Claves para poder fiarse de un «ojo» electrónico

La flota de Orpagu servirá de modelo europeo para estandarizar los datos de observadores electrónicos


redacción

Ahora que se está hablando de meter cámaras a bordo de los barcos, circuitos cerrados de televisión para controlar que en el parque de pesca se cumplen a rajatabla las disposiciones sobre descartes; hay flotas, como pueden ser los grandes atuneros o los palangreros de superficie, que saben de sobra qué es trabajar bajo estrecha vigilancia más allá de tener una caja azul que revele datos de posición, velocidad y rumbo. Llevar observadores a bordo es un imperativo para estas embarcaciones desde hace muchos años. La ICCAT (Comisión para la Conservación del Atún Atlántico) los exige en un 5 % de la flota, un porcentaje que la CIAT (Comisión Interamericana del Atún Tropical) quiere elevar al 20 %.

Solo que los ojos de ese Gran Hermano solían ser de los convencionales, con su retina, córnea y humor vítreo. Los de un observador científico que atendía, tomaba notas, medía y recomendaba, pero que también comía, dormía y convivía con la tripulación, generando unos gastos y ocupando espacio.

El observador electrónico vigila, pero no come y apenas ocupa espacio, al menos no el de un tripulante. Y sin embargo no se acaban de fiar del todo de ese «ojo» electrónico. Para ello, habría que definir qué y para dónde debe mirar, desde dónde tiene que hacerlo y, sobre todo, que no desvele secretos íntimos de las tripulaciones. Es decir, que la monitorización electrónica necesita de algunos ajustes y, sobre todo, de una norma o estándar que permita certificar su metodología en cuanto a condiciones de instalación, privacidad, así como en la recogida y análisis de datos, algo que todavía no existe.

Por puro interés, pero ha sido la Organización de Palangreros Guardeses (Orpagu) la que se ha arremangado y puesto manos a la obra para que el observador electrónico pueda ganar en fiabilidad, y entonces poder meter las manos en el fuego por ese ojo sin retina, córnea, ni humor vítreo.

«Misión» Obepal

Para estandarizar la metodología de monitorización pesquera electrónica, Orpagu ha lanzado la misión Obepal, que pretende conseguir la misma transparencia, sostenibilidad y eficiencia en la actividad pesquera que proporcionaba el observador científico, pero cambiándolo por un ojo electrónico, asegurando su correcto funcionamiento en remoto.

Con la colaboración del Instituto de Investigacións Mariñas (IIM) CSIC, la Fundación Biodiversidad y el Ministerio para la Transición Ecológica, el proyecto de Orpagu, que arrancó el día 1, dedicará un año a analizar el estado actual de la observación electrónica, en cuanto a metodologías de captación de datos, análisis y presentación de resultados tal y como los requiere cada organización regional de pesca (ORP), pues no todas piden lo mismo. Una vez concluido el proyecto, se divulgarán los resultados tanto de la norma desarrollada como de los procesos de certificación, para que cualquier entidad interesada pueda acogerse a ella.

Los palangreros guardeses cuentan también con la Asociación Española de Normalización, para el estudio y elaboración de una norma UNE que especifique todos los requisitos para que la observación electrónica sea certificable y ofrezca, por tanto, fiabilidad en sus datos a cualquier organismo o Administración con competencias en esta materia.

Los trabajos incluirán visitas a barcos con cámaras a bordo y entrevistas a las partes interesadas y a la Administración. Después, UNE constituirá un grupo de trabajo que reunirá a las partes para elaborar borradores de la Norma de Observación Electrónica, que serán validados por los interesados hasta su aprobación final.

Por último, se propondrán los criterios que darán lugar a una metodología de certificación tras consultar a los implicados.

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