Quintana señala a Bruselas que es hora de anteponer los pescadores a los peces

Cree que el «brexit» y la pandemia obligan a poner foco en el aspecto social


redacción / la voz

La mayoría de los stocks, al menos los que explota la flota gallega, están ya en rendimiento máximo sostenible (RMS), ese estado biológico en cuyo nombre tantos sacrificios han hecho los pescadores a lo largo de estos años. Por eso ahora, en medio de una pandemia como la que no se recuerda, es el momento de poner en equilibrio la sostenibilidad pero calzándola por las patas económica y social. Fue la advertencia que ayer lanzó la conselleira de Mar, Rosa Quintana, a la directora general de Asuntos Marítimos y Pesca (DG-Mare), Charlina Vitcheva, con la que mantuvo un encuentro telemático. Una cumbre virtual en la que la representante de la pesca gallega calificó de «netamente negativa» para España, así sin ambages, la propuesta de posibilidades de captura para el 2021 puesta encima de la mesa por la Comisión Europea, al tiempo que abogó por una mayor flexibilidad, necesaria para adaptarse a medidas como la obligación de desembarque. Y eso que todavía no se han dado a conocer las sugerencias para zonas como Gran Sol y aguas francesas, pendientes como se está de las negociaciones entre la UE y el Reino Unido.

Caladeros de altura aparte, que se planteen reducciones de capturas para el Cantábrico Noroeste que alcanzan el 13 % para la merluza o el rape o del 11 % para el rapante después de todos los esfuerzos que lleva acumulados la flota es algo que no puede aceptarse. Especialmente cuando en otras zonas, como es el Mediterráneo, se ha postergado al 2025 un rendimiento máximo sostenible que al resto de los caladeros se les exige para ya.

TAC «fronterizos»

Quintana, además, trasladó a Vitcheva que en el caso de las especies pelágicas, con fuerte presencia en el caladero nacional, habría que tener en cuenta la necesidad de separar los totales admisibles de captura (TAC) «de acordo coa súa situación biolóxica así como aplicar fórmulas de flexibilidade en canto ao solapamento de stocks en determinadas zonas», como son el caso del jurel y de la anchoa.

Y si en un momento como el actual, con la incertidumbre derivada del brexit y sin valorar la herida económica del covid en el sector, es preciso aflojar un poco con las exigencias biológicas -sin poner en riesgo el aspecto medioambiental de la pesca-, también lo es conseguir que el futuro Fondo Europeo Marítimo y de Pesca dé apoyo efectivo a la cadena mar-industria. Para ello, cree la conselleira de Mar, es preciso simplificarlo y adecuarlo para favorecer la renovación de la flota para permitir la incorporación de nuevos profesionales al sector, así como extender su cobertura al ámbito del marisqueo a pie, para que este sea potencial beneficiario de apoyos directos e individualizados.

Quintana no ocultó a Vitcheva su inquietud por lo que viene tras el brexit y confesó su temor a que se deje caer la pesca en la recta final de las negociaciones. La Xunta insiste en que el acceso a las aguas británicas por parte de los buques comunitarios tiene que ser condición ineludible para que los productos británicos entren sin excesivas cargas arancelarias en el mercado europeo. Y aunque la directora de Asuntos Marítimos tranquilizó a Quintana explicando que Barnier «es consciente de o sector pesqueiro non pode ser moneda de cambio», la conselleira sugirió que no estaría de más aprobar «plans de continxencia», así como permitir «que se beneficien da reserva de axuste do brexit as rexións prexudicadas pola concentración de máis buques nas súas zonas de traballo» por la expulsión de aguas británicas de la flota.

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