Empresas y científicos desarrollan eólica marina a prueba de mejillones

Estos bivalvos y otros organismos como falsos percebes y algas ponen en peligro los cables que transportan la electricidad a tierra


redacción / la voz

Ni activistas ni pescadores, la gran amenaza que se cierne sobre el futuro de la energía eólica es un pequeño bivalvo que hace las delicias de los gallegos: el mejillón.

Este molusco que coloniza las bateas de las Rías Baixas es el peor enemigo al que se enfrenta la industria eólica. El sector aspira a cubrir la mitad de las necesidades de electricidad de Europa a medio plazo. Eso sí, para conseguirlo deberán encontrar una fórmula para evitar que los tendidos de cable de las plataformas que sostienen los aerogeneradores se conviertan en zonas de cultivo de mejillones.

Esta especie suele adherirse a las paredes flotantes junto a otro tipo de organismos como las algas o falsos percebes. Su acumulación puede poner en riesgo la integridad de la estructura por el peso añadido y la corrosión que provoca en los cables que transportan la electricidad desde alta mar a tierra.

Para evitar que los mejillones tomen las plataformas, se requieren muchas horas de mantenimiento y eso supone un gasto extraordinario para las empresas. Por eso 17 empresas y centros de desarrollo de tecnología de nueve países, incluido España, han elegido las instalaciones de la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocán), para probar en condiciones reales nuevos compuestos plásticos y sustancias químicas que ataquen ese problema de raíz, informa Efe.

Materiales antiadherentes

El objetivo es evitar la corrosión del material sumergido y las incrustaciones de organismos vivos. «La idea es invertir en tecnología para tratar de hacer realidad la aplicación comercial de la energía eólica flotante en el corto plazo», explica el director de Innovación de Plocán, Ayoze Castro, quien coordina el proyecto. Probarán durante 14 meses la durabilidad de 74 compuestos diferentes, algunos de ellos todavía sometidos a secreto industrial. Solo algunos permanecerán un año bajo el agua para estudiar su eficacia.

«La eólica flotante va a estar a muchos kilómetros de la costa. Si los materiales que utilizamos se corroen rápidamente y necesitan mantenimiento constante, los costes de mantener esos parques serían altísimos. Hoy por hoy, insostenibles», alega Castro.

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