Eurodiputados jalean a Barnier para que no deje caer la pesca en el «brexit»

Exigen dar su opinión sobre el pacto antes de que lo apruebe la Eurocámara


redacción / la voz

El tiempo se agota y la pesca no sabe nada de lo que le depara el epílogo en la novela del brexit. Apenas conoce algo más allá de que está siendo uno de los escollos que están lastrando el acuerdo de divorcio entre el Reino Unido y la Unión Europea, al lado de la búsqueda de una garantía de competencia justa y de una fórmula para la futura de resolución de conflictos. Y esa falta de transparencia no es de recibo, a juicio de los eurodiputados de la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo, que ayer jalearon en masa a Michel Barnier para que no deje caer al sector en el último tramo de las negociaciones del brexit, al tiempo que reclamaron voz en el proceso.

No aceptan la excusa de lo apurado del tiempo. Que la Comisión de Pesca de la Eurocámara debe examinar en qué lugar queda el sector extractivo y la acuicultura en el acuerdo que regirá las relaciones de la UE con los británicos antes de que llegue al pleno del Parlamento Europeo es algo a lo que no están dispuestos a renunciar. Lo exigieron los diputados españoles, como Clara Aguilera, Gabriel Mato e Izaskun Bilbao, como los gallegos Nicolás González y Millán Mon. Pero también lo exigieron irlandeses, holandeses, italianos y el mismo presidente del comité, el francés Pierre Karleskind.

Las intervenciones fueron todas en la misma línea. Además de subrayar el gran trabajo realizado por Barnier, jalearon al galo para que no deje caer la pesca ahora al final, después de todo el esfuerzo realizado. No puede quedar como moneda de cambio y cualquier acuerdo de salida tiene que vincular el acceso a las aguas británicas con la entrada en el mercado comunitario de los productos británicos. «No puede hacerse un acuerdo de pesca paralelo», espetó el popular Gabriel Mato.

Y eso es lo que quieren comprobar los diputados de la Comisión de Pesca en cuanto tengan en sus manos la propuesta final, por más que puedan ser 2.000 folios y que se esté ya fuera de plazo: revisar en qué situación queda la pesca.

González Casares se negará a cualquier acuerdo que no garantice «un acceso no limitado, duradero y una gestión compartida de los recursos». Para Millán Mon, el acceso mutuo a las aguas y a los mercados debe ser una «condición sine qua non» para darle el visto bueno antes de que llegue al pleno del Parlamento Europeo.

En español y en holandés

Ese vínculo imprescindible se defendió con énfasis en lengua castellana, pero también en holandés, otro de los grandes afectados en caso de que la falta de acuerdo expulse a la flota comunitaria de las aguas británicas. Por eso en holandés también jalonaron a Barnier diputados como Bert-Jan Ruissen, que advirtió que «si no se respetan las cuotas no debería haber acuerdo comercial», o Peter van Dalen, que recordó que no se pueden separar los pactos de pesca y el comercial o Annie Schreijer-Pierik, que llamó a no esperar a última hora para unir fuerzas. Por último, la voz francesa de Karleskind, para cerrar con grandilocuencia recordando que el que ahora se negocia es «el acuerdo de pesca más ambicioso y más amplio que ha negociado la UE en su historia».

Los españoles reprochan a la Comisión su olvido de las cofradías en las ayudas al sector

 

 

Si a la hora de reclamar decir esta boca es mía en el epílogo del brexit hubo consenso, eurodiputados también se pusieron de acuerdo para tirar de las orejas a la Comisión Europea por su falta de destreza a la hora de dar respuesta al sector pesquero y acuícola en la crisis del coronavirus. Cierto que en marzo estuvo ágil cuando se aprestó a anunciar a bombo y plantillo las acciones de rescate al sector, pero estas han dejado al margen a muchos eslabones de la cadena pesquera, parte de que las exigencias y requisitos impuestos cierran el acceso a muchos afectados. Además, esas ayudas quizás sirvieron para frenar la primera ola, pero ya se está en una segunda y puede que una tercera y habría que subir «un peldaño más», reprochó el presidente de la Comisión de Pesca.

Mato habló de «respuesta decepcionante», Millán Mon criticó el exceso de cargas burocráticas y la incertidumbre por el cierre del canal horeca, González Casares de «pasividad pasmosa» de la Comisión e Izaskun Bilbao de la sacudida que será la «no Navidad». Todos espolearon a la Comisión y reprocharon que hayan olvidado a la comercialización y, sobre todo, las cofradías de pescadores, figura apegada a la idiosincrasia española que ha quedado ninguneada en unas ayudas que solo reconocen a las organizaciones de productores (OPP).

Desde la Comisión pasaron la pelota a los Estados miembros que son los que deben ejecutar el abanico de acciones a su disposición.

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