñan dientes en los mostradores de las pescaderías a precio, no de pescadilla, pero casi.

Así es como «as pezas que antes che salvaban o día son agora un problema, porque as vas vender, pero non ao precio que deberían», expone el presidente de las cofradías españolas, que asegura que ese es un «denominador común en toda España». Pone por ejemplo el de la gamba roja del Mediterráneo que llegó a venderse a 8 euros, cuando lo habitual es que ronde entre los 80 y los 100 euros.

Los precios de los demás productos tampoco eran para tirar cohetes. Ni en el pescado, ni en el marisco. Hasta la semana pasada, el precio medio de especies como el lumbrigante o la almeja fina estaban en lonja un 20 % por debajo de los de noviembre pasado. En torno a un 15 % había caído el precio de la nécora. La navaja, peor, hasta un 50 %, especialmente resentida de las restricciones hosteleras.

Pero eso ha empezado a cambiar. Si las compras para acopiar para Navidades la semana pasada no habían comenzado, esta han hecho repuntar los precios. «Subíu todo, o camarón, a ameixa... ata a centola, que se estaba aguantando nos 20 euros o quilo e subeu a 22,50 e a 25», dice Antonio Otero.

Eso sí, en el sector están convencidos de que, aún sin cenas de empresa ni de actos sociales, el marisco no faltará en los hogares por Navidad.

Los precios enfilan ya el camino de la escalada navideña en los mercados gallegos

El precio del pescado y el marisco en Vigo está iniciando su escalada navideña. En la plaza de abastos de Bouzas, barrio histórico y marinero por excelencia, la pescantina Isa Santos asegura que «la centolla de la ría empezamos a venderla al inicio de la campaña entre 15 y 17 euros el kilo y ahora ya está a 27. Cada día va subiendo». Por esa razón no es de extrañar que algunos aprovechen que todavía las cifras no se han disparado para adquirir marisco a buen precio. Es el caso de Gloria Bernaldo de Quirós que, mientras compra camarones a 42 euros el kilo, señala: «A veces congelo, y a veces compro para comer en el día».

De temporada

El mostrador del negocio A Troula, que es propiedad de Patricia González exhibía un surtido amplio de mariscos de temporada, como nécoras de la ría, a 23,50 euros, el mismo precio al que vendía la cigala. La empleada precisaba que «lo que menos varía de precio es el langostino que se mantiene más estable. Está a 14,50 euros». La zamburiña rondaba los 13,50 euros, la almeja rubia, 18 y el berberecho alcanzaba los 12,50 euros el kilo.

Una compradora habitual, Belén Estévez, cuenta: «Ha venido mi hijo de Oporto y me ha pedido pescado. Yo prefiero no congelar y comprar en el día, también en las fiestas. Debe ser porque no sé descongelar bien». No es eso. Es que «algo de calidad siempre se pierde», sostienen las pescaderas.

En el mercado, la merluza de pincho se pagaba a 11,90, el sanmartiño a 12 euros y la lubina de la ría, a 15,50.

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