Gardacostas expulsa a los pescadores recreativos de varios puertos de la Costa da Morte

La Xunta busca atajar los desmanes de furtivos que se hacen pasar por aficionados, recordando el veto de pescar en las dársenas


Carballo / La Voz

Agentes del Servizo de Gardacostas de Galicia expulsaron en la tarde del martes a numerosos pescadores recreativos que se encontraban en los puertos de Malpica, Corme, Barizo y Laxe. Fueron, según testigos presenciales, cuatro personas a bordo de una furgoneta blanca las que, al llegar a las dársenas, de buenas formas y sin levantar actas sancionadoras, instaron a los aficionados a abandonar los recintos, para dar cumplimiento así a la prohibición de esta práctica deportiva fijada por Portos de Galicia. De ese veto ya dan cuenta los paneles informativos colocados en su día en todas las instalaciones de su competencia, aunque algunos de ellos han sido arrancados de forma intencionada, como es el caso de Muxía.

Se trata de una medida que pretende dar cerrojazo a los últimos desmanes por parte de pescadores furtivos, quienes, bajo el disfraz de aficionados a la pesca, sobre todo del calamar de potera, se han dedicado a sacar decenas de kilos de cefalópodo y de otras especies para su posterior comercialización fraudulenta en restaurantes tanto de la Costa da Morte como de fuera, algunos de ellos de gran prestigio.

Nasas plegables

La Xunta, a través de la Consellería de Mar y de Portos de Galicia, pretende erradicar otra práctica ilegal cada vez más extendida, no solo en la Costa da Morte, sino en otras dársenas como la de Sada: la de echar nasas plegables en los puertos para recoger y, posteriormente, vender todo aquello que caiga en la red: nécoras, camarones, centollas, pulpos... Sobre todo ahora que la campaña navideña empieza a coger fuerza.

El método empleado por los furtivos es sencillo. Mientras apoyan la caña a la espera de que caiga algún calamar, echan al puerto varias nasas plegables que cuestan entre 5,50 y 16 euros la unidad. En el caso de Malpica, se arrojan al mar entre 5 y 8, según las jornadas. Para no dejar rastro de que están en el fondo, los furtivos no colocan ningún tipo de señalización o boya sobre su ubicación. Para izarlas al muelle utilizan un artilugio denominado garampín. Incluso algunos atan varias nasas con una misma cuerda para facilitar los trabajos de recogida. En el caso del puerto de Malpica, la actuación de los agentes del Servizo de Gardacostas del martes tiene como objetivo, además, acabar de una vez por todas con la comercialización de las poteras artesanales en la zona del martillo, una actividad que en los últimos cuatro años ha sido motivo de trifulcas, broncas, peleas y denuncias cruzadas ante la Guardia Civil.

Incumplimientos

De forma paralela, son muchos los aficionados a la pesca y furtivos sin ningún tipo de escrúpulos, los que, en lo que a la comarca de Bergantiños se refiere, se saltan a la torera los cierres perimetrales y el toque de queda decretados por la Xunta, para disfrutar de su afición favorita y, en el peor de los escenarios, para trabajar de forma ilegal, con nasas plegables incluidas, como sucedió este pasado fin de semana en varios puertos de Bergantiños.

Así lo confirmaron testigos presenciales y profesionales del mar. «Chegan ás dúas ou tres da madrugada e póñense a pescar con total tranquilidade, como se o toque de queda non fose con eles», apuntó un profesional del mar de Malpica. Y añadió: «É algo moi habitual, sobre todo as fins de semana».

Otros aficionados no son tan madrugadores y llegan a las dársenas a las cuatro y media o cinco de la madrugada, cuando el toque de queda está fijado en estos momentos entre las 23.00 ya las 6.00 horas.

Multas que oscilan entre los 60 y los 60.000 euros

La Ley de Pesca de Galicia, que entró en vigor el 16 de diciembre del 2008, incluye un cuadro de sanciones para los aficionados que incumplen la normativa. Las sanciones administrativas se reparten en tres categorías. Las infracciones leves conllevan multas de entre 60 y 300 euros. Las denominadas graves, de entre 301 y 6.000 euros. Y las muy graves, que incluyen múltiples reincidencias, suponen multas de entre 6.001 y 60.000 euros.

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