La frase, de 55 sociedades científicas que representan a más de 170.000 sanitarios, dirigida a los gobernantes de nuestro país y a la política en general, podría valer para cualquier sector productivo.

En la pesca, las estrategias sobre el medio marino siempre se tiñeron de azul, pero la demagogia y la política «verde de escaparate» se apoderan de nosotros. Por ahí van las últimas estrategias de la UE, con el apoyo y presión de muchas oenegés y ministerios de «intransición ecológica» que minimizan las competencias pesqueras bajo argumentos «científicos» no siempre verdaderos ni infalibles. Apelan a la supuesta sostenibilidad, mantra de políticas pesqueras que no es real ni completa si no es social y económica, es decir, indefendible sin empresas ni trabajadores.

Un ejemplo, el marrajo y la flota de palangre de superficie. Dos problemas en uno, el más actual por un conflicto interministerial entre Miteco y Pesca, ya que se permite capturarlo pero se prohíbe comercializarlo. Otro, anterior, explica por qué se ha llegado esta situación. En 2017 el ICCAT realiza la última evaluación sobre el marrajo para gestionarlo en el Atlántico Norte. Resultó un desastre porque ni el IEO fue capaz de enviar a los principales expertos mundiales de tiburones, ni se tuvieron en cuenta los datos de España, principal flota y con los mejores datos de observadores científicos a bordo.

A partir de ahí, presiones medioambientalistas han llevado a que en el 2019 México, con una estrategia política para dañar a la flota europea, proponga incluir al marrajo en CITES como especie en peligro de extinción. Sin apoyo del comité científico de la FAO ni de la Secretaría de CITES, lo apoya nuestra EU verde, y así estamos… Para 2020 ICCAT propone medidas de gestión y un tope de capturas de 940 toneladas, pero Transición Ecológica considera que no debe autorizar más de 350 para su comercio. Castigan al sector mientras Pesca dice no tener argumentos jurídicos para cerrar la pesquería porque se cumplen todas las directrices de ICCAT, pero lo que se captura de forma legal, no se puede comercializar. Es decir, las empresas pesqueras cumplen las normas, pero no se les permite vender. Hacia la ruina, viento en popa…

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«Mandan, pero no saben»